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En el Treinta, “el dolor es lo que caracteriza la escenificación” de la Pasión de Cristo

Sin un solo policía o ambulancia que resguardara la seguridad de las poco más de 3 mil 500 personas que asistieron  a la edición número 48 del viacrucis de la Pasión de Cristo en el kilómetro Treinta, ésta concluyó sin contratiempos.
Como ya es tradición, la carretera federal México-Acapulco fue cerrada durante el tiempo que pasó la procesión en la que participaron 116 personas entre “actores” y personal de apoyo.
Sin embargo, lo que para el pueblo es un acto de fe,?para el director de la escenificación Hansel Montejo fue un reto por tratarse de una tradición arraigada a las costumbres del lugar donde creció, “donde el dolor es lo que caracteriza la escenificación”.
Hansel Montejo explicó que la representación este año tuvo algunas modificaciones en comparación con edición del año pasado, pues mantuvo un escenario “bajo el concepto de teatro vacío cuyo sostén es el trabajo actoral”.
Desde las 10 de la mañana, minutos después del temblor del 7.2 grados en la escala de Richter que cimbró este puerto, los habitantes de El Treinta prepararon diversos productos que pusieron a la venta para los visitantes que cada año llegan a disfrutar de la representación.
Cada sección de las calles del poblado por donde los espectadores veían pasar la escenificación tenía precio: un espacio en la terraza, 10 pesos; cinco pesos más si el usuario quería una silla, y los niños podían estar allí gratis.
A las 12:45, el área donde se realiza cada año la representación, lucía semivacío, aunque las partes donde había sombra sí comenzaban a ocuparlas.
Ya en la representación de la Pasión, al anuncio del “juicio a Jesús” le precedió una enorme polvareda que levantaron los pasos de los “soldados y sacerdotes que llevaban detenido al nazareno”.
Después de algunas fallas en el sonido, la siguiente escena comenzó sin audio, aunque con vistosos atuendos y con uno de los personajes montado sobre un caballo.
Así, mientras se desarrollaba el baile de Salomé para Herodes, una par de ráfagas de viento derribaron una parte de la escenografía del montaje, incidente que fue resuelto por el equipo de producción, pero que causó contratiempos en la escena en el palacio de Pilatos, donde los soldados tuvieron que detener con sus lanzas parte del castillo, para que no viniera abajo.
Además, los 39 latigazos fueron lanzados al ritmo de la canción del musical Jesucristo Superestrella, hasta que Poncio Pilatos lavó sus manos. La pieza fue enriquecida con coros en vivo de los demás actores.
Después del juicio a Jesús y los latigazos, comenzó el otro “calvario” para los actores y para los asistentes, pues recorrieron dos kilómetros de distancia hasta llegar a la colonia Liconsa, donde finalmente fue “crucificado el nazareno” después de las consabidas tres caídas, que se llevaron a cabo en diferentes casas del poblado.
Finalmente, Hansel Montejo explicó la preparación del montaje duró tres meses y antes de que arrancara la representación, los organizadores entregaron reconocimientos a los “actores que representaron el papel de Jesús en ediciones pasadas”, así como a todas las personas que han colaborado durante varios años. (Karla Galarce Sosa).

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