“Siento que ya no tengo la suficiente vitalidad para seguir luchando por estos pueblos”: Pablo Sandoval
*Rememora la represión del gobierno de Ávila Camacho, la caída de Caballero Aburto y el fiasco con Zeferino Torreblanca
Zacarías Cervantes
Chilpancingo
A sus 95 años, el veterano luchador social Pablo Sandoval Cruz arrastra los pies, como las palabras. Pero no es por falta de vitalidad, sino porque se recupera de la tercera recaída por el padecimiento de dos fracturas, una dorsal y otra lumbar, y ante ello lamentó que ya no tenga la suficiente vitalidad para seguir luchando, como lo ha hecho siempre.
En entrevista ayer en su domicilio de la popular colonia del PRD, ubicada al poniente de Chilpancingo, reveló que tres episodios marcaron su vida y lo hicieron ser un hombre de pensamiento de izquierda: el rapto que sufrió por parte de su propio padre a los 8 años, los beneficios que recibió de la educación cardenista en los años 40 y el movimiento de 1960 que terminó con la caída del tirano gobernador Raúl Caballero Aburto.
De hablar pausado, como es su estilo, Sandoval Cruz, quien durante décadas luchó por un cambio de gobierno en Guerrero, lo que significaba la derrota del PRI, dice que cuando esto se dio con Zeferino Torreblanca Galindo estuvo satisfecho hasta que tomó posesión, mientras que de Ángel Aguirre Rivero dijo que “nos ha dado una tajada de democracia y con eso nos sostenemos”.
Manifestó, además, que hoy su preocupación es saber “cómo vamos a salir bien librados los que nada tenemos que ver en la próxima rebatinga por la candidatura a gobernador, pues hay, creo, de 10 a 12 candidatos, y como que no veo muy civilizado y muy democrático este proceso que va a venir, pero en fin, ojalá y me equivoque”.
En el recibidor de su casa, el veterano luchador social compartió detalles de su vida.
Nació en el pueblo de Acatempan, municipio de Teloloapan, en la Zona Norte del estado, un 29 de junio de 1918. A su pueblo le gusta llamarle “Histórico Acatempan” porque allí cerca se dieron el abrazo el insurgente Vicente Guerrero y el realista Agustín de Iturbide.
El primer acontecimiento que marcó su vida fue el rapto que sufrió de su propio padre a los 8 años, cuando violentamente lo sustrajo de su casa de Acatempan, en donde vivía con su madre, para llevárselo a Tlacotepec, a donde su padre se había ido a vivir y trabajaba la talabartería, después de haberlos abandonado.
“Un día se le ocurrió regresar, pero sólo para llevarme a la fuerza, a esa edad en la que uno no quiere salir de la casa. Yo quería seguir con mi madre. Recuerdo que había un pozo de agua y me metí allí para que no me encontrara, pero me encontró y me sacó. Después corrí y me trepé a un árbol, pero él con mucha facilidad se subió y me bajó. Yo no encontraba sosiego ni dónde esconderme hasta que me llevó por la fuerza”, rememoró.
Recordó que, entonces, iba enfermo, “me enfermaba muy seguido de chico, tenía una enfermedad que se llama escrófula, pero aún así me llevó”.
Ese día era ya tarde y se quedaron a dormir en el monte, donde soñó que un hombre, grande, fuerte y cacarizo se lo robaba. Despertó asustado sólo para confirmar que quien se lo robaba era su padre. Esa noche intentó nuevamente escapar, pero su padre lo volvió a atrapar y al día siguiente se lo llevó a Tlacotepec.
Contó que ese episodio lo marcó para siempre, por sus múltiples intentos para liberarse de su propio padre, lo cual no logró.
El siguiente acontecimiento que lo formó fue en los años 40, cuando estudiaba medicina en el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, “cuando no nos faltó nada, éramos los consentidos, éramos los hombres del futuro porque nos educaron bajo el artículo tercero constitucional que habla de una enseñanza socialista, no porque el país fuera socialista, sino por las ideas que eran socialistas dentro del Artículo Tercero Constitucional”.
