Fernando Lasso Echeverría
¿Por qué se sigue afirmando que el de Colosio fue un crimen de Estado?
1.- El mitin del candidato presidencial del PRI se llevó a cabo –en contra de la opinión de expertos en la materia– en un sitio más adecuado para una emboscada, que para un evento político de esa naturaleza, y casualmente, en la única entidad federativa con gobierno de oposición.
2.- Había una pésima (e inexplicable) relación entre el candidato y el general Domiro García Reyes, encargado de las funciones de seguridad del equipo de campaña; a pesar de ello, Luis Donaldo Colosio no pudo cambiarlo. En este punto cabe mencionar el también enigmático nombramiento del torpe político Ernesto Zedillo como coordinador de campaña, quien en su corta vida pública jamás había ocupado un cargo de elección popular y por lo tanto ¿qué sabía don Ernesto de campañas políticas? Existe la certidumbre también de que Zedillo no era gente de confianza de Colosio, ni del equipo de éste.
3.- El extraño rechazo de los cuerpos policiacos profesionales de Baja California, que los organizadores del mitin hicieron, y cambiaron por 45 ex policías judiciales, encabezados por José Rodolfo Rivapalacio (también ex judicial) dirigente del Consejo Político Municipal quienes, por cierto, jamás tuvieron una reunión previa con los encargados oficiales de la vigilancia para planear su organización. Agregado a esto, Domiro confesó –sin dar explicaciones al respecto– que ningún miembro de los comisionados en la vigilancia llevaba algún distintivo que sirviera para identificarse entre ellos.
4.- La existencia de los “Aburtos”: cuatro individuos con mucho parecido físico entre sí, que fueron sorprendidos en situaciones sospechosas en la ejecución del atentado: a) El que agarraron y golpearon en el momento del asesinato, quien señalaba a Vicente Mayoral Valenzuela como el que efectuó el disparo; b) El que llegó como detenido a la prisión de alta seguridad, con muchas diferencias físicas con el capturado (lóbulos de las orejas por ejemplo) detectadas por expertos como el perito criminólogo Dr. Eduardo Muriel, quien las publicó oportunamente sin ningún resultado; c) Jorge Antonio Sánchez Ortega, el “Aburto” que fue capturado por policías tijuanenses, con la camisa ensangrentada, y quien a pesar de ser miembro del Cisen, en vez de apoyar a las autoridades en esas circunstancias tan terribles, huía apresurado y sospechosamente del lugar. A Sánchez Ortega se le practicó una prueba para ver si había disparado un arma, y salió positivo; este dato, aunado a la chamarra ensangrentada, lo hacían un sospechoso muy importante, sin embargo, la policía local fue obligada por los federales a liberarlo; y d) El “Aburto” encontrado muerto a balazos –minutos después del atentado– en un taller mecánico ubicado cerca de Lomas Taurinas, y que en las pocas fotos del cadáver publicadas en diarios nacionales, tenía también un parecido asombroso con los otros tres “Aburtos”. Fue identificado como Ernesto Rubio Mendoza y había entrado al taller huyendo de sus asesinos, quienes también mataron al dueño del taller, para evitar testigos. Aquí es de preguntarse: ¿cuál fue el papel de este “Aburto” en el atentado? y ¿cuántos “Aburtos” más (no descubiertos o utilizados) habría en el mitin político?
5.- Los errores tan elementales que se cometieron en las primeras horas posteriores al atentado, como no preservar la escena del crimen, donde los peritos ministeriales y periciales reconstruyeron los hechos sin seguir un protocolo; la necropsia se realizó ante demasiadas personas, entre médicos y miembros del EMP, con una deficiente descripción del cadáver y sin establecer el plano de sustentación que permitiría determinar la trayectoria de los disparos. Además, por un “descuido”, los peritos “lavaron” la ojiva hallada en Lomas Taurinas, hecho que provocó obviamente, la pérdida de cualquier huella en ella, sin embargo, al respecto, es conveniente recordar que tanto la bala como la pistola, fueron entregadas por el EMP muchas horas después del evento, dando cabida a la duda sobre su autenticidad. Por otro lado, es de recordarse la acelerada construcción de una plazoleta en el lugar del crimen, que modificó totalmente el escenario, haciendo imposible con ello el posible hallazgo de otras pruebas, como el descubrimiento de un casquillo, que confirmaría el uso de dos pistolas accionadas por dos individuos distintos, y en general, una reconstrucción posterior de los hechos.
6.- En la investigación de este crimen el gobierno federal ejerció la facultad de “atracción” a favor de la PGR, aunque por ley correspondía en primera instancia al gobierno local al tratarse de un delito del fuero común. Sin una justificación legal convincente, el objetivo real fue dejar fuera a los gobiernos de Baja California y Tijuana, que presidían los panistas Ernesto Ruffo Appel y Héctor Osuna, respectivamente. Esta marginación inició incluso antes: el 21 de marzo, integrantes del grupo de seguridad para el mitin, por órdenes expresas del líder del PRI en Tijuana, Antonio Cano Jiménez, se entrevistaron con el director de Seguridad Pública municipal, Federico Benítez López, pidiéndole que ningún policía local estuviera presente en el mitin, excepto cuatro motociclistas para despejar la calle de acceso. El funcionario aceptó, pero envió unilateralmente a elementos del Grupo Táctico Especial al parque Reforma, cercano a Lomas Taurinas. Después, a las autoridades estatales y locales se les impidió participar tanto en el interrogatorio a Aburto como en la autopsia al cadáver de Colosio, aunque por ley estaban obligadas a estar presentes.
