En sus últimos días, Paz se preguntaba desesperado qué pasaría con México, revela Enrique Krauze
*Comienza en el El Colegio Nacional el coloquio internacional organizado con motivo del centenario del Nobel, Octavio Paz en la historia de México
Yanireth Israde / Agencia Reforma
Ciudadd fe México
Tanto apasionó la historia a Octavio Paz que lo consumió la zozobra, al final de sus días, por el destino del país.
“Las últimas veces que lo vi me dijo: ‘¿qué va a pasar en México?’ Lo preguntaba con auténtica desesperación”, recordó ayer el historiador Enrique Krauze en el primero de los encuentros intelectuales que festejan el centenario del poeta.
Paz no era historiador, pero sí “un hombre que vive profundamente la historia”, como él mismo se definió. Los historiadores eran para él poetas del pasado, pues “sin visión poética no hay visión histórica”, según le dijo a Krauze cuando lo entrevistó en 1984, en ocasión de su 70 aniversario.
La primera mesa del coloquio internacional, organizado con motivo del centenario del Nobel, Octavio Paz en la historia de México en el El Colegio Nacional, fue testimonio de ese hondo y reflexivo interés del poeta por épocas diversas, como detallaron Miguel León-Portilla, Hugh Thomas, David Brading y Krauze, historiadores todos.
El indígena, por ejemplo, fue para el Nobel un mundo dotado de pulso, que no se redujo a pirámides, vestigios arqueológicos o códices, señaló León-Portilla.
“En el trecho final de su vida: ¿cuál era la visión histórica de Paz?”, formuló luego Krauze, “creo que siempre convivieron, y lucharon en él, el liberalismo del padre zapatista y sus propias convicciones revolucionarias, y por otro lado la convicción de que ni México ni el mundo tenía otra salida que la adopción de una vida democrática”.
Precisamente atribuyó Krauze la zozobra del poeta a la ambigüedad que lo acompañó en su última etapa.
Porque Paz –situó– era un liberal que nació en el desorden del convulso siglo 20 y perteneció a una generación que anhelaba el orden. La Revolución Mexicana era un intento de reordenar la nación.
“Pero: ¿qué clase de liberalismo era el suyo?: un liberalismo mexicano, forjado frente a la cultura católica y conservadora; un liberalismo de creencias, de pensamiento, pero no un liberalismo económico, y curiosamente tampoco de una fe particular en la democracia, porque la democracia y el liberalismo no siempre van juntos”.
Como “buen hijo de la Revolución Mexicana” Paz apostó por la regeneración interna del régimen heredado de la Revolución Mexicana”, recordó.
La ambigüedad que angustió a Paz continúa, advirtió Krauze.
¿Puede finalmente México convertirse en una democracia liberal? ¿En una sociedad plural? Creo que no tenemos opción. Nosotros también somos parte de esa ambigüedad y tenemos que resolverla”.
Su obra revela la frustración humana: Goytisolo
Octavio Paz es autor de una obra reveladora sobre las frustraciones humanas, destacó ayer el novelista catalán Juan Goytisolo.
“Porque la humanidad ha procedido siempre del mismo modo: empieza por tener aspiraciones y acaba por tener sistemas”.
El ensayista participó en la mesa dedicada a los Fanatismos de identidad durante el encuentro intelectual dedicado al poeta en el Colegio Nacional, junto con Juliana González, Jesús Silva-Herzog Márquez y Tzvetan Todorov, con Juan Villoro como moderador
“Resumo el pensamiento de Octavio Paz”, argumentó Goytisolo,”porque es la realidad; si tomamos el nacimiento de las doctrinas religiosas o de las doctrinas políticas de la Revolución Francesa o los anhelos de libertad de nuestra fatal península a lo largo de los siglos, siempre ha habido guerras civiles, matanzas… ha sido una historia abominable”.
Paz es la figura más importante de la cultura mexicana del siglo 20, destacó antes Silva-Herzog Márquez, quien se refirió a la importancia de la palabra ‘nosotros’ en la obra del Nobel de Literatura 1990.
A diferencia de Aristóteles y de sus lectores medievales o renacentistas, Paz descreía de la jerarquía fija e inmutable, apuntó el politólogo.




