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Arturo Solís Heredia

CANAL PRIVADO

*House of Cards

“A los fans @HouseofCards, lo siento, no puedo dar detalles de la tercera temporada”, escribió el presidente Enrique Peña Nieto en su cuenta de Twitter, el pasado 6 de mayo, luego de tomarse una selfie con el protagonista de la serie de Netflix, Kevin Spacey, en el contexto del 39 Tianguis Turístico celebrado en Cancún.
No estoy seguro si Peña Nieto sigue la serie, o si sólo sabe que es muy exitosa entre los televidentes estadunidenses y mexicanos, suscritos a ese canal digital de televisión On demand.
No lo estoy porque no me consta, pero también porque el preciso se veía tan sonrientote tomándose la foto con Spacey, que pareciera no saber las perversísimas y gandallísimas mañas de Francis Underwood, el personaje que interpreta Spacey, para escalar en la política de Washington y convertirse en el huésped principal de la Casa Blanca.
O sea, una fichotota con la que ningún político en su sano juicio querría salir en la foto. Hagan de cuenta que sería como si un político mexicano quisiera tomarse una selfie con el ex  gobernador de Tabasco, Andrés Granier, y salir bien sonrientote.
Obviamente, el twitt del presidente Peña Nieto se convirtió rápidamente en trending topic en las redes sociales, y miles de cibernautas comentaron la ocurrencia presidencial. Sin embargo, aunque la gran mayoría criticó agria, dura y despiadadamente al preciso, ninguno, que haya leído, fincó su desaprobación en la impresentable calidad ética del personaje de Kevin Spacey.
“Muy chistosito me saliste copetón”, “mejor ponte a trabajar”, “qué poca seriedad, por eso está el país como está”, “qué poca vergüenza”, “¿Sabrá quién es Kevin Spacey?”, y un montón de frases mal vibrantes parecidas en contra de Peña Nieto, pero ninguna reprochándole su presunta admiración por el personaje de House of Cards.
De pronto me pareció que los cibernautas simpatizan con las certezas malévolas del carácter de Francis Underwood, tanto como desaprueban los presuntos defectos del carácter del presidente mexicano.
Pero ni ellos ni el presidente mexicano están solos. En diciembre de 2013, el programa recibió el respaldo de nada menos que Barack Obama, quien le pidió al presidente de Netflix, Redd Hastings, en una visita a la Casa Blanca, que le llevara copias de los guiones de la segunda temporada.
“Quisiera que las cosas fueran así de implacablemente eficientes”, bromeó Obama, y reconoció: “Sí, es cierto, me cae bien Kevin Spacey. Man, este tipo está logrando que un montón de cosas se hagan”.
Quizá por eso el interés de esta entrega no es viborear el tête à tête de Peña Nieto con Spicey en Cancún, sino destacar la relevancia de la producción y la historia detrás de House of Cards, y compartir algunas de las cínicas y agudas frases del personaje principal.
La serie puede no ser la mejor en la televisión contemporánea, pero sin duda está en la misma liga de las mejores, y eso marca toda la diferencia. La serie, acerca de un maquiavélico congresista es una mezcla entre The West Wing y Breaking Bad, con una saludable dosis de Shakespeare, particularmente de Richard III.
Es un producto típico de la actual era de la televisión gringa: obscura, muy bien dirigida y actuada, y mucho mejor que la película hollywoodense promedio. House of Cards fue producida por Netflix, y el diario New York Times y las revistas The New Yorker y Wired, entre otros respetables medios periodísticos, han destacado el desparpajo de la compañía, especialmente su decisión de estrenar 13 episodios de la serie en un mismo día, todos los cuales pudieron ser descargados y vistos por cualquier persona con una computadora o una televisión con conexión a Internet.
Pero eso no es lo que hace a House of Cards un momento significativo en la historia de la televisión.
En su editorial del 4 de febrero de 2013, la prestigiada revista The New Yorker destaca que “una joven compañía de internet como Netflix produciendo contenido de primer nivel cruza una línea sicológica. Si Netflix triunfa como productora, otras compañías similares la seguirán y comenzarán a competir por un segmento del mercado de televidentes.