“Nosotros (él y sus compañeros) gozamos de esos privilegios, teníamos los mejores maestros que venían de Sudamérica, en donde la mayoría de los gobiernos eran totalitarios y la gente de izquierda se tenía que refugiar en alguna parte y el país que escogían era México porque abrió las puertas hacia todo el perseguido político que luchaba por tirar a su régimen y adoptar un régimen democrático”, recordó.
Dijo que muchos de esos maestros fueron los que le dieron desde la preparatoria sus conocimientos, “gracias a que el gobierno del general Lázaro Cárdenas me dio una beca, fue una cosa esplendorosa porque tenía todo: alimentación, ropa, incluso un ‘pre’ que era un efectivo de 7 pesos cada semana para gastos menores y con lo que podía ir a ver el ballet de la Unión Soviética cuando venían a México”.
Dentro de este mismo periodo, Sandoval Cruz recordó que vivió otro episodio y fue uno en el que le tocó vivir la represión en el gobierno del presidente Ávila Camacho, en 1941, “cuando el PRI mostró la cara de la militarización, la de los policías y marinos”.
Entonces Ávila Camacho quería destruir las escuelas del Instituto Politécnico, “especialmente la mía de Medicina y la de Arquitectura”, de tal manera que un día que circunstancialmente Sandoval Cruz encontró al presidente, lo encaró: “oiga –le dijo— ¿por qué quiere destruir nuestras escuela, qué es lo que tiene con ellas?, y me respondió: no quiero que ustedes salgan como profesionistas hechos al vapor”.
Después se vendría una huelga estudiantil y ya para entonces Sandoval Cruz participaba en las Juventudes Comunistas y en seguida vendría la represión por el Ejército, la policía y los bomberos, con resultado de tres estudiantes muertos, una de ellas una jovencita muerta a bayonetazos, al enfrentarse a los soldados.
Dijo que allí aprendió que el gobierno tiene dos caras: cuando son honestos y limpios, como el de Cárdenas, y cuanto son tiranos y malos y usan a los elementos armados para poderse sostener como gobernantes, como el de Ávila Canacho.
“Yo creo que desde entonces empecé a tener conciencia de que nunca, nunca, yo dejaría de luchar a favor de las causas nobles, o como dice la gente, sería un luchador social”, dijo.
El tercer episodio que vivió fue el movimiento social de 1960 que terminó con la masacre de 17 personas frente a lo que era entonces el Colegio del Estado y la Alameda Granados Maldonado, que fue la causa del derrocamiento del gobernador Raúl Caballero Aburto.
Del caso recordó que se involucró siendo profesor del Colegio del Estado en la materia de “conocimiento de adolescentes” y después, cuando comenzó el movimiento, lo nombraron presidente de la Sociedad de Padres de Familia.
Explicó que “poco a poco me fui involucrando, pero estuve al lado de los jóvenes desde que comenzó el movimiento, que fue en marzo o en abril, a partir de que dio su tercer informe el gobernador Raúl Caballero Aburto”.
Dijo: “de ese tiempo recuerdo que cuando planteaban la solución del pliego petitorio que era básicamente estudiantil, el gobernador siempre se mostró muy déspota”, y que el rompimiento del movimiento con el gobernador fue cuando el dirigente estudiantil Jesús Araujo Hernández le pidió la firma de una minuta con la que se resolvería todo, “es decir ya no iba a haber huelga ni nada, pero entonces el gobernador muy envalentonado se levantó y con su mano derecha golpeó la mesa y dijo: yo soy militar y sé cumplir mi palabra escrita o no escrita, así que si no quieren creer en lo que hemos acordado aquí se termina todo, y con esas palabras altisonantes y groseras se despidió de nosotros y se fue, pero al querer abordar su coche no pudo porque las llantas ya se las habían ponchado y se enojó mucho más porque se tuvo que ir caminando. Así el movimiento reiniciaría con más belicosidad”.
