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Ofrece el cantante de flamenco Miguel Poveda un homenaje a los gitanos en Bellas Artes

*Interpreta a dúo con Joan Manuel Serrat Aquellas pequeñas cosas

Yanireth Israde / Agencia Reforma

Ciudad de México

Saludó Miguel Poveda con un canto dulce, solemne en un traje negro, y dijo adiós bailando, blanco esta vez el atuendo, desparpajado de modos.
El cantaor de flamenco, un hechicero en escena, encandiló pronto al público del Palacio de Bellas Artes con un juego de seducción: desabotonaba el traje, se desbordaba la voz.
“¡Bien, mi niño!”, gritaban las mujeres mayores; “¡Guapo!”, adulaban las jóvenes; “¡Olé, olé!”, coreaban otros sin distingo de edad ni género.
Los primeros alaridos comenzaron cuando salió Joan Manuel Serrat, coterráneo de Poveda, para cantar con él Aquellas pequeñas cosas. Para entonces el catalán, de 41 años, ya había interpretado Para la libertad, el poema de Miguel Hernández, y Amor de mis entrañas, de Federico García Lorca.
“Mi corazón late de manera distinta”, confesó Poveda sobre su estancia en el recinto de mármol, “porque aquí han estado las máximas figuras del arte. Me gustaría estar a la altura”.
Mostró la fuerza del quejio desprovisto ya del saco. También su cuerpo se desprendió de la silla para ondularse con sensualidad gitana.
“Disculpen esta locura”, explicó después, “los gitanos cantaban y bailaban en forma desenfada con un aire un tanto sensual. Este ha sido un homenaje a ellos”.

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