Héctor Manuel Popoca Boone
La AMSDA con los diputados federales
Por considerar que es de interés de los lectores de El Sur, transcribo la intervención que tuve la semana pasada en el hoy vulnerado edificio del Congreso de la Unión, en San Lázaro:
Agradecemos a los diputados federales de las comisiones unidas de agricultura, desarrollo rural y pesca escuchar las opiniones de nosotros, los secretarios de desarrollo agropecuario del país, organizados en la Asociación Mexicana de Secretarios de Desarrollo Agropecuario (AMSDA), con el propósito de que tengan mayores elementos de juicio, que normen sus criterios a la hora de definir y aprobar los presupuestos federales para el sector en el año del 2003.
Por principio de cuentas y como marco general, es necesario reconocer por todos, que la agricultura mexicana está en crisis o en situación de emergencia económica. Ello se debe a tres causas principales: al lugar y el papel que le fue asignado a la agricultura dentro del modelo de crecimiento económico neoliberal mexicano; a los efectos derivados del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica y a la recién promulgada ley agrícola federal de los Estados Unidos, que deriva en inmensos subsidios gubernamentales que están recibiendo los granjeros norteamericanos, lo que provoca que nuestros campesinos y empresas rurales enfrenten una competencia desleal y ruinosa.
Las manifestaciones patéticas de la crisis del agro son las siguientes: México se ha vuelto más dependiente, en términos alimentarios, del exterior. Se ha incrementado substancialmente la pobreza y la miseria en el campo. El medio rural ha sufrido una fuerte sangría de sus mejores mujeres y hombres a través de la migración a la ciudad y hacia la frontera norte. Se han polarizado las unidades productivas rurales: unas cuantas concentran el ingreso y el valor de la producción mientras que la inmensa mayoría, subsisten en condiciones de suma precariedad. Se ahonda la desigualdad rural entre las regiones y los Estados de la República, así como la existencia de una inequitativa distribución del presupuesto público federal para el campo entre los estados del país, en donde los más favorecidos son los estados agropecuarios más ricos y los productores y empresas rurales de altos ingresos.
En materia de pesca, es reiterativo volver a señalar lo triste de la situación de esta actividad, por cuanto a la escasa atención gubernamental para su fomento y desarrollo. Únicamente informo que en el estado de Guerrero, por necesidad económica, los pescadores ribereños están realizando una reconversión productiva de mayor rentabilidad. Ahora, no salen a la mar a pescar peces sino paquetes de cocaína.
Aunado a eso, es pertinente agregar que los gobiernos estatales, nos encontramos con una gran camisa de fuerza para ejercer los recursos federales descentralizados; ya que está condicionada su operación a normas y reglas de carácter nacional sumamente meticulosas, que no responden o se adaptan a las especificidades de cada uno de los estados y al mosaico geográfico, ecológico y humano en que se expresa lo rural en cada una de las regiones.
Hoy, requerimos ya, que el anunciado blindaje agroalimentario pase a ser algo más que un escudo verbal institucional, sino es que cuando tratemos de implementarlo, resulte demasiado tarde porque los campesinos se hayan extinguido por inanición económica.
Por tercer año consecutivo, el gobierno federal presenta ante ustedes, un proyecto de presupuesto disminuido para el sector agropecuario en el año 2003: 32 mil millones de pesos que es 3% menor respecto del autorizado en el 2002. Por tercera ocasión apelamos a ustedes para que lo modifiquen a la alza. Mínimamente debiera de ser de 48 mil millones de pesos para poder seguir, medianamente, administrando la crisis del agro mexicano. Ponderen este monto con los 50 mil millones de pesos que se destinaron en el año en curso para rescatar a los banqueros y a sus empresas. No se vale.
Por otra parte, es necesario que el presupuesto autorizado sea radicado con oportunidad en los estados. Resulta que viene siendo depositado para su ejercicio en el mes de junio, cuando varias de las obras y acciones programadas tienen que ejecutarse antes de las lluvias. Esa es una de las razones de los subejercicios en el presupuesto federal. El respaldo de todo lo anterior, son las evidencias empíricas que arrojan las cifras de las estadísticas oficiales y no solamente razonamientos ideológicos.
Por último, señores diputados federales, el gobernador del estado, René Juárez Cisneros, me pidió que les trasmitiera el siguiente mensaje: ¿Cuántos más grupos guerrilleros son necesarios que surjan sobre la faz de las entidades federativas de la República con mayor pobreza, para que el Estado mexicano dirija sus ojos a esas zonas en donde la condición humana ha llegado a una situación límite?
PD1. No señores, en este pueblo, como en Comala, no hay caciques ni caudillos políticos; existen dirigentes históricos, que es cosa bien distinta.
PD2. El que algunos priístas, arcaicos y anacrónicos, como el señor Rogaciano Alba Alvarez, pidan mi cabeza; es motivo de honra y señal que estoy desempeñando correctamente mi trabajo en beneficio del pueblo rural suriano. No me doblego.




