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“Ya hay gentecita”, dicen prestadores de servicios turísticos en las playas del Acapulco Diamante

Salvador Serna

“Hay gentecita, más de lo acostumbrado en un fin de semana normal. Es más parecido a un fin de semana largo, pero lo fuerte, fuerte, comienza el jueves”, dijo don Luis, mesero de playa Revolcadero respecto a la afluencia de visitantes en este periodo vacacional.
“Esto se va a llenar, ahorita estamos trabajando tranquilos pero el próximo fin de semana no nos vamos a dar abasto”, aseguró.
En la zona de condominios de lujo se observó poca gente. La mayoría de los camastros estaban vacíos. Solamente había 12 ocupados por una familia de capitalinos, que portaban ropa de playa y accesorios de lujo.
En esa zona no había presencia de comercio ambulante. Tampoco en la franja de playa del hotel Fairmont Princess. Los vendedores de tostadas, quesadillas, ceviche y gafas oscuras no estaban.
“Aun no llegan”, advirtió Carlos Medina, prestador de servicios de motos acuáticas, “pero ya estarán por aquí el jueves temprano. Como todos los años, nos invadirán cuatro días seguidos, cuando ya estén las playas a reventar de turistas. Ahorita hay gentecita como si fuera un fin de semana normal. Espérese para el jueves, aquí no cabra ni un alfiler pues vienen por toda la lana”.
En la playa del Pierre Marqués caminaba una mujer vendiendo quesadillas; sonriendo contestó que sus colegas “andan por ahí. Las mas muchas en Puerto Marqués, Papagayo y Caleta”.
Frente al hotel Princess, tres turistas en una aquamoto brincaban las olas de casi tres metros y buscaban subirse a las crestas; tomaron una ola y lograron meterse en el tubo que forma antes de reventar, aprovecharon la fuerza de la resaca para acercarse a la orilla sin percatarse de la contraola que volteó la moto acuática con sus tres ocupantes. Los hombres emergieron del agua, al parecer ilesos, subieron nuevamente al aparato y continuaron su recorrido.
Las condiciones en que se encuentra la playa Revolcadero en la zona del Acapulco Diamante, no pasan desapercibidas para los turistas nacionales que se hospedan en el hotel Fairmont Princess y los condominios de lujo y gran lujo de la zona.
Fugas de aguas residuales, un muelle a medio terminar, excremento de caballos y franjas de playa privatizadas de forma unilateral por algunos administradores de condominios forman parte del panorama general de esta zona que fue concebida por sus primeros desarrolladores inmobiliarios, para emular el estilo de vida de Miami, Florida.
“Se clavaron estos palos de madera y plástico en la arena para evitar que los arrendadores de cuatrimotos provoquen accidentes con las personas que están caminando o acostados en la playa. Se presentaron varios casos el año pasado. Por esa razón también se puso la cuerda. Aquí no pueden entrar las cuatrimotos” dijo un guardia de seguridad privada que custodia el área de playa concesionada al condominio Marena.
Del mismo modo, otros cuatro edificios tienen cercadas sus áreas limítrofes con la franja de arena, ocupando una gran extensión de hasta 15 metros de largo, a tan solo cinco metros de la orilla del mar.
“Sigue el derrame de aguas residuales de algunos condominios, especialmente por la noche. La autoridad competente pues no supervisa a esas horas” señaló un mesero de la cooperativa 13 Estrellas de playa Revolcadero.
Desde la franja de playa del hotel Fairmont Pierre Marqués hasta la franja de playa del hotel Mayan Palace (antes Vidafel), una docena de caballerangos pasan trotando con los equinos, tratando de llamar la atención de los turistas con la esperanza de la contratación del servicio de paseo a caballo. Media hora por 300 pesos. Pocos turistas se animan.
El problema es que los caballos defecan por donde caminan. Si el caballerango no se percata de ello, el excremento queda a la intemperie o el agua del mar se lo lleva. Algunos niños, tapan el excremento con arena y se alejan haciendo muecas y gestos producto del mal olor.
“Sí recogemos el excremento, traemos bolsas, pero a veces no nos damos cuenta porque los turistas se alejan demasiado y cuando regresan con el caballo, pues esta ya viene vaciado” dijo don Fortino, caballerango con más de 10 años de experiencia.
Finalmente, el muelle a medio terminar, se yergue como un monumento metálico a la incertidumbre, provocando interrogantes en algunos turistas:
“Como que esta muy grande, ¿no? Ya tiene como un año que no lo pueden terminar. Me tocó presenciar hace unos meses algunas discusiones entre los obreros y gente que trabaja en la playa. Si desde un principio esta obra se gestó en la polémica y controversia, pues lo mejor hubiera sido actuar con serenidad y sabiduría. Mejor no construir algo que sólo ha provocado conflictos sociales” señalo Luis Roberto Pizarro.

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