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Con testimonios de familias víctimas de violencia, la procesión en La Laja

Participan unas 300 personas en la representación del viacrucis

Karina Contreras

Unas 300 personas participaron en la representación del viacrucis en la iglesia de La Laja, donde en las 15 estaciones se leyeron historias de familias que han sufrido violencia como secuestros, extorsiones y asesinatos, pero también testimonios de la bondad que hay en algunas personas, las cuales fueron entrelazadas con los pasajes de la Biblia que relatan el día en que Jesús fue crucificado.
El viacrucis inició a las 10 de la mañana y partió de la unidad habitacional Ejército, ubicada en la avenida Ruiz Cortines, para dirigirse a la parroquia Nicolás de Bari.
Durante dos horas familias completas avanzaron lentamente por un carril de la avenida Ruiz Cortines mientras rezaban y pedían por la paz y el cese de la violencia.
Con dos bocinas montadas en una camioneta, las personas iban rezando mientras varios hombres se turnaron para cargar la cruz de madera de unos 20 kilos, mientras otros llevaban la imagen de María con su velo negro y vestida de morado.
Al iniciar un católico leyó: “acompañemos a Jesucristo en el camino de la cruz, con mucho pesar por el dolor que ha dejado la violencia en nuestras calles, por el sufrimiento de tantas familias que han perdido a sus seres queridos, por la grave situación de pobreza que afrontan, por el desempleo, la falta de oportunidades y las múltiples violencias que afectan los hogares”.
En cada estación fueron colocadas mesas con mantel blanco y adornos morados y ahí se escuchaba algún problema y se oraba por los afectados.
En la primera estación, cuando Jesús es condenado a muerte se leyó el caso de la familia Rico Hernández, que sufre de hambre y desempleo, y se indicó que el padre perdió su trabajo y no tienen para comer; que la mamá lava ajeno pero apenas les alcanza para pasajes, que viven en una casa rentada y todos los días se levantan con la incertidumbre de qué comerán.
En la segunda estación, cuando Jesús carga con la cruz, se leyó el caso de otra familia que perdió todo su patrimonio, pues su casa y pertenencias han quedado abandonadas debido a que se fueron por la inseguridad, que tuvieron que hacerlo ante el dolor de parientes arrebatados por los criminales.
Le tocó el turno a la familia Negrete Salinas, en la primera caída de Jesús, en la estación tercera; Ahí contaron que viven en la angustia de tener un hijo drogadicto, que pertenece a una pandilla y ha participado en actos vandálicos.
En la cuarta estación, donde Jesús se encuentra con su madre, se narró el caso de la familia Andrade Cruz, que sufrió extorsión en una llamada y les dijeron los criminales que ya sabían que de esa casa habían llamado para denunciarlos, que colgaron con temor y a los pocos minutos les tocaron a su puerta y dos hombres armados les exigieron 10 mil pesos.
Añadieron que al responder que no tenían esa cantidad les manifestaron los criminales que pasarían al otro día y que no se atrevieran a denunciar porque les quemarían su casa.
En la quinta estación, cuando Jesús es ayudado por el Cireneo, se leyó el caso de la familia Flores de Jesús que manifestó que está comprometida con la paz, que les preocupan las personas que han perdido a sus seres queridos y al igual que otros han sido afectadas por la inseguridad, pero saben que se tiene que hacer algo y a diario rezan el rosario por la paz y se dan tiempo para acompañar a quien tiene una necesidad.
En la sexta estación, cuando La Verónica limpia el rostro de Jesús, habló la familia Montes, que dijo que la paz volverá cuando se depure la policía.
En la séptima estación se habló de la desintegración de la familia Fuentes Lira, mientras en la octava de una familia que se integró al servicio misionero.
En la novena estación, cuando Jesús cae por tercera vez, se habló de la familia Hernández Juárez, que vive en la incertidumbre porque desde hace una semana está secuestrada una hija de 21 años, estudiante de arquitectura, por quien les piden un rescate millonario.
Dijeron los integrantes de esa familia que ya pusieron su casa en venta y su carro, y que sus amigos han pedido dinero en los semáforos. Ellos son trabajadores asalariados.
En la décima estación se habló de la violencia intrafamiliar que vive una señora a manos de su esposo, mientras que en la estación 11, cuando Jesús es clavado en la Cruz, se leyó el caso de la familia Juárez Salinas que perdió a su hijo al ser asesinado por hombres que le robaron su carro.
En la estación 12 se habló de la familia Oropeza, que reconoció que su familia se beneficia de la delincuencia pues su hijo se dedica a “cosas raras”, pues sin trabajar carga dinero y joyas.
En la estación 13 se habló de las familias que se organizan para ayudar mientras que en la 14 de los adultos mayores abandonados. Y la última estación se habló de la familia que logró sacar a su hijo de la delincuencia.
Al llegar a la iglesia, el sacerdote Jesús Mendoza Zaragoza ofició una misa donde se pidió por la paz y también por las familias que viven su propio viacrucis, que buscan el consuelo a través de Jesucristo.
Axhortó a los feligreses a que pasaran a besar la cruz y dar el pésame a la virgen María, así como a las familias que viven el dolor de un hijo asesinado o secuestrado, y a todos aquellos que han sufrido y han tenido que irse de su casa por la inseguridad.

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