“Quizá Amazon irá más allá en sus proyectos de inversión y gastará cien millones en una serie distinta, o quizá Hulu expandirá sus ambiciones por contenido original, o quizá la siguiente gran serie será producida por alguien con una canal en YouTube. Cuando eso suceda, la estafeta pasará a otros, y los imperios caerán, y veremos el primer cambio fundamental en el paradigma del entretenimiento electrónico en décadas”.
Por su parte, el diario New York Times también dedicó a la serie un editorial, el 13 de enero de 2013: “La historia central de House of Cards es acerca del desprecio. Hay desprecio en el sentido general e interpersonal: los políticos, operadores, periodistas y varios personajes de Washington comparten entre ellos un sentimiento recíproco de indiferencia y desprecio. La pasada temporada, Francis Underwood explicó su relación con sus pares: ‘Ellos hablan mientras yo me siento quieto, e imagino sus caras marinadas friéndose en una parrilla’.
“Y se trata de desprecio en un sentido legal: la trama convierte a la subversión y la manipulación en reglas y reglamentos, y la ley se viola para ganancias personales y avance profesional. La ética, como los sentimientos, son obstáculos bajo consideración.
“En consecuencia, la visión de Washington del programa también expresa un desprecio implícito por el pueblo estadunidense. Somos nosotros, después de todo, quienes toleramos y perpetuamos el teatro diario de la banalidad y la agresión”.
Muchos analistas de medios tan respetables como New York Times y The New Yorker coinciden en el análisis, y alertan que House of Cards “hace que Washington y sus dos principales industrias –la política y el periodismo– se vean realmente cool, a pesar de que la serie los ataque directamente y exhiba sin complacencia sus peores vicios.
Vista así, la realidad política gringa no parece tan lejana de la mexicana, y menos cuando se repasan algunas de las frases más ácidas de Francis Underwood, que para terminar comparto con ustedes.
“Hay dos clases de dolor, el dolor que te hace fuerte y el dolor inútil, ese dolor que solo provoca sufrimiento. No tengo paciencia por las cosas inútiles”. (Mientras mata al perro de sus vecinos que resultó herido por un automóvil).
“El poder es mucho como los bienes raíces, todo es sobre ubicación, ubicación, ubicación. Mientras más cerca estés de la fuente, el valor de tu propiedad será más alto. Siglos a partir de ahora, cuando la gente vea este video ¿a quién verán sonriendo al borde del cuadro?”. (Durante la asunción del nuevo presidente de Estados Unidos).
“La proximidad al poder engaña a algunos a creer que lo tienen. Yo pongo fin a esa clase de pensamiento antes de que empiece”. (Al ver que su amante le pide que la espere).
“Vaya pérdida de talento. Él eligió el dinero en lugar del poder, un error que en este pueblo casi todos cometen. Dinero es la mansión en Sarasota que empieza a caerse a pedazos luego de 10 años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste por siglos”. (Al describir a su ex secretario de prensa, ahora flamante lobbista).
“Como un gran hombre dijo alguna vez: todo es acerca del sexo. Excepto el sexo. El sexo es acerca del poder”. (Luego de tener, obviamente, sexo con su amante. El gran hombre que menciona es Oscar Wilde).
(Luego de intentar asumir una culpa ajena para manipular a otro congresista): “lo que un mártir anhela más que nada es una espada en la que caer. Así que afilas la espada, la mantienes en el ángulo correcto y entonces tres, dos, uno…”.
“Tusk entiende la diferencia entre dinero y poder. Eso es precisamente lo que lo hace peligroso. Él no mide su riqueza en jets privados, sino en almas compradas”. (Al describir a Raymond Tusk, ambicioso empresario sin escrúpulos y candidato a nuevo vicepresidente de Estados Unidos).
“Los amigos hacen los peores enemigos”.
“La democracia está tan sobrevaluada”.
“Para aquellos que escalan a la cima de la cadena alimenticia, no puede haber piedad. Sólo hay una regla: cazar o ser cazado”.
“El camino al poder está pavimentado con hipocresía, y bajas colaterales”.
“La naturaleza de las promesas es que son inmunes al cambio de circunstancias”.
“Siempre he despreciado la necesidad de dormir. Como la muerte, coloca hasta a los hombres más poderosos boca arriba”.
“Lo mejor de los seres humanos es que apilan fácilmente”.
Cualquier parecido con el discurso privado de políticos nuestros no es mera coincidencia.

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