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Arturo Solís Heredia

CANAL PRIVADO

* La torcedura evidente

Con solo 146 palabras, el pie de la fotografía en la primera plana de la edición de El Sur del pasado 28 de marzo, evidenció una de las torceduras más graves de la cultura política mexicana, y particularmente de la guerrerense.
“En ningún momento, los diputados cuestionaron la veracidad de la información que aquí publicamos, pero tampoco mostraron preocupación alguna por el hecho de que, ya cerca del término legal, varios exalcaldes –algunos que siguen ocupando cargos públicos o de elección– no habían aclarado en qué usaron los cuantiosos fondos observados por la AGE”, reprochaba el texto de la redacción, la “exigencia” de los cinco legisladores locales del PRI, PAN, PRD, PVEM y MC, en conferencia, de que la reportera de El Sur, Rosalba Ramírez, revelara la fuente que le dio la información de las cuentas públicas sin solventar de varios ayuntamientos en 2012.
En seguida, en el pie de foto se advertía que “El Sur no va a revelar el nombre de ninguna fuente y recuerda a los diputados señalados que se trata de un derecho reconocido y en consecuencia les exige que lo respeten. Y lejos de esa pretensión intimidatoria y con fines de censura, El Sur convoca a legisladores y a funcionarios de todos los niveles a seguir filtrando información documentada que permita al público conocer el destino de los recursos a disposición de los gobernantes o que ejemplifiquen cómo se usan las instituciones contra los ciudadanos en lugar de estar a su servicio”.
En efecto, es evidente que la preocupación fundamental de los diputados locales no está en vigilar el buen uso de los recursos públicos ni en garantizar la transparencia administrativa.
En efecto, es evidente que la ocupación principal de los diputados locales es encontrar al o los responsables de la filtración de documentos de la AGE, y no investigar, mucho menos castigar, probables corruptelas de alcaldes y funcionarios municipales.
En efecto, es evidente que a los diputados locales molesta más la publicación de esas filtraciones en El Sur, que el abuso de la función pública y el enriquecimiento ilícito.
En efecto, es evidente que los diputados locales están más preocupados y ocupados en proteger y defender los intereses de sus grupos y aliados políticos, que los de sus representados.
Lamentablemente, la “exigencia” censora de los diputados locales no es un torcedura circunstancial, ni la excepción de reglas más elevadas, sino apenas una de muchas evidencias similares que confirman “cómo se usan las instituciones contra los ciudadanos en lugar de estar a su servicio”.
La torcedura más grave que evidencia el pie de foto en la primera plana de El Sur, es la protección y defensa de los intereses de los grupos políticos en el poder, y la desprotección indefensa de los intereses de los ciudadanos.

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