Jorge Camacho Peñaloza
Josefina, diferente
La existencia de Dios es más cierta que todos los teoremas de la geometría: Descartes
Están en marcha las campañas que pueden cambiar la historia México, pero cada una de ellas en un sentido u otro, no todas de manera positiva. Sólo una –aquella que se signifique como la siguiente etapa a seguir en el largo, lento y tortuoso camino de la transición democrática mexicana–, sólo una de ellas es diferente, la verdadera, porque representa la etapa siguiente de la ciudadanización del poder, el rescate del estado de derecho, avanzar en la vigencia de la ley, insistir en la institucionalización de la vida nacional, es la campaña de Josefina Vázquez Mota.
Las otras campañas y propuestas representan la posibilidad de volver a poner el poder en manos de quienes a lo largo del siglo XX hicieron de la política mexicana un sistema de control y sometimiento de la sociedad a los intereses de la familia revolucionaria, un sistema de control y sometimiento de la democracia, la justicia y la ley a los intereses y privilegios de quienes se hicieron y mantuvieron en el poder a través de la violencia, la persecución, el encarcelamiento, la guerra sucia.
Si esos que hoy se espantan de la guerra contra el narco y sostienen que el PAN es el partido de la violencia y del desempleo que no se les olvide que el PRI ha sido y es el partido de la guerra sucia contra la sociedad, contra quienes dieron su vida por la democratización del país, contra quienes lucharon por que la ley se aplique parejo a todos empezando por los gobernantes, contra quienes se han rebelado contra la desigualdad y la pobreza generada por el sistema de privilegios de la familia revolucionaria que hasta hoy muchas y muchos siguen heredando.
Esta campaña va tras el poder de la república para repartírselo, preservarlo, ejercerlo personalistamente, va tras el presidencialismo imperial, de nuevo los recorridos en automóvil descapotado, recibiendo el baño de confeti y el aplauso de los acarreados, del besamanos, del control a través de la televisión.
La otra campaña es la del amor mesiánico, la del caudillo por encima de las instituciones, la de al diablo con las instituciones, la del destino manifiesto, la que pretende colocar un estado de ánimo por encima de la historia, de la sociedad, de la realidad. Es la campaña de los jefes de las tribus con sus mecanismos de control y de negociación, quienes se colocan en las circunstancias según su poder y posibilidades, lejos de los principios y de la sociedad.
Hay otra campaña que es la de las bases militantes, las que creen en los avances de la transición democrática, en los principios y estatutos de sus partidos, en la legalidad, reglas e institucionalidad de su vida interna, en la trayectoria y la historia, que quieren servir a la sociedad y no servirse de ella, son los decepcionados de los dedazos, de los acuerdos de cúpula para decidir por el partido y las bases, los desilusionados de sus dirigentes.
Las campañas de volver al pasado y la del mesianismo son parte de lo mismo, tienen una misma matriz ideológica basada en el caudillismo, en el culto a la personalidad, en el mesianismo, en el ejercicio personalista del poder, el absolutismo al estilo Luis XIV quien sostenía que “El Estado soy yo”.
La campaña se Josefina es la campaña de la ciudadanía que cada vez es más, de la ciudadanía que ya le ha dado dos veces la espalda al retorno al sistema político de la persecución y de la guerra sucia del siglo XX, que ya le ha dado la espalda dos veces a la tentación mesiánica, es la campaña de la ciudadanía que cree en las leyes, en la democracia, en las reglas, en la eficiencia, en la rendición de cuentas, en que los servidores públicos, desde el presidente de la república hasta el más modesto burócrata, son empleados de la sociedad, en que las instituciones condensan articuladamente el poder soberano de la sociedad.
La campaña de Josefina es la campaña por seguir devolviendo el poder a la ciudadanía, a la sociedad, que traspase a los partidos, es la campaña por la ciudadanización de las candidaturas, por el rompimiento del monopolio de las candidaturas, es la campaña abierta a la sociedad, a las militancias de todos los partidos que compartan las convicciones democráticas, es la campaña que está por llevar a los ciudadanos al poder.
La campaña de Josefina es la campaña diferente porque es la que propone profundizar la transición democrática del país, seguir reformando al Estado, ciudadanizarlo, colocar a la ciudadanía como eje del sistema político nacional, como requisito para seguir avanzando en la transformación de ese sistema político basado en el culto a la personalidad.
La campaña de Josefina es diferente porque ella misma emerge de la ciudadanía y no de algún grupo político cuya premisa es hacer negocios con la política, o de alguna camarilla partidista que lo único que le interesa es el control del poder; Josefina es diferente porque es la candidata más ciudadana, la que representa más a la ciudadanía, la que más le apuesta a la ciudadanía y por lo mismo por quien la ciudadanía habrá de votar mayoritariamente por ella para que se convierta en la primera presidenta ciudadana de México.
Vuela vuela palomita y ve y dile: a toda la paisanada que la candidata ciudadana Josefina tiene como su propuesta principal, empoderar a la mujer, que la ciudadanía tenga fuerza y voz, ya estuvo bueno que jefes de tribus, grupúsculos y cúpulas quieran decidir por los verdaderos dueños del poder que somos la ciudadanía.




