Jorge Camacho Peñaloza
Es hora de dar respuestas
*Curiosamente, los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado. Alberto Moravia.
El mes de marzo de este año casi tres cuartos de la población mayor de 18 años del país considera que es inseguro vivir en la ciudad en la que radica, cifra mayor en 4.4 por ciento en relación con diciembre, y esa misma población en los últimos tres meses ha escuchado o visto en los alrededores de su vivienda situaciones como consumo de alcohol en las calles (69%), robos o asaltos (66.4%), vandalismo (56.5%) y venta o consumo de drogas (40.2%), según cifras del Inegi.
De acuerdo con la encuesta de esta institución, las expectativas de la gente ante la inseguridad es que en los próximos meses va a aumentar, que empeorará, además de que ha tenido que cambiar sus rutinas cotidianas relacionadas con llevar cosas de valor, caminar después de las ocho de la noche, permitir que salgan sus hijos menores o visitar a parientes y amigos.
En cuanto a la percepción que la gente tiene de la efectividad de las policías, el 70.2 por ciento considera que son poco o nada efectivas en su desempeño y labores para prevenir y combatir a la delincuencia, y seguramente que una de las razones de esta ineficacia es que los gobernantes las siguen viendo como trabajadores de segunda al servicio de su propia seguridad y las de sus familiares, y que muchos de los elementos trabajan para el enemigo.
Estas cifras ilustran el argumento que quiero poner aquí y que sin ellas podría parecer una exageración afirmarlo: somos una sociedad sin seguridad, que vivimos en medio del temor, que se siente indefensa ante la incapacidad de las instituciones para combatir a quienes se dedican a obtener lo que por medio de una actividad lícita no pueden.
En Guerrero, como en casi todo el país la seguridad pública atraviesa una seria crisis. Pobladores de comunidades, comerciantes, servidores públicos, magisterio, políticos y ciudadanía en general vivimos presos del temor a ser objeto de la delincuencia organizada que mantiene asolados a los guerrerenses.
Es un hecho preocupante porque poco a poco divorcia a la sociedad de su gobierno, deslegitima a las instituciones y coloca a los pueblos y colonos en la disyuntiva de defenderse por sí solos.
Ahora tocó al diputado Olaguer Hernández Flores, quien fue privado de su libertad por individuos en un centro comercial ubicado al sur de la capital del estado.
Como diputado representante de la ciudadanía en uno de los tres poderes públicos, en nombre de ella hago las siguientes interrogantes:
¿Cómo puede ser posible que se prive de su libertad a un ciudadano en una concurrida plaza comercial? ¿Qué corporación policial tiene la responsabilidad de garantizar la seguridad en esa plaza y área que se ubica en la capital del estado?
¿Qué medidas de disuasión o reacción se tienen previstas para enfrentar una privación de la libertad de un ciudadano en una plaza pública?
¿A qué se debe la incapacidad o ineficiencia de los operativos de seguridad que no han podido contener las extorsiones y secuestros en el estado? ¿Cuál es la razón por la que no han funcionado los operativos con la participación de los tres niveles de gobierno?
Estas interrogantes nos las hacen día a día nuestros representados, hay muchas más que por espacio mejor dejo estas aquí, se necesitan respuestas, no a mí sino a la sociedad.
Es necesario dar respuestas, porque no es posible vivir además de con temor, con incertidumbre. Los tres niveles de gobierno deben decirle a la sociedad qué está pasando con la inseguridad, el crimen organizado, por qué está avanzando, por qué no avanza su combate, por qué no dan resultado las acciones, por qué una plaza tan concurrida no está cubierta por las instituciones de seguridad, quién está fallando. Necesitamos respuestas, ahí están las preguntas. Queremos la presentación con vida de nuestro compañero diputado.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A quien quiera y pueda responder, que no es por ofender, pero alguien nos tiene que defender, porque no queremos perder a nuestro compañero Olaguer.




