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Ofrecen cultos neocatólicos y neocristianos el cielo según el diezmo, dicen especialistas

Georgina  Montalvo / Agencia Reforma

Ciudad de México

Varias expresiones religiosas coinciden en que Dios, como sea que lo denominen, espera gratitud de sus fieles por las bendiciones que él les otorga, misma que puede manifestarse a través de destinar a su iglesia una décima parte de sus bienes.
“El concepto de origen tuvo que ver con el apoyo solidario entre los fieles, más que una obligación se concebía como todo lo que permitiera sostener y sustentar a todos los miembros de la iglesia”, explica Josué Tinoco, especialista en religión de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
A lo largo de los siglos, la concepción de esta práctica se adaptó según el lugar, la forma de gobierno y el credo predominante en las diversas sociedades.
Actualmente, la Iglesia católica romana, que goza de la mayoría de los creyentes, lo define como “una cooperación o aportación económica que los fieles entregan a la Iglesia una sola vez al año”. Y establece: “La ayuda corresponde a lo que se gana en un día de salario”, según el padre Pedro Becerril, en el semanario Desde la fe.
Esos recursos, que se pide entregar, de preferencia, de noviembre a marzo de cada año, sirve para afrontar los gastos que genera la evangelización, para las pensiones sacerdotales y para “imprevistos y emergencias”, asegura Becerril.

Pierde popularidad

Sin embargo, la aplicación de esta ley de Dios “ya no tiene el impacto que tuvo en el siglo XIX, donde la iglesia podía decir, a quien no cumpliera, que lo iba a excomulgar. El clero católico actual no ha hecho hincapié en que también implica otras cosas, por eso hay resistencia o desapego porque ‘si no lo cumplo, no pasa nada’”, considera Felipe Gaytán, especialista en religiones por el Colegio Mexiquense.
“La estructura de poder jerárquica exige que se cumpla con un diezmo, y algunos que lo dan lo ven como una vía para exculparse o garantizar su entrada al paraíso”, agrega Tinoco, autor del libro Religión y pensamiento social.
“Es muy difícil en la actualidad tener datos precisos y públicos de quiénes dan el diezmo en el mundo católico”, asegura Elizabeth Díaz, coordinadora académica de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones.
La mayoría de los feligreses en esta religión opta por dar limosna, que no establece cuota fija. Según la página española “Para salvarte”, el diezmo es un acto de justicia y la limosna, de caridad. Entonces: “Sería una equivocación querer suplir con obras de caridad los deberes de justicia”, escribe Jorge Loring en el artículo “¿Limosna o diezmo?”.

Reinvención

Los expertos coinciden en que las iglesias de “renovación de la fe” han dado su propia interpretación a la práctica del diezmo.
“En pleno servicio religioso invitan a los que participan a entregar el 10 por ciento de lo que lleven en ese momento, y la gente lo da con mucho gusto porque están en la efervescencia colectiva”, señala Gaytán.
La Iglesia Universal del Reino de Dios, conocida comúnmente como “Pare de sufrir”, además hace que la gente dé limosna, “porque pide en sus rituales diarios y también te dice que en otro momento puedes dar más; creo que juega con la fe de la gente”, agrega Díaz.
Para la antropóloga, el éxito de estas iglesias es que las personas quieren soluciones inmediatas a sus problemas y estos credos las ofrecen jugando el papel de “intermediarios” ante Dios.
“Distintos cultos neocatólicos y neocristianos, buscan hacer sentir a la gente que vía el acceso monetario van a obtener la bendición, el perdón o el favor divino; es una lectura tramposa de las escrituras pero que funciona, y ese discurso te dice que por esta vía lo puedes obtener, lo haces. Este discurso tramposo se seguirá dando porque exacerban los sentidos, se aprovechan de la necesidad espiritual de la gente”, agrega Tinoco.
“Según el 5° mandamiento de la Iglesia, todos estamos obligados a contribuir; sin embargo, la Iglesia es consciente de las necesidades que padecen muchos mexicanos y por ello ha exentado de esta ofrenda a quienes ganan un salario mínimo o no tienen trabajo ni reciben ingresos”, opina el padre Pedro Becerril, entrevistado por el semanario Desde la fe.

Un cálculo

Si los fieles del Distrito Federal cumplieran con la propuesta, su contribución sería:
Dos días de salario mínimo: 125 pesos
Salario mensual: 3 mil 750 pesos
Diezmo: 375.00

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