Encuentran visitantes de playas basura y material abandonado por Promotora y Administradora de Playas
Karla Galarce Sosa
Pocos turistas, muchos ambulantes, al menos cinco baños a cielo abierto, áreas de acampar, basura y muchos policías fueron elementos destacados en el tramo que va de las playas Suave al Papagayo, en el cuarto día del período vacacional de Semana Santa en Acapulco.
El contraste entre el azul profundo del mar acapulqueño y el color verde pardo del agua estancada de la desembocadura del río del Camarón en una de las playas de mayor tradición en el puerto atraen la vista de los visitantes.
Los colores del paisaje no son lo único que llama la atención de ese relativamente corto tramo de arena, sino que también llaman la atención los restos de un colchón que quedaron atorados entre las rocas de lo que un día fue río; también destacan a la vista un viejo sillón de madera, maleza y cinco toldos viejos instalados para alojar turistas, aunque lucen vacíos, deshilachados y oxidados a la distancia.
Además de los restos de basura dejados por las brigadas de limpieza de canales del Ayuntamiento, también se integran al paisaje, el material “abandonado” de la colocación de palapas que realiza la Promotora y Administradora de Playas de Guerrero desde el año pasado, cuyo almacén está a un costado de la estatua del legendario buzo Apolonio Castillo, puesto que la madera con que construyen el armazón de las cabañas y las sombrillas, así como la palma para construir sus techos están regados por una extensión de unos 50 metros en plena playa, a la vista de todos y en desorden.
El aroma a salitre o mariscos, a pescado al mojo de ajo, no son lo único que se puede respirar en un tramo de apenas medio kilómetro de arena donde quedan una docena restaurantes porque el olor fétido a baño forman parte de lo que deja un día de caminata por la Costera de la playa Hornos al Asta Banderas.
Los cerros de mobiliario que la Promotora y Administradora de Playas deja de “reserva” en lo que podría ser “la frontera” entre la jungla de asfalto y el paraíso tropical, sirven de baños a cielo abierto, a donde acuden los turistas que acampan o, para las familias que llegan bien abastecidas con despensas de los centros comerciales para nadar un rato en la playa.
A un costado de la Plaza Japón, entre el Golfito y el abandonado restaurante Sirocco, existen al menos tres montículos de mobiliario visiblemente desgastado que los “cuidadores” se han habilitado como viviendas.
Con todo lo malo que pueda tener Acapulco, dijeron los turistas, nunca podrá ser igualado por otros destinos turísticos porque “tiene un clima envidiable”, siempre cálido y “esperando en todo momento” a los visitantes, aunque los lugareños que los atienden utilicen por las tardes, en el ocaso, algún suéter o chamarra porque para ellos el frío le ganó al calor.




