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Crea la compañía de danza Lux Boreal una atmósfera intimista de arte y tecnología

Ante más de 150 espectadores interpretan el espectáculo QR Move, en la Gran Galería del Centro Cultural Acapulco

Óscar Ricardo Muñoz Cano

Con música de vanguardia que buscó sumir al espectador en una atmósfera intimista, teniendo a la citara como guía en unas piezas y en otras tan solo sonidos incidentales, los bailarines de la Compañía de Danza Contemporánea Lux Boreal interpretaron QR Move, (trabajo conocido también como Decodificador de almas) la noche del sábado en la Gran Galería del Centro Cultural Acapulco, y ante más de 150 personas que se dieron cita para ver un espectáculo poco tradicional.
Desde su primera pieza, QrMove 1, y con la ayuda de tecnología sencilla como lámparas de fresnel y proyecciones cenitales de varias imágenes, la esencia del espectáculo circuló sobre la idea de que estamos inmersos en distintos universos sistemáticamente construidos entre el arte y la tecnología.
Victoria Reyes, Raúl Navarro, Ángel Arámbula, Octavio Dagnino, Henry Torres, Sergio U. Vázquez y Matthew Armstrong dieron a la primera pieza, creada por Briseida López, la fuerza y la cadencia para trasmitir el mensaje de que estamos atados a una especie de barras móviles, aunque buscamos siempre un hilo liberador.
De ello dan cuenta las imágenes de cuadros y puntos proyectadas sobre los movimientos, al principio caóticos y después armónicos, de los jóvenes bailarines oriundos en su mayoría de Tijuana y con varios años de experiencia no sólo en la compañía sino dentro de las artes escénicas.
En un segundo QR, Henry Torres en un solo nos adentró a sus pensamientos más íntimos de la mano de una voz creada por computadora, voz femenina de nombre Amanda, quien desde el principio nos explica que “un?código QR, quick response code o código de respuesta rápida, es un módulo útil para almacenar información en una?matriz de puntos?o un?código de barras?bidimensional”.
La voz de Amanda pareciera ser ajena al bailarín pero al final nos damos cuenta de que es una proyección del mismo en la búsqueda de este otro mundo nuevo, digital, donde la sincronización entre el artista y las imágenes, en este caso proyectadas sobre el piso, fueron perfectas logrando cierta uniformidad satisfactoria pero engañosa.
Ya como tercer espectáculo, tercer QR, la danza versó sobre la uniformidad y el hecho de que estamos etiquetados con códigos establecidos que marcan nuestro sentido de pertenencia, convirtiéndonos en normas.

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