Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Uriel Leal Ramírez*

El voto en el extranjero, la reforma electoral pendiente

  a demanda de que se permita el voto de los mexicanos en el extranjero no es nueva. En 1929 una editorial del diario hispano La Opinión, de Los Angeles ya hacía esa solicitud al presidente Plutarco Elías Calles. En la actualidad existen en Estados Unidos varias organizaciones de mexicanos que promueven el ejercicio de este derecho político. Sin embargo, es hasta mayo de 1995 cuando el tema se incluye de forma expresa en la agenda para la reforma política del Estado, acordada por todos los partidos con representación en el Congreso federal.

En abril de 1996 se presentó formalmente el documento con los acuerdos alcanzados por los cuatro partidos políticos nacionales de aquel entonces: hacer posible el voto de los mexicanos en el extranjero, modificando el artículo 36 constitucional sólo para la elección presidencial. El 20 de marzo de 1997 se publicaron en el Diario Oficial de la federación reformas y modificaciones a los artículos 30, 32, 36 y 37 de la Constitución General de la República.

Estos cambios constitucionales abrieron la posibilidad para que los connacionales residentes en el extranjero incluso con otra nacionalidad pudieran participar con el voto activo en las elecciones presidenciales, sin embargo, esta posibilidad quedó condicionada al estudio que presentaran, especialistas en diversas disciplinas relacionadas con la materia electoral, designados por el IFE y a la integración del Registro Nacional Ciudadano (Renac), así como la expedición de la cédula de identidad ciudadana que sustituiría a la actual credencial de elector, actividad que sería realizada por la Secretaría de Gobernación.

El 29 de abril de 1998 el IFE acordó la creación de la comisión que se integró el 12 de mayo del mismo año. A lo largo de seis meses, la comisión de expertos realizó los trabajos de investigación, análisis y sistematización de la tarea encomendada. La comisión concluyó “que es técnicamente viable llevar a cabo la elección presidencial en el año 2000…”, destacando las siguientes opciones con base a la experiencia extranjera.

1.- Voto en casilla ordinaria con lista nominal y credencial para votar con fotografía.

2.- Voto en casilla ordinaria, con lista nominal y tarjeta de identificación electoral con fotografía (identificación distinta a la credencial de elector).

3.- Voto en casilla especial, sin lista nominal y credencial para votar con fotografía.

4.- Voto en casilla especial, sin lista nominal y tarjeta de identificación electoral con fotografía.

5.- Voto a distancia, con lista nominal y credencial para votar con fotografía (por correo).

6.- Voto a distancia, con lista nominal y credencial para votar con fotografía (por teléfono).

7.-Voto a distancia con lista nominal y tarjeta de identificación electoral (por correo).

8.- Voto a distancia con lista nominal y tarjeta de identificación electoral (por teléfono).

Dicho informe incluyó además diversas proyecciones de gastos por elector y total dependiendo de la modalidad adoptada.

Los estudios realizados por la comisión de especialistas encontró además que de los casi once millones de connacionales en el extranjero, el 10.3 se encuentra ubicado en los Estados Unidos, la otra parte se encuentra distribuida en otros países.

Por su parte, la Secretaría de Gobernación  informó al Instituto Federal Electoral que no era posible contar sobre todo con el documento de identificación ciudadana por cuestiones técnicas:

El 10 por ciento de las actas de nacimiento registradas en el país tenían inconsistencias.

El 5 por ciento de la población del país no contaba con un acta de nacimiento.

Para salvar estas inconsistencias, el secretario de Gobernación expuso que se requería de más tiempo y recursos, por lo que la cédula de identidad nacional se podría tener para el año 2002.

Conclusión

Independientemente de las razones técnicas, políticas o económicas que pudieran argumentar las dos instituciones encargadas de concretizar esta importante tarea electoral, lo cierto es que un gran número de mexicanos radicados en el extranjero quedaron sin sufragar el 2 de julio del 2000. Unicamente se instalaron 133 casillas especiales en la frontera norte y según Los Angeles Times existen alrededor de un millón 500 mil mexicanos empadronados con credencial de elector residiendo en Estados Unidos y en California vive la mitad de ellos. Sin embargo, tampoco podemos menospreciar los avances importantísimos logrados por ambas instituciones. La tarea era y sigue siendo titánica; implica el diseño y creación de nuevas reglas e instituciones más complejas en virtud de que su función y aplicación son más halla de nuestras fronteras.

