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Gregorio Urieta

CRÓNICAS DE TIERRA CALIENTE

* Cipriano Jaimes Hernández, impulsor
del desarrollo de Pungarabato

Sumida en la actualidad en una de las crisis económicas más graves de su historia, Ciudad Altamirano, antigua Pungarabato hasta 1936 en que se le cambió el nombre para honrar la memoria del tixtleco Ignacio Manuel Altamirano, vivió momentos de gran auge económico desde aquellos días en que por cuestiones militares decidió abrirse paso a la comunicación entre Guerrero y Michoacán a través del río, y de éste, mediante los embarcaderos de la ciudad ubicados en el costado izquierdo en relación a donde sale el sol.
Algunos cronistas de la ciudad que han registrado momentos específicos de la historia de Pungarabato, como Arturo Villela Hernández, autor de la primera monografía de la ciudad, Ciudad Altamirano (1962), consideran artífice de ese auge al General maderista, carrancista y obregonista,  Cipriano Jaimes, oriundo de Chacamerito, comunidad del municipio de Pungarabato, quien durante la época de la Revolución introdujo una serie de cambios que fueron fundamentales para el despegue de la ciudad, hasta consolidarse como la más importante económicamente hablando, en la región.
Según consigna Arturo Villela en la obra citada, Cipriano Jaimes llegó a la entonces Pungarabato el 20 de abril de 1911, como soldado raso, y como parte de los contingentes revolucionarios que luchaban contra el dictador Victoriano Huerta en apoyo a Francisco I. Madero. Con él iban otros soldados que harían historia en el estado y la región como Miguel Heras, de Ajuchitlán, quien mató al general zapatista Custodio Hernández, y otro que al igual que Jaimes llegó a ser general y se sumó al oficialismo, Salvador González, originario de Los Brasiles, del municipio de Coyuca de Catalán.
Al grito de “¡viva madero!” se apoderaron del antiguo Pungarabato haciendo huir aterrorizados a los comerciantes acaudalados y obligando a otros a esconderse bajo la amenaza de “¡ahí vienen los pronunciados!” Según Villela, permanecieron en la ciudad solo el día que llegaron, saliendo ese mismo día.
Cipriano Jaimes regresó dos años después a Pungarabato  procedente de Iguala, convertido en Capitán Primero, aunque lo hizo a hurtadillas, pues en ese entonces Pungarabato estaba en poder del general huertista Baltazar Ocampo.
En su libro Cutzamala. Magia de un pueblo (2011), Alfredo Mundo Fernández refiere que Cipriano Jaimes fue arriero hasta que en 1910 se incorporó a las fuerzas del general Jesús H. Salgado que era zapatista. “Cuando Francisco I. Madero llega a ser presidente y desconoce a Francisco Villa y a Emiliano Zapata, el General Jesús H. Salgado se hace zapatista y a sus tropas se les conocen en Tierra Caliente como Los Pronunciados siendo su radio de acción toda esa zona”. En cambio, Cipriano Jaimes se mantuvo del lado de Madero y luego apoyó a Venustiano Carranza, por lo que fue el encargado de combatir a los zapatistas revolucionarios, conocidos en la región como pronunciados.
Siendo Pungarabato su lugar de origen, Cipriano Jaimes lo convirtió en su centro de operaciones militares, desde donde vigilaba y atacaba las poblaciones de Ajuchitlán, Huetamo, Tlalchapa, Tlapehuala y otros puestos estratégicos en la lucha armada del gobierno carrancista contra los revolucionarios Emiliano Zapata y Francisco Villa.
Arturo Villela refiere en su obra que el 18 de febrero de 1916 Cipriano Jaimes llegó a Pungarabato con el grado de general representando al gobierno de Venustiano Carranza para combatir a revolucionarios calentanos como Nabor Mendoza, “El Coyote”; Adrián Castrejón y Custodio Hernández, que operaban bajo las órdenes del zapatista general Jesús H. Salgado.  Traía “bajo su mando a la 6ª Brigada, procedentes de Morelia…”, señala Villela.
Durante sus estancias en Pungarabato Cipriano Jaimes  ocupó una casona ubicada en la esquina de la Calzada de los Héroes (actualmente Fray Juan Bautista Moya),  y Antonio del Castillo, ésta última una Avenida que el ex presidente Juan Albarrán Castañeda, recientemente fallecido,  bautizó así en los años 80. Ese lugar era conocido como “La Galera”, por sus grandes dimensiones. Estuvo rodeado de una barda hecha de piedra de rostro y ocupaba toda la cuadra desde la antigua calle Fray Juan Bautista Moya hasta la ahora Ignacio Allende, en donde durante muchos años estuvo la terminal de autobuses Flecha Roja, que fuera reubicada de la calle José María Morelos.  Allí se resguardaron durante muchos años los militares que llegaban a la región, hasta que en los años sesentas  se convirtió en escuela, albergando a la escuela primaria “Ignacio Manuel Altamirano”.