Satisfecho de Zeferino hasta que tomó posesión
—En Guerrero durante décadas la izquierda buscó un cambio, ¿Pablo Sandoval se siente satisfecho del cambio de partido en el gobierno? —se le preguntó al veterano luchador social.
—Yo estuve satisfecho hasta que Zeferino Torreblanca tomó posesión, luego comencé a ver que no era cierto lo que nos decía. Yo anduve cerca de él, me presentó a su papá, a sus hermanos cuando la ocasión se daba. Me tenía confianza, así de bronco como es, y yo también le tenía un poco de confianza.
“Pero desde el momento en que empezó a tener una actitud muy alejada de los principios que realmente debe tener un gobernante democrático hacia sus gobernados, en el sentido de favorecerlos, me alejé de él”, señaló.
Recordó que el ex gobernador ofreció muchas cosas en campaña que no cumplió, como comprarles a los productores agrícolas del estado sus productos para surtir a los hoteles de Acapulco y para no trajeran alimentos de México como verduras y frutas.
Agregó que tampoco cumplió respecto a la construcción de escuelas y la entrega de becas a los estudiantes, “a pesar de que nosotros le propusimos que le diera preferencia a la juventud”.
Dijo que también desatendió su petición personal para que se revisaran los expedientes de los presos políticos, que se revisara por qué estaban encarcelados, “porque muchos de ellos ni siquiera sabían por qué estaban presos”.
Sandoval Cruz también le pidió al entonces gobernador Zeferino Torreblanca que elaborara una ley de amnistía para que se atendieran estos casos, pero tampoco lo escuchó.
“Cosas de esa naturaleza yo le decía que era necesario corregir para que su gobierno tuviera una base sólida entre las masas populares, pero él sólo decía que sí lo iba a hacer, pero que necesitaba de tiempo”, expresó.
Sin embargo dijo que en la medida que avanzaba el gobierno zeferinista cada vez se aliaba mas con los ricos, con los caciques y con los empresarios, “por eso empecé a criticarlo y a criticarlo, y ahora yo le tengo que agradecer que nunca me haya encarcelado y que no pisé la cárcel como lo hizo Rubén Figueroa Figueroa, quien sí me metió a una cárcel clandestina”.
“Al final yo me separé del régimen de Zeferino y quedamos cada quien en su meta, renuncié al PRD y a cualquier actividad afín de su gobierno para mantenerme sólo como una persona crítica, pero de su gobierno nunca hubo alguna cosa favorable, todo siguió igual”, sostuvo.
—¿Y Ángel Aguirre?
—Yo diría que Ángel Aguirre nos ha dado una tajada de la democracia y con eso nos sostenemos.
—¿Usted ve, entonces, que hay una diferencia entre el gobierno de Zeferino y el de Ángel Aguirre?
—Sí, mucho, porque aquél, Zeferino, solamente decía pero nunca hacía. El gobierno de Ángel Aguirre va consiguiendo algunas cuestiones. Por ejemplo ahora con el problema de los damnificados, creo que le fallaron sus funcionarios que recibían las despensas, pues todo lo que mandaban de otros estados no lo distribuyeron.
Del proceso electoral que se avecina, dijo que “el problema va a ser la rebatinga, porque hay como 10 o 12 candidatos y realmente eso no es favorable por los pleitos tremendos que se van a dar, pero bueno, así se dan las cosas y esperemos que salgamos bien librados todos los que no vamos a tener que ver en nada en estas elecciones, porque como que no veo muy civilizado y muy democrático este proceso que va a venir. Pero en fin, ojalá y me equivoque”.
A sus 95 años, y a pesar de sus padecimientos, el veterano luchador social actualmente desarrolla la gestoría para la construcción y la terminación de la carretera Tixtla-Mochitlán, pasando por Tecozintla y Zacazonapa.
El presidente Ejecutivo de la Asamblea Popular de los Pueblos de Guerrero (APPG) dijo al final que “lo que siento es que ya no tengo la suficiente vitalidad para seguir luchando más por estos pueblos”.