En nuestro país debemos reconocer que desde 1990 se han venido operando cambios de gran trascendencia en materia político-electoral y en el pasado proceso del 2 de julio, quedó demostrada la solidez de nuestras normas e instituciones. Empero, aún quedan pendientes reformas y modificaciones constitucionales y legales para el perfeccionamiento de nuestro sistema electoral. Después de las elecciones presidenciales, el presidente de la República, Vicente Fox, ha expresado sus simpatías por el voto de los mexicanos en el extranjero y los institutos políticos han reiterado su posición favorable al mismo, incluso en la actualidad se plantea no sólo el voto activo para la elección presidencial, sino también activo y pasivo para la elección de legisladores. Sin embargo, el hecho es que hasta ahora no han legislado para resolver esta demanda. La autoridad electoral en su momento demostró que el voto más halla de nuestras fronteras es técnicamente posible. Lograr hacer efectivo este importante derecho político, será una de las reformas más interesante en esta materia.

En la actualidad unos 40 países en el mundo permiten a sus connacionales sufragar en el extranjero, de esos 27, entre ellos Colombia y Venezuela, utilizan el método tradicional; es decir el elector acude al lugar que previamente ha sido autorizado (embajada, consulado, etc.) para emitir su voto, en los casos de Alemania, Bosnia, Canadá, España, EU, Gran Bretaña, Portugal y Suecia admiten el voto por correo.

El caso mexicano es excepcional, en virtud de ser uno de los países que más emigrantes tiene y por ello el tema se vuelve mucho más complejo en todos los aspectos, a consecuencia de ello, desde sus inicios esta propuesta generó una serie de debates en pro y en contra. Dos destacados constitucionalista mexicanos: Diego Valadez y Jorge Carpizo, en su ensayo conjunto denominado el Voto de los mexicanos en el extranjero, exponen una serie de cuestiones que bien vale la pena reflexionar: el primero de ellos advierte lo siguiente: “La lucha por el poder llevará a los partidos políticos mexicanos a buscar alianzas entre los bosses políticos americanos, y los obligara a negociar esferas de influencias con los de allá”. Por su parte, Carpizo expone que en virtud de que el caso mexicano es único en el mundo, por el gran número de emigrantes, situación que puede traer como resultado que el voto de personas que no radican en territorio nacional influya decisivamente en la elección presidencial, efectivamente en otros países el número de emigrantes es muy inferior al caso mexicano. “Podrían estar decidiendo esa elección quienes no gozarían o sufrirían las consecuencias de su voto… muchos de ellos son ya ciudadanos norteamericanos… estarían decidiendo quién va hacer el presidente de México un grupo de ciudadanos extranjeros… su conocimiento del país no es del todo preciso”. Ambos argumentos son preocupantes. Sin embargo, en lo que respecta al primero de ellos, no constituye un problema atribuido directamente a los radicados en el extranjero, sino de los institutos políticos nacionales, situación que tiene que ver con la ética y con las normas jurídicas que sus dirigentes están obligados a respetar, en el segundo de los casos realmente ignoramos el número de connacionales que hará uso de ese derecho, una cosa son los electores potenciales y otra cosa son los electores reales, muestra de ello es el elevado abstencionismo prevaleciente en nuestro país y en relación al conocimiento que se tenga de los programas o plataformas políticas de los partidos, no nos parece un argumento de peso en virtud de que la nueva era tecnológica en materia de comunicación, permite a los emigrantes seguir manteniendo contacto con el acontecer nacional. En lo particular somos partidarios de hacer efectivo el voto de los mexicanos en el extranjero, no únicamente por no ir a la zaga en relación a otros sistemas políticos y electorales de la región, por las siguientes consideraciones:

1.- El hecho de participar en las elecciones, permitirá a nuestros compatriotas  identificarse de acuerdo a sus preferencias políticas e ideológicas, acto que serviría de base para organizarse mejor en el país donde residen y así hacer frente a los constantes abusos por parte de autoridades y grupos extremistas

2.- Vivimos en la era de la globalización y esta no debe de circunscribirse única y exclusivamente a cuestiones de carácter económico, sino también debe necesariamente abarcar aspectos electorales más halla de nuestras fronteras, incluso rebasar los acuerdos actuales, que se concretan al ejercicio del voto activo y exclusivamente para la elección presidencial.

3.- En México cada vez son más los flujos de emigrantes principalmente a los Estados Unidos y Canadá.

4.- Por el porcentaje de ingresos que generan al país, en virtud de que la mayor parte de sus familiares residen en territorio nacional, además varios candidatos a la presidencia de la República tuvieron contacto con organizaciones de mexicanos radicados en Estados Unidos y les solicitaron su apoyo incluso en términos económicos.

5.- Tener la oportunidad de participar en procesos electorales fuera de nuestro territorio seguramente hará sentir más la relación con el país de origen y de ahí sus consecuencias.

Uno de los presupuestos básicos que define a las democracias contemporáneas es la extensión del sufragio popular a todos los ciudadanos con independencia de género, propiedad de bienes, nivel de instrucción o lugar de residencia. * El autor es profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la UAG.

468 ad