En apenas dos años que estuvo en Pungarabato como responsable de la zona militar, Cipriano Jaimes, hizo diversas obras materiales que le dieron otro rostro a la ciudad y la convirtieron en un centro comercial importante.
Arturo Villela registra en su libro citado que Cipriano Jaimes electrificó el primer cuadro de la ciudad al instalar una planta de luz en “La Galera”, una finca de su propiedad ubicada en la salida hacia Coyuca de Catalán. La planta se movía con un motor a vapor de seis caballos de fuerza, la que luego cambió por una capacidad de 50 caballos de fuerza, con el motor a vapor y dos generadores de corriente de 15 kilowatts que servían para iluminar la ciudad.
Al contar con luz, en “La Galera” se ofrecían funciones de cine gratuitas, por lo que Arturo Villela considera a Cipriano Jaimes como el introductor del cine en la región calentana. En ese mismo espacio, todavía en los años sesenta se instalaban los camiones cerrados de los llamados “húngaros”, familias errantes que se dedicaban a llevar cine y música a los pueblos, y a adivinar la suerte a cambio de monedas y alimentos.
Cipriano Jaimes construyó el primer edificio del ayuntamiento, ubicado junto al bajadero de Playa Suave, en donde está el puente Adolfo López Mateos, y concentró la población en los barrios de Esquipula, la Costita, y Timangaro; construyó la calzada Niños Héroes y trasladó el panteón que estaba ubicado entre el Centro y El Calvario, hasta donde se encuentra ahora en la entrada a la población, asegura Villela.
Este autor señala que fue Cipriano Jaimes el que construyó los bajaderos que conducían al río Cutzamala y con ello a los barcos de madera. Sin embargo, el señor Delfino Pérez Pérez, originario de Playa Suave, actualmente colonia Rivapalacio, del lado de Michoacán, señala en entrevista que desde muchos años antes existían los bajaderos que conducían a los barcos. “Eran tres. Había uno en El Calvario, otro en donde está el puente (Adolfo López Mateos) y el otro frente a La Tejería, que salía hasta la plaza de Altamirano”, refiere don Delfino. Seguramente lo que hizo el general Jaimes fue acondicionarlos y ampliarlos, pues los bajaderos se deterioraban completamente durante la época de lluvias y al finalizar las mismas quedaban convertidos  en paredones, por los cuales no podían bajar los burros con sus cargas diversas hacia los pueblos de Michoacán.
Se considera que Cipriano Jaimes arregló los bajaderos con la intención de facilitar el paso de las tropas que él conducía en su paso al incursionar hacia el estado de Michoacán, sobre todo en la temporada de secas, cuando el río bajaba a niveles en los que por los vados se podía atravesar caminando o bien, montados en animales.
Pero todo eso no era gratuito. En su libro citado el investigador cutzamalteco Alfredo Mundo Fernández, establece que “el general Cipriano Jaimes monopolizaba los rastros de Coyuca, Tlapehuala, Cutzamala y Pungarabato, controlando los embarcaderos de Coyuca, Las Tinajas, Las Ánimas y el paso a Cutzamala por Pungarabato”.
Tal vez eso explique la construcción del llamado “Tajón”, que era el rastro municipal que fuera construido también por Cipriano Jaimes.
Mas, fuera de eso, la ampliación y arreglo de los bajaderos hacia el río Cutzamala, trajo consigo una mejoría en la comunicación con los pueblos del otro lado del río Cutzamala como Salguero, El Rincón de San Francisco, La Tejería, Tacupa, San Jerónimo, El Huizachal, El Terrero, Characharando, por hablar solo de los más cercanos, los que vinieron a aumentar el comercio de Pungarabato sobre todo en materia de productos lácteos y ganado caprino y ovino.
Cipriano Jaimes estuvo tres años al frente del gobierno en Pungarabato. En 1919 tuvo que salir al frente de la Brigada a su mando rumbo a La Huasteca potosina, en donde fue abandonado por la mayoría de sus soldados.  En 1920 regresó a Pungarabato, ahora bajo el mando del General Álvaro Obregón y con la categoría de General de Brigada. Marchó a la ciudad de Cocula, en donde tenía unos bienes que fueron destruidos por simpatizantes de De la Huerta, por lo que de ese lugar emigró hacia Zitácuaro en 1921. En ese lugar permaneció hasta que murió asesinado por la espalda el 17 de marzo de 1928, a manos de un enviado del general Plutarco Elías Calles.
En el libro Galería de Recuerdos (2008) del cronista de Pungarabato, José Espinosa Quiroz; se refiere  que en los años 30 del siglo pasado la plaza de Pungarabato ya era la más concurrida de la región.
En Altamirano, su nombre permanece para la historia en una pequeña calle de tres cuadras en la colonia Heberto Castillo.

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