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Se unen turistas, laicos y penitentes en la Procesión de los Cristos en Taxco

Claudio Viveros Hernández

Taxco

El Jueves de la Semana Santa representa, de acuerdo con la añeja tradición y la religión católica, la pasión de Cristo en la cruz que en esta ciudad congrega a miles de habitantes, turistas, organizadores y penitentes de las hermandades de encruzados, flagelantes, ánimas, soldados romanos y músicos que interpretan las piezas características conocidas como chirimías.
Una participación multitudinaria rubrica aquí la Procesión de los Cristos que desde las primeras horas de la mañana de ayer y días antes están preparados para protagonizar una de las jornadas más largas de la singular celebración que parte a las 10 de la noche del santuario de La Veracruz y se extiende entre las primeras cuatro o cinco horas del viernes en el que las imágenes y acompañantes luego de intenso recorrido por las calles del centro histórico y barrios de la periferia llegan otra vez al lugar de origen de donde partieron.
Este año la procesión tuvo la presencia de más de 80 cristos según los organizadores, provenientes de los principales barrios y capillas de la ciudad y muchos más que llegan de las comunidades rurales.

El peregrinar del Cristo de Xochula

Uno de los cristos, considerado por los feligreses como uno de los más emblemáticos y al que le atribuyen milagros, es el de la comunidad de Xochula, localizada a unos 5 kilómetros del sur de la ciudad, entre las comunidades de San Sebastián y Hueymatla.
Este jueves, como ha acontecido durante muchos años, cientos de devotos confundidos con otros centenares de personas que se trasladan a pie como si fuera una manda o peregrinación hasta Xochula, entre caminos terregosos y polvorientos, brechas y veredas entre los lomeríos o por la ruta más conocida, fueron los acompañantes voluntarios para traer desde allá hasta la ciudad, transportados todos en pesados camiones de volteo que utilizan los establecimientos de materiales para construcción, la imagen venerada en esa comunidad que es una de las primeras en estar presentes para la procesión nocturna que es una de las más impactantes.
Todo inició con el alba y las primeras horas de ayer en donde por diferentes puntos de la ciudad se observaron grupos, familias, amigos, vecinos y turistas de entidades limítrofes en franca disposición camino abajo con destino a la comunidad mencionada.
Unos preparados con ropa adecuada para la larga caminata a ritmo lento o presurosos, con tenis, huraches, zapatos, botas, con sombrero o gorra para protegerse del sol o a raíz sin saber qué deparaba el clima y los sucesos que se aproximarían desfilaron animados, mientras otros a punto de encontrarse con el sitio de destino comenzaban a dar muestras de cansancio o flojera.
A lo lejos, desde uno y otro extremo se observaron nubes de polvo y seres que parecían diminutos a distancia quienes poco a poco se veían avanzar, a veces los unos dejaban atrás a los otros o viceversa, pero todos con la mira de alcanzar a ver el Cristo de Xochula que ya los esperaba en el atrio donde estaba instalado sobre un camión en el cual se ofició la misa y tras ella comenzó la partida hacia la ciudad.
La concentración alcanzaría poco más de 2 mil personas que después se subieron a los vehículos, sin importar apretujones, codazos, sustos de los pequeños que se quedaban en espera de sus padres o los abusos y toqueteos de los varones hacia las damas a la menor provocación y movimientos zigzagueantes cuesta arriba y en el trayecto de la carretera federal o las calles empedradas por donde avanzaron con el rugir y sobreesfuerzo de los motores.
Hubo muchos y muchas a punto de la sofocación, los desmayos y la insolación por los rayos candentes que pegaban en la piel y cimbraban los cuerpos y rostros sudorosos a punto de ceder, pero en la gran mayoría, aunque entre la multitud rodante hubiera devotos y personas impregnadas de fe, el desmadre y el desfogue, los gritos abiertos, las bromas con palabras altisonantes y la sed pudieron más para el aguante que fue el medio de relax para salvar la situación y seguir arriba de los camiones.
Los gritos más recurrentes de los peregrinos fueron ¡agua-agua-agua! cada vez que avanzaban los camiones y éstos veían a decenas y decenas de curiosos observando el paso de la procesión vehicular que encabezaba el Cristo milagroso protegido por un manto y con las notas de un grupo que interpretaban las chirimías.
En el trayecto se apostaron infinidad de personas voluntarias, quienes desde su casa, la terraza, las ventanas, negocios o en vehículos les lanzaban a los ocupantes de los camiones bolsas con agua para mitigar la sed, porciones de naranjas y, para variar, cubetazos de agua o chorros de agua desde mangueras o pipas que se dejaron ver con enormes cantidades que se estampaban sobre los cuerpos hasta dejarlos totalmente empapados.
La euforia, las vivas, gritos y mentadas sonorizaron en repetidas ocasiones el ambiente junto con los ensordecedores cláxones que accionaban los conductores en señal de avance y aproximación al lugar donde se llegaría, a la iglesia de La Veracruz, tras pasar por una diversidad de barrios, comunidades, puestos de auxilio y vigilancia.
Casi tres horas más tarde de la salida, y otras tantas más de espera en Xochula para partir hacia acá, el centro histórico se inundó lo mismo que de fe y devoción con la llegada de la imagen y también de tonos abiertos de franco desmadre fogoso, sediento, inacabable, de trance en un día de procesión convertida en espectáculo cual concierto masivo, sin orden y donde las libertades se excedieron frente a la realidad agobiante de la violencia y la inseguridad.
Un Jueves Santo había acontecido. Otra mirada a otro acontecer…y la procesión de los Cristos emprendió su caminar al anochecer, todos juntos, fieles, devotos, hermandades.

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