Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Federico Vite

Espacio para el asombro

Sobre el escritor austriaco Peter Hanke hay muchos rastros, anécdotas y, por supuesto, obra traducida al castellano. De él, me asombra la capacidad que tienen para poner? el ojo en ciertos aspectos en los que el rasgo humano parece mucho más notorio, enternecedor y apabullante. Habla del odio, la necedad e incluso la transparencia melancólica del solitario.
En su cuaderno de notas de 705 páginas, titulado?Ayer, de camino?y publicado por Alianza en 2011, Hanke muestra algunas de los detonantes de su obra,?casi siempre nacida de la aguda reflexión.?Pasea por el mundo, camina su pueblo austríaco, Dubrovnik, Londres, Edimburgo, París, Atenas, Tokio, Anchorage, Linares, Sevilla, Ronda; al modo de?Rilke, Gerona, Font Romeu, Santiago, La Coruña, entre otros lugares que le han servido para entener la obra de algunos de sus héroes literarios.
A Hanke lo acompañan fantasmas de escritores (Goethe,?Basho,?Spinoza) con quienes conversa y añora.?Ayer, de camino. Anotaciones, noviembre de 1987 a julio de 1990?extiende la emoción contenida de Hanke, hace de ella un convite íntimo, una larga discusión sobre las pasiones reales de quien está interesado en escribir sobre la experiencia de habitar el mundo. Hanke arrastra su memoria de modo fragmentario para decirle a los lectores que la única certeza para un escribir son los malabares de la emoción. Cada rutina es un ritual, pareciera explicarnos, y en cada nota de este documento se cincela una preocupación legítima, un recorrido hacia el espíritu, una senda en la que el buscador dramático del sentido tiene una conclusión: “La literatura también es producto de las imágenes del espacio interior”.
Me pasma que alguien vaya por la vida sintiendo todo: la luz, el arco dramático de una mirada, el silencio austero de un omnibús que transita con las luces pagadas o una estatua nacida desde la pulsión oscura de algún italiano siniestro. Peter Handke es mi? termómetro del asombro.
En?El peso del mundo?(Adriana Hidalgo, 330 páginas, 2003), Handke necesita estar solo. Las visitas lo perturban, disfruta la estancia en una ciudad únicamente cuando lo dejan solo. “Un escritor o cualquiera que ya no soportara estar solo no podría interesarme”, dice para intentar definirse. Este diario es un muestrario de las manías, es el color del paisaje interno de este hombre que diera la impresión de volver al territorio de la infancia. Los niños, en este libro, son opacos, no conocen la histeria y hacen del ensimismamiento una vocación. Escribe para recordar esa versión austera de sí mismo, el inventor de los juegos, el tipo que carga a todas partes la pesadez de la Tierra, esa región habitada por los espectros del Hanke que fue y carece de reinvención para instalarse cómodamente en el mundo exterior. “Durante mucho tiempo de mi vida rechacé con toda mi alma el mundo exterior y ahora que creo estar abierto a él, el mundo exterior ataca mi cuerpo. ¡Ojalá de una vez por todas, como ahora, el miedo a la muerte, amenazante y ensordecedor, se convierta en un tranquilo dolor corporal! (Ya ni me escucho a mí mismo)”, confiesa el escritor. Y agrega: “Escribir para darle a la juventud la dignidad que se le niega en la vida”.
El peso del mundo, confiesa el polemista,?“son anotaciones que no?fueron planeadas inicialmente como aparecen aquí. Comencé a escribirlas con la intención de darles un marco narrativo. En consecuencia, mi cerebro tradujo las percepciones cotidianas al código en el que iban a ser expresadas; es más, las percepciones mismas, aun las que surgían más casualmente, ya estaban orientadas a ese eventual objetivo. Las impresiones y vivencias que no podían adecuarse al modo de referencia común, es decir, a la forma literaria elegida de antemano, fueron dejadas de lado: podían ser olvidadas. Precisamente en el estado de concentrada atención que había alcanzado para estas anotaciones, me resultó llamativo ese olvido cotidiano. Muy pronto me pareció un desperdicio y comencé a conservar en la memoria también aquellos fenómenos de la conciencia que no servían al proyecto. Esto es un diario, un recuerdo de algo que estoy siendo”.
Hanke, al leerlo, me demuestra que la vitalidad, casi como un precepto?nietzscheano, es el reflejo del asombro. Eso es todo. Todo. Que tengan un buen martes.

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