Convencen noveles actores al público con su puesta en escena de La casa de Bernarda Alba
Óscar Ricardo Muñoz Cano
De la mano de la actriz Ada Mendiola en el papel de Poncia la criada, y bajo el yugo de Bernarda Alba interpretada por Karem Rebolledo, las hijas de ésta: Adela, Martirio, Angustias, Amelia y Magdalena entendieron que el honor está supeditado a la reputación y la imagen que se tenga como familia ante la gente en la obra La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca.
Presentada la noche del jueves como primera obra de la cartelera Acá Teatro en el Centro Cultural Domingo Soler, los alumnos de la primera generación del Estudio Teatro Acapulco (ETA) lograron convencer a los más de cien asistentes a la función, quienes dieron cuenta en tres actos de la represión social, económica y psicológica que aún permea en nuestra sociedad.
Luego de que Angustias (Eleazin Pastenes) atrajera un pretendiente, más por su dinero que por su belleza, se desata entre sus hermanas una lucha interna por tratar de salir del yugo de su madre, quien ha impuesto un luto por años tras la muerte de su segundo esposo.
No obstante, Adela (Lizbeht Ramos), la más joven de las hermanas, busca una rebelión tras enamorarse del pretendiente de su hermana, Pepe el Romano, quien si bien no aparece físicamente en la obra sirve como pretexto para un trágico desenlace: la madre al verse engañada y humillada por la rebeldía de su hija dispara contra Pepe. Adela cree que lo ha matado pero no es así. No obstante, sale corriendo y luego se encierra para suicidarse. Suicidio que quedará oculto en la casa por órdenes de Bernarda Alba.
El escenario lo comparten sus hermanas Martirio (Paola Vianey), chica fea y pesimista que en secreto también amó al propio Pepe el Romano; Magdalena (Nancy Silvana) víctima de la desesperanza; Amelia (Talina Villaseñor), también víctima del miedo hacia su madre, así como otra criada (Liliana Donají).
Mención aparte las apariciones especiales de Elsa López en el papel de Prudencia, vecina de la familia, y de Érick Barragán, quien interpretó a la abuela María Josefa.
Con vestuarios justos y sobrios, y efectos contados, la obra –una de las tres escritas por Lorca en un ambiente rural–, pintó con sus diálogos, algunos poco claros en voz de los actores, una sociedad de principios del siglo pasado reaccionaria, autoritaria, asfixiante física y moralmente que bien aún tienen cabida en algunos lugares de nuestro país.
La casa de Bernarda Alba, que como dato no contó con un director designado y sólo con las colaboraciones de los maestros de la ETA, se estará presentando en el teatro del Centro Cultural Domingo Soler todos los jueves de marzo como parte de la programación Acá Teatro, que coordina la Dirección Municipal de Cultura.