7.- La inexplicable desaparición del detenido durante hora y media, tiempo en el cual no se supo a ciencia cierta quiénes lo tenían, en dónde lo tuvieron ni qué hicieron con él. Posteriormente, se supo que el gobernador de Sonora en ese momento don Manlio Fabio Beltrones, tuvo en su poder parte de ese tiempo “perdido” al primer “Aburto” capturado. Aquí surgen los siguientes cuestionamientos: ¿qué hacía en Tijuana el gobernador de un estado vecino? ¿Con qué facultades interrogaba don Manlio Fabio oficiosamente al detenido? En ese tiempo “extraviado”… ¿cambiaron al primer “Aburto”, por el que está preso?
8.- La afirmación del “Aburto” preso, de que recién detenido le administraron sustancias desconocidas que le hicieron olvidar sus declaraciones originales; en este punto, vale la pena recordar que las declaraciones de este sujeto aparecidas en la prensa nacional un día después, eran totalmente incoherentes, incomprensibles y llenas de vacíos informativos que las hacían totalmente inútiles, para concluir algo.
9.- Las aseveraciones del padre del “Aburto” preso –radicado en Estados Unidos– de los siguientes puntos: a) El hombre que agarraron en Lomas Taurinas, en el mitin político, no era mi hijo; mi hijo es el que está preso en Almoloya; b) A mi hijo nunca le agradaron las pistolas, y nunca ha poseído ninguna; c) Los textos políticos atribuidos a mi hijo, no corresponden a su caligrafía, y lo que en ellos se plasma no corresponde a su capacidad intelectual, pues él sólo había estudiado hasta tercer año de secundaria, y d) Que él creía que las declaraciones de su hijo confesándose culpable habían sido forzadas por medio de alguna amenaza en contra de su familia, hecho que había motivado a los Aburto a solicitar asilo político al gobierno norteamericano.
10.- El gran número de personas relacionadas con el hecho, muertas días o semanas después del evento, en circunstancias extrañas y con poco tiempo entre una y otra, supuestamente por enfermedades, accidentes o asesinatos no aclarados. Destacan entre ellas, el asesinato de Federico Benítez López, director de Seguridad Pública en Tijuana, quien realizaba una investigación paralela sobre el magnicidio, y el de Arturo Ochoa Palacio, delegado de la PGR en Baja California, quien ordenó filmar el video más conocido del crimen: aquel donde se ve durante varios segundos, una mano firme, apuntando cuidadosamente a la sien del candidato, hecho que contraría la versión del Aburto preso, que afirma que le empujaron el brazo en el momento del disparo.
Son muchas pues, las situaciones sospechosas, que obligan a la población pensante del país a dudar de los resultados logrados por esas desprestigiadas comisiones investigadoras, encargadas por el gobierno de difundir un veredicto oficial perdido en la inmensidad irreal de los resultados de las famosas comisiones, cuyo único propósito –al parecer– fue el de confundir y cansar a la población con tantas declaraciones, que en muchos casos se contraponían.
José Agustín Ortiz Pinchetti (ex consejero ciudadano del IFE) en su libro Reflexiones privadas, testimonios públicos, escribe lo siguiente, en relación al asesinato de Colosio: “Todas son especulaciones, pero lo que parece evidente es que no fue un loquito aislado o un grupo de locos, los que querían asesinar al candidato del PRI. Fue gente importante, que pudo infiltrar a la ‘guardia de corps’ de Luis Donaldo. Que tuvo información precisa de los eventos políticos en los que estaría ese día. Que sabían por donde se movería y a qué horas; porqué ruta específica bajaría del templete hasta la camioneta. Que contaron con la complicidad, por lo menos, de parte de su guardia. Gente que tuvo la fuerza suficiente para trabar la investigación, para destruir las evidencias, para burlar al Procurador Valdés, si éste quería hacer una investigación en serio; que pudieron desaparecer testigos”.
El periodista Federico Arreola, que vivió de cerca toda la campaña del candidato Colosio, escribió en un párrafo de su libro Así fue, lo siguiente: “Si se me preguntara si yo ubicaría a Ernesto Zedillo entre los posibles sospechosos de haber asesinado a Luis Donaldo Colosio, respondería que sí. Como respondería afirmativamente si se me preguntara lo mismo, acerca de Carlos Salinas, de José Córdoba Montoya o Manuel Camacho. Carezco de elementos para acusar a nadie, pero creo que el coordinador de la campaña, candidato sustituto y presidente de México entre 1994 y el año 2000, no se le ha investigado lo suficiente. Como no se ha investigado lo suficiente a los otros tres”.
No obstante todo lo anterior, es claro que en este asesinato perfectamente planeado y organizado por gente experta en ello, que cumplían órdenes de gentes poderosas, perversas y enfermizas, difícilmente será aclarado, y con seguridad, los responsables intelectuales morirán en su lecho de viejos, tranquilamente y sin culpa alguna, asistidos por algún distinguido obispo, parecido a don Onésimo Zepeda.
* Presidente de Guerrero Cultural Siglo XXI.




