Eduardo Pérez Haro
Reforma del campo, pero con los dueños de la tierra
*El mundo globalizado y en plena reestructuración de sus paradigmas, de sus nuevas contradicciones, asimismo, ha colocado en un nuevo sitio el tema de la tierra y por tanto de su propiedad como activo de la modernización pero también como trinchera de la sociedad rural, y esta contradicción le da un nuevo valor comercial pero también una nueva condición política, pues se convierte en área de interés de pobres y ricos.
Para Yara Pérez Haro.
Hemos expresado nuestro resquemor ante la posibilidad de una reforma para el campo que no sea de fondo y que en su nombre sólo haya una reiteración de los criterios de política que han resultado en falacias sobre el crecimiento del sector y en especial de sus exportaciones, no porque éstos datos no existan sino porque existen al lado de otros que son reveladores de un problema complejo por su naturaleza económica y social, coyuntural y estructural, como el déficit de la balanza comercial agropecuaria y agroalimentaria, que a su vez descansan sobre un ahondamiento de los desequilibrios productivos, regionales y sociales con variaciones mucho más enmarañadas que el mero contraste entre pobres y ricos, o entre el norte y el sur.
La liga entre el corto y mediano y largo plazos no es una frase hueca aunque ordinario sea su uso esquivo, probablemente este sea el asunto teórico y político de mayor dificultad para las ciencias de la economía y la política, y por ahí es donde se pone a prueba la talla de un estadista, de una nación y del mundo mismo. Las teorías se han ocupado del corto y largo plazos a la manera de una disyuntiva cuando no lo es, sino momentos distintos de un solo proceso. Los análisis estructurales derivan en el reconocimiento de cambios profundos. En contraste, el análisis de la coyuntura concluye en medidas inmediatas a la solución de los problemas más visibles, la congruencia entre unos y otros es el tema.
En el mundo se ha impuesto el camino de la superación de los problemas inmediatos cuyo orden se establece por los grupos económicos y políticos dominantes, y así, se consagra el acomodo de factores en favor del mejor flujo de ganancias del poder económico y político, de grupos, de países y de regiones en el orbe. México desde hace años, exagera y se convierte en campeón peyorativo del pragmatismo, no sólo va por la solución pronta de problemas como medio y fin en sí mismos, sino que lo hace sacando raja personal sin miramientos, tapa un hoyo y hace dos, lo hace en la economía y en la política, y su única ventaja es que no se da cuenta, complica el presente y el futuro del país y reiteradamente, le hace un “flaco favor” al mundo y a la historia.
Cuando desde los años 50 los países desarrollados se aprestaron a asumir sus agriculturas para disminuir su dependencia en el abasto de alimentos y materias primas provenientes de los países subdesarrollados, era de advertir la disminución de sus importaciones y su subsiguiente ofensiva exportadora, primero a la manera de dumping (altos costos y bajos precios subsidiados) y más tarde con bajos precios efectivos que resultarían de sus progresos en la productividad, de tal manera que sólo nos dejarían el abasto de productos exóticos y de temporada y que, a la postre, podrían terminar siendo plataformas de sus propias empresas trasnacionales como ya sucede con el tequila y la cerveza que son “nuestros” principales productos agroalimentarios de exportación.
En aquel entonces (mediados de los 60) México no levantó la mirada y se estrelló con esa realidad asumiendo su derrota frente a las nuevas tecnologías (fibras sintéticas) asumiendo las crisis del algodón y el henequén e iniciando las compras de importación de alrededor del 40 por ciento de nuestras necesidades agroalimentarias (incluido el maíz), las que, en el valor de la balanza comercial, son mayores al total de nuestras exportaciones (dando como resultado un déficit), mas esto no se detuvo en ello sino que la agricultura fastidió el desarrollo industrial que al igual trastabilló al mirar hacia el horizonte pues no se preparó lo suficiente en la producción de bienes de capital, esto es, en la producción de medios de producción, pues en su “gradualidad” se ocupó esencialmente de la sustitución de bienes de consumo, manufacturas de consumo duradero (electrodomésticos pero no de la producción de máquinas para fabricar electrodomésticos), con lo cual no pudo desplegar la planta productiva, mucho menos dar el salto a la condición de un país industrializado propiamente dicho, quedó atrapado en las redes del atraso.
Durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas (1934-1940) se tomaron decisiones de corto y mediano plazos, se repartió la tierra y se creó la infraestructura material y financiera para hacer un sector agropecuario debidamente ensamblado al proyecto de industrialización, y los resultados fueron inmediatos con repercusiones nacionales de mediano plazo (la mediana industrialización), pero en el camino se perdió la brújula ante la glotonería de los negocios del momento, tanto en la agricultura como en la industria, y después de una década de crecimiento artificioso (por cuanto se sostuvo la actividad productiva con dinero prestado sin garantías de ingreso en el largo plazo durante los 70), terminó por quebrar y sin más alternativa se sumó a la era de liberalización comercial apostando al sector externo como motor del desarrollo. Y sin duda lo fue para quienes pudieron ligarse a este sector exportador y no podemos dejar de decirlo, también lo fue para quienes les “concesionaron” los abastos internos, pero desde entonces los demás, la mayoría del campo y la ciudad están fuera de los principales circuitos del comercio, del financiamiento y del ingreso, son pequeños y medianos productores del campo y la ciudad que van y vienen siempre muriendo en el intento. Quiebran una y otra vez, no cuentan con rumbo, no hay plan, no hay fomento, no hay estímulos.
El presidente Ernesto Zedillo llego a decir ante el reclamo de una política industrial que “la política industrial era que no había política industrial” en ostentoso pragmatismo del dogma de dejar hacer y dejar pasar, del nuevo clasicismo neoliberal. “¡Que gane el emprendedor!”… reza la consigna discursiva, empero, no es exacto porque el emprendedor coincide con el sistema de preferencias y contubernios del sistema político-empresarial donde el listo concuerda con un hombre con poderes de hecho o complicidad inaugural. La política hace economía a su antojo. (Cierto es que existen excepciones en toda generalización y en ese caso, que me disculpen, pero el análisis general es eso y no descansa en las honrosas excepciones).
En nuestro país no se han dejado de hacer negocios exitosos, pero no son del país; son de determinados grupos y personas, y esa no es la manera en que se reordena el mundo, y la experiencia de los Tigres de Asia o de los nuevos países emergentes sí conlleva las fortunas y privilegios del enriquecimiento de los dueños del capital, pero no es lo único que ha sucedido y viene sucediendo, están construyendo sendos baluartes nacionales y regionales con esquemas de ocupación-ingreso que distan de nuestra lamentable versión cifrada por el atraso, la desigualdad y la pobreza que no sólo es revelación de injusticia sino paradigma antitético de la historia. El papel de los emprendedores en la teoría Shumpeteriana es el de liderazgos del desarrollo, no el de caciques porfirianos. Pasado el “año de las reformas estructurales” y en pleno “año de la eficacia” –Peña Nieto dixit– , ¿cuál es el proyecto nacional? En qué definición de ¿qué producir?, ¿cómo producir?, ¿cuánto producir?, y ¿para quién producir?, se alinearán las fuerzas productivas del país. ¿Con qué incentivos?, ¿bajo qué reglas del juego?
La agricultura no será el motor del desarrollo, podemos discutirlo y tal vez coincidamos en que no está en condiciones de repetir el papel estelar que jugó hace poco más de medio siglo. Pero lo cierto es que ahora tampoco tiene el lugar deleznable al que se le remitió durante el ascenso neoliberal. Que la historia de lo que hizo el general Lázaro Cárdenas no se puede repetir porque el mundo es otro. Estamos de acuerdo pero tampoco es tan simple. ¿De verdad la inversión extranjera que vendrá con la flexibilización del negocio de los hidrocarburos se hará cargo, alcanzará, para modernizar la planta productiva industrial y de servicios toda? ¿Entrará a reactivar las dos terceras partes del campo que están subutilizadas y sumergidas en la pobreza y la erosión social producida por el crimen organizado? O ¿no estamos entendiendo el efecto dominó que tendrá dicha área de negocios? O sencillamente estos aspectos no están en la estrategia, para eso están los planes sectoriales con los presupuestos gubernamentales –que siempre son los más grandes de la historia por obvias razones– y que se distribuye bajo los mismos criterios regresivos de darle más al que más tiene porque es el qué mejor responde, por obvias razones, “criterios de política que hacen el núcleo de la filosofía del inmediatismo” que no es más que la versión tropical del pragmatismo global centralizador y excluyente.
