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Netzahualcóyotl Bustamante Santín

PRD, la última elección

Ha estallado la crisis. Cuatro personajes acordaron ventajosamente la designación de candidatos en la mayoría de municipios del estado, de los distritos de mayoría relativa y los espacios de representación proporcional.
Antes por lo menos, los consejeros perredistas tenían alguna idea de cuál sería la orientación de los barones del partido al calor de las negociaciones, pero ahora ni siquiera supieron si avalaron las candidaturas o fueron avaladas sin su consentimiento.
Más allá de esa anticipada actitud de agandalle, que no debería sorprender a nadie, los dueños del partido han definido ya el futuro de esta formación política: han decretado la ruptura al interior con la consecuente diáspora de militantes, y sabedores de que en julio será la última oportunidad electoral del PRD, envalentonados han salido de caza aprovechando la temporada de carroña.
¿Sinceramente, alguien creyó que el proceso de selección de candidatos del PRD a ayuntamientos y diputados sería incluyente, transparente y democrático?
En realidad lo ocurrido hace diez días es la profundización de la crisis de identidad del sol azteca, el agotamiento de su vida tribal y el camino más seguro a su disolución como partido político.
El 1º de julio será muy seguramente la última vez que compita el PRD con su actual militancia. Según me ha confiado un alto dirigente nacional, Jesús Ortega ha iniciado conversaciones con líderes de otros grupos para trazar la ruta de rompimiento con Andrés Manuel López Obrador y su Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Algunos les han sugerido el despropósito de plantear un escenario de colisión en plena campaña electoral, pero él sigue convenciendo a quien lo escucha de sus intenciones.
Sobran adjetivos para calificar lo ocurrido el anterior fin de semana. Comprobado ya que las elecciones internas eran una cátedra mejorada de vicios priístas como la compra y coacción del voto, embarazo y robo en despoblado de urnas, el PRD supuso que la realización de encuestas indicativas y la eventual aprobación de candidaturas por un órgano colectivo, podría zanjar el desastre que ha representado la selección de sus candidatos… pero no fue así.
En la oscuridad, atrincherados y haciendo la roqueseñal, cuatro mercaderes políticos han dado el golpe de gracia al futuro electoral del sol azteca.
La revolución democrática involucionó. El partido que nació para encabezarla no ejerce ningún método democrático ni en la toma de decisiones de la dirigencia, ni en el debate interno (que no hay, cosa que es una desgracia para un partido), ni en sus procesos de elección, ni en sus gobiernos municipales o sus representaciones en el Congreso.
Tras la conflagración, militantes y dirigentes buscan despojos entre los rescoldos y le reclaman a la cuarteta el asalto cometido.
Enseguida decenas de militantes migrarán al PRI y al PAN y en la siguiente cita electoral, regresarán sin ningún rubor a reclamar otra vez su membresía. Sin ironía, el PRD debiera formalizar en sus Estatutos la autorización para permitir la salida temporal del partido para integrarse a otro y enseguida volver, sin que exista sanción alguna por ello.
Ya Andrés Manuel lo hizo en febrero de 2011 cuando solicitó licencia a su militancia perredista en el proceso electoral local en el Estado de México.
Muchos de los que hoy reclaman el golpe de mano asestado al PRD en Guerrero, en otro tiempo avalaron decisiones similares, lo que los deja sin calidad moral para salir a rasgarse las vestiduras; muchos de los que hoy exigen la designación de nuevos candidatos no lo harían en caso de haber sido beneficiados; muchos de los que hoy guardan silencio cómplice y que son cercanos a los cabecillas perredistas, tiempo después desacreditarán a sus jefes y patronos.
Suena inconcebible que ningún consejero estatal se muestre inconforme con el desaseado método de elección de candidatos y peor aún, que hayan sido comparsas de un proceso fantasma pues a nadie consta que se hubieran votado las propuestas por la mayoría, y mucho menos discutido los méritos de los favorecidos.
Ante la posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador no logre llegar a Los Pinos, los jerarcas nacionales han diseñado una estrategia de control absoluto de las candidaturas. Nueva Izquierda se ha garantizado espacios en el Congreso a través de candidaturas plurinominales; en común acuerdo, ha dejado a los bejaranos las candidaturas a diputados de mayoría en los estados, incluido Guerrero.
A la par de esa lógica depredadora, los mandamases del PRD local han querido aprovechar la coyuntura de la elección presidencial para postular a candidatos sin perfil, trayectoria, base social ni reconocimiento, sabedores de que en otras circunstancias no ganarían.
Se ve imposible que la decisión tomada por la cúpula sea reconsiderada, pues órganos partidarios como la Comisión de Garantías y Vigilancia sólo garantizará y vigilará que la decisión adoptada no se modifique un ápice.
El PRD postulará a candidatos que antes de las campañas enfrentan severos problemas de legitimidad e identidad partidaria; la división de la militancia en varios municipios es real y no se había presentado nunca un escenario de protestas y manifestaciones simultáneas en varias regiones del estado contra candidatos a Ayuntamientos y diputados, cosa que debiera preocupar a los cuestionados líderes.
Los ungidos primero tendrán que explicar a la militancia qué méritos tienen para ser sus representantes y después saldrán a convencer a una ciudadanía que mira azorada a un partido que se asume democrático y con propuestas de cambio, cuando ni siquiera la cúpula y la base resuelven entre ellos lo más elemental.
Con todo lo que se diga, esos dirigentes están ahí porque son los que la militancia ha decidido tener. Son los mismos que un día reclaman contra la intervención del gobernador en la designación de candidatos al Senado, pero que al otro día acuden a consultarle la lista de abanderados en el ámbito local; son aquellos que siempre acusaron a Armando Ríos Piter de ser el principal beneficiario político del crimen de Armando Chavarría y de tener las manos manchadas de sangre y que ahora callan, al acompañarlo en la fórmula al Senado. Son los que hablan de legalidad pero que al mismo tiempo que fueron legisladores, fueron también secretarios del partido contrariando lo señalado en el Estatuto que supuestamente dijeron respetar.
En el colmo del retroceso democrático, el PRD nacional no dio a conocer la relación con los nombres de los candidatos a diputados federales y senadores. Ahora los mandones del PRD en el estado, tampoco han querido difundir las listas de candidatos, que guardan celosamente y que se convierte en hecho inaudito en un partido de aparente ideología de izquierda.
De no ser por el trabajo periodístico de reporteros de El Sur la sociedad no conocería una información tan elemental a la que debiera tener acceso: los candidatos a cargos de elección popular propuestos por los partidos para ser votados justamente por los propios ciudadanos.
La de julio será la última elección del PRD con su actual composición; a partir de entonces iniciará el proceso de formación y construcción del movimiento obradorista como partido, que culminará con la notificación al IFE de su interés de conformarse como instituto político el mes de enero siguiente a la elección presidencial.
En octubre de 1988, en su llamamiento al pueblo de México, Cuauhtémoc Cárdenas y otros convocaron a la formación de un nuevo partido, que nació finalmente en mayo del año siguiente.
Un cuarto de siglo después, ese llamamiento para la democratización, renovación y depuración de los partidos de izquierda, más que hacerse necesario, se hace indispensable.

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