Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Extorsiones, falta de habitaciones y altos cobros de servicios, reclama familia de turistas

Karla Galarce Sosa

A los integrantes de la familia Chávez les tocó sufrir la falta de habitaciones en hoteles de Acapulco, ante la gran demanda de los miles de visitantes que llegaron en esta temporada vacacional de Semana Santa.
A bordo de una Urvan, los 13 integrantes de la familia proveniente de Ecatepec, estado de México, pagaron 450 pesos de casetas, viajaron por la Autopista del Sol desde las 2 de la mañana y arribaron a esta ciudad a las 7 de la mañana.
Los recibió un policía vial quien les pidió 300 pesos porque los acusaba de invadir rutas de pasajeros, pues su vehículo tiene logotipos de transporte público del estado de México.
Manuel Ignacio Chávez Muriño y su hijo se dedican al transporte público en su natal Ecatepec, desde donde él y su familia se trasladaron para pasar unos días “de tranquilidad” en la playa. Pero nunca se imaginaron que no hallarían habitaciones disponibles en el hotel a donde siempre llegan: Emporio.
Luego de cinco horas de carretera, a bordo de la urvan que los trajo al puerto, de que la casa a la que llegarían fue rentada a otra familia por 2 mil 500 pesos más de lo que ellos ofrecían, y de que en el hotel Emporio (su segunda opción de hospedaje) ya no alcanzaron habitaciones, decidieron hospedarse en el hotel Camarena, donde montaron cuatro casas de campaña que compraron en las tiendas de autoservicio de la Costera, frente a la playa Karabalí, también conocida como El Golfito.
“Del Emporio al Camarena, nunca nos imaginamos eso”, comentó la señora Armida María Chávez, quien platica de su “aventura” desde que llegaron al puerto, sentada sobre un sillón plegable, que también compró unas horas después de que llegaron.
Aunque todos se mostraron contentos de poder disfrutar las aguas del mar acapulqueño, se quejaron porque además de la mochada que tuvieron que dar al policía vial que los abordó en el bulevar Vicente Guerrero, en la zona suburbana del puerto, cuando se instalaron en la playa Karabalí, un prestador de servicios turísticos les quería cobrar 40 pesos por usar una silla de plástico.
También manifestaron su inconformidad porque en los “baños públicos” de esa misma playa, les cobraron 5 pesos por cambiarse de ropa, e incluso, les cobraron por la pequeña de 4 años que es parte de la familia.
Aunque con rostros de felicidad, y cachetes rojos por el abrazante calor del sol que caía a plomo sobre la playa, los Chávez lamentaron que el rostro de Acapulco no sea por completo de limpieza y servicios honestos a los turistas, pues coincidieron en que el abuso por el cobro de los servicios es excesivo.
“Nosotros venimos a dejar nuestro dinero, nos hospedamos en un hotel y a comer en restaurantes; lamentablemente nos tocó el que no hayamos alcanzado habitación, pero nos vamos a quedar aquí hasta que haya habitaciones disponibles, los días que aún nos resta por disfrutar”, comentó Lorena Chávez Murillo, quien atendía a su pequeña hija y a los miembros adolescentes de la familia, para darles un “tentempié” antes de buscar un restaurante para la hora de comida.
Después de un chapuzón en el mar, y luego de seis horas en el Camarena, los Chávez se organizaron para comprar bebidas y algo para botanear.
“Ya es hora de la comida y pues aquí hay muchos restaurantes, sólo esperamos que no nos vayan a cobrar de más”, comentó la señora Armida.
El área donde montaron sus recién compradas casas de campañas, es justo atrás del Golfito, lugar que luce abandonado desde hace varios años y que, ante la falta de baños públicos gratuitos, las familias que llegan a acampar, defecan y orinan cerca del módulo que funcionó como caseta los años que duró el espacio de entretenimiento en la playa.
El espacio es insalubre, huele mal y a pesar de que hay letreros caseros en los que se puede leer “prohibido orinar aquí”, o “no tire basura”, las áreas adyacentes se utilizan como baños al aire libre y la basura es amontonada allí mismo, pues tampoco hay cestos suficientes para la basura.
Los Chávez comentaron que a pesar de la aventura de llegar a Acapulco, sin haber garantizado su hospedaje, prefieren venir a disfrutar de este puerto, en lugar de pagar “un dineral” en los balnearios que hay en ciudades como Tlaxcala o Morelos.
“La playa es incomparable, allá el agua se calienta por la pipí de los que usan la alberca y aquí el calorcito es rico, los niños se divierten más y aunque a veces venimos en grupo, disfrutamos mucho de Acapulco”, comentó la señora Lorena Chávez.
Con el fin de disfrutar de los pocos días en los que “el país completo descansa”, esperan volver a su natal Ecatepec sin ningún contratiempo y después de haber disfrutado los cinco días que tienen programado quedarse en el puerto, aunque también esperan tener un recorrido tranquilo en la carretera y con menos tráfico que con el que se toparon en su camino a este destino de playa, pues tardaron una hora más de lo normal en llegar a Acapulco.

468 ad