¿No hay imaginación?, ¿no hay permisibilidad a estrategias de nuevo cuño?, o ¿no hay voluntad política para aplicar estrategias de modernización donde el binomio ocupación-ingreso haga parte y sentido? ¿No hay posibilidad de suponer a la educación en un primer plano para la construcción de una fuerza productiva y política acorde con las exigencias de un desarrollo que se abra paso con pertinencia democrática?, pero entonces ¿cómo creen que se ha hecho el mundo?, ¿cómo es sino de esta manera que se procesa la reestructuración mundial en curso?, ¿cómo es el modelo de la India?, ¿cómo el chino o el sudafricano?, ¿cómo el turco o el brasileño? ¿Acaso se cree que todos son el modelo norteamericano? Sabemos de la importancia y el peso de Estados Unidos, pero de lo que sabemos poco es del peso y la importancia de la nación mexicana y no me refiero a un nacionalismo antimperialista patriotero que juega con simples evocaciones morales sino al reconocimiento de la diferencia, contradicción y complementariedad en la sinergia contemporánea entre globalización y p@ís.
El mundo globalizado y en plena reestructuración de sus hegemonías, de sus paradigmas, de sus nuevas contradicciones, asimismo, ha colocado en un nuevo sitio el tema de la tierra y por tanto de su propiedad como activo de la modernización pero también como trinchera de la sociedad rural, y esta contradicción le da un nuevo valor comercial pero también una nueva condición política, pues se convierte en área de interés de pobres y ricos, de propios y extraños, y así la importancia que la tierra perdió durante las cuatro últimas décadas en el ascenso neoliberal y la globalización ahora da un giro pues es depositaria de recursos estratégicos de la nuevas tecnologías, del debate energético, de la nueva problemática del cambio climático y de la nueva y más amplia demanda de alimentos. Su transformación no es sólo arena para debatir la justicia que en nuestro país fue causa y propósito de una revolución social con el sacrificio de más del 10 por ciento de la población nacional que perdió la vida sino que ahora, además de ello, es variable de la ecuación general del desarrollo. No será motor pero sí coadyuvante o ¿cómo creen que juega la agricultura en el modelo de Estados Unidos, o en el de Rusia, o en el de la India o el de Brasil o el de China o el de la Unión Europea? De una cosa pueden estar seguros y es que no copian la ausencia de política y la discrecionalidad y el contubernio del modelo agroalimentario de México.
El problema agrario no se reduce a discernir los terrenos de la urbanización ni éste es el eje ordenador del territorio nacional. ¿A qué les suena que más del 72 por ciento de los pequeños propietarios sean minifundistas pobres o que el 50 por ciento del territorio nacional en manos del ejido sea por su propio origen antagónico de la gran propiedad? ¿O que 95 millones de hectáreas de las 200 millones hectáreas que tiene el país estén concesionadas al sector minero? ¿O que la erosión de los suelos se extienda en tres cuartas partes del territorio nacional o que las mujeres sean titulares de al menos la quinta parte los derechos agrarios? No son datos de signo moral, buenos o malos, son los datos de la complejidad de la propiedad y uso de la tierra que de no dirigirse dentro del proyecto con progresividad en la acción del Estado, se puede levantar en un torbellino, que como recién hemos visto se empiezan a formar en nuestro territorio. Que no haya cambio de fondo en materia agraria para evitar una revuelta se entiende en la lógica del Presidente, pero que no haya materia agraria para cimentar un acuerdo de reactivación productiva del campo mexicano, no tiene lógica. O dicho sea directamente la lógica del Presidente no es la lógica de la nación, el proyecto modernizador del Presidente no parece ser el proyecto de la modernización de México.




