Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Arturo Solís Heredia

CANAL PRIVADO

 

*Un domingo cualquiera

 

El pasado domingo, la Orquesta Infantil y Juvenil Renacimiento ofreció un concierto en el Auditorio Sentimientos de la Nación de Chilpancingo, bajo la batuta de una invitada especialísima, la directora mexicana Alondra de la Parra.
No recuerdo un acto público, vinculado a programa o acción gubernamental, que me haya emocionado de manera tan positiva y profunda, como escuchar y mirar a 309 niños y jóvenes guerrerenses –203 en la orquesta y 106 en el coro–, ejecutando instrumentos y voces con alegría y pasión, ante un auditorio completamente lleno.
Algo así escribí en mi muro de Facebook, posteo de foto incluido, celebrando sin regateos ni mezquindad, la venturosa decisión oficial de apoyar un esfuerzo como éste, sobre todo habiendo tan escasos ejemplos similares de respaldo estatal a iniciativas artísticas, culturales y a la construcción de ocio creativo.
“Qué bueno que fomenten la cultura… perooooo… ¿por qué a la Escuela Estatal de Música Margarito Damián Vargas, que está ubicada en Chilpancingo, y que tiene ya 30 años de fundada, no le dan difusión?”, reprochó ipso facto con signos de interrogación una dilectísima amiga, rematando con otra pregunta: “¿Acaso tenemos que vivir en una zona marginada para que nos pelen? ¡Saludos amigo, disfrútalo!”, agregó, quizá para suavizar un poco la opinión.
Es cierto, el éxito de la orquesta infantil y juvenil no justifica el abandono ni el olvido de proyectos tan nobles como el de la escuela estatal. Pero también es cierto que los objetivos principales de la primera tienen que ver con estrategias para disuadir de la violencia a las comunidades de niños y jóvenes en zonas vulnerables, que con el fomento a la educación artística o la formación de talentos musicales.
En todo caso, los resultados alcanzados con estas estrategias justifican la ampliación y el fortalecimiento del apoyo oficial a proyectos similares, en todos los municipios de Guerrero.
La Orquesta de Ciudad Renacimiento fue la primera que se inscribió en las tareas culturales y artísticas del programa México Cultura para la Armonía, movimiento nacional de agrupaciones musicales comunitarias que busca brindar alternativas de transformación de vida específicamente en las comunidades de mayor marginación, pobreza y violencia del país.
Se dice fácil, pero a dos años de su arranque en Guerrero, el sistema integra ya a cuatro orquestas: Renacimiento, Bonfil, Omepetec e Iguala; además, el Coro Monumental de Iguala, la Banda y Coro Comunitario de Zihuatanejo, el Ensamble de Percusiones y Coro en Movimiento de la Colosio, y el Coro Comunitario de Huixtepec.
Aunque la idea de este sistema no nació en México –fue concebida y creada en 1975 por el maestro y músico venezolano José Antonio Abreu, con tanto éxito que actualmente congrega casi 600 mil niños y jóvenes de ese país–, quienes lo retomaron en México merecen el crédito de adaptarlo bien al contexto e idiosincrasia locales.
En este sentido, uno de los principales objetivos del sistema mexicano es rehabitar los espacios colectivos de convivencia; en otras palabras, recuperar lo que nos robó el miedo y la violencia criminal.
Casualmente, justo cuando comenzaba el concierto del domingo, comenzaron a sonar los celulares de algunos asistentes, diseminando la noticia de una balacera en Galerías Chilpancingo.
Por eso, escuchar y mirar el pasado domingo a los 309 niños y jóvenes guerrerenses de la Orquesta Infantil y Juvenil Renacimiento fue una experiencia muy grata. Porque una excepción a la regla armada de las políticas estatales para combatir la narco-violencia, merece reconocimiento y aplauso. Porque emociona recuperar la confianza en que, ofreciendo opciones y oportunidades reales y virtuosas, los niños y jóvenes de este país pueden revertir la descomposición y la desesperanza social que convence a muchos de recorrer caminos sin retorno ni futuro.
No se trata de avalar el desempeño general de ningún gobierno, y mucho menos de olvidar los errores y excesos del poder, pero sí de apoyar y reconocer esfuerzo, compromiso y capacidad, cuando las cosas se hacen bien.

[email protected]

468 ad