Durante las peregrinaciones, la guadalupana une a los vecinos aunque sea por un día
Xavier Rosado * Cada año, a partir de la primera semana de diciembre las principales calles del puerto son recorridas por peregrinos que para honrar a la virgen de Guadalupe, cargan su imagen desde sus barrios, colonias o centros de trabajo,hasta la catedral porteña.
Sin embargo antes de llegar a recibir la bendición sacerdotal en las iglesias, es necesario pasar por todo un proceso de organización por parte de los representantes de cada barrio.
En la colonia Progreso, Andrés Barreto Grande, vecino de la calle Zimapán y abogado de oficio, conjunta las aportaciones de más de 17 familias de su colonia, para que durante tres meses, se preparen para el 10 de diciembre, fecha en que cada año, desde 1979, llevan a la virgen hasta la catedral de Nuestra Señora de la Luz.
“Estamos preparándonos para el año 33 de nuestra peregrinación en este lugar de la calle Zimapán, los vecinos y otras personas que nos acompañan de otras colonias salimos a peregrinar hasta Catedral”, expresó el coordinador.
“Yo nada más soy el coordinador de toda la peregrinación porque la organización la hacen 17 familias de esta comunidad que tienen diferentes comisiones cada una. Hay que picar el papel de china para adornar el vecindario, hacer las flores de papel crepé para el adorno del marco de la virgen, otros pintan el nicho, otros el burrito, las astas de las banderas, cada uno se organiza para tenerlo todo listo para el día que salimos”.
Agrega que no es solamente el recorrido de la peregrinación, sino que hay otros eventos alrededor de esta celebración que es la misa en el barrio y la fiesta guadalupana.
“Hay unos encargados de venir a lavar la calle, otros que tienen que tender las sillas para la misa, después de la peregrinación; otras cuatro familias tienen que hacer el pozole, en total se preparan ocho litros, otras familias preparan un total de 500 chalupas, otras que hacen 500 tacos, 300 tamales de dulce, 500 tostadas y atole y refresco para toda la gente”, explica uno de los organizadores.
Los colonos también tienen que organizarse para pagar la música de viento de la banda de chile frito que cobra mil 300 pesos por todo el trayecto de la procesión.
El recorrido dura dos horas, sale de la calle Zimapán y da la vuelta por Pachuca y Chico. Por Baja California llegan a Niños Héroes, toman esa calle hasta Cuauhtémoc, de ahí cruzan la avenida para llegar a la calle Gabriel Avilés que saca a la Costera a la altura del Gigante, desde ahí caminan hasta la catedral.
“Al llegar hay un recibimiento para los peregrinos; nos recibe en la puerta el sacerdote, entramos a Catedral nos dan una plática y una bendición porque son incontables todas las peregrinaciones y no le daría tiempo de hacer la misa completa para cada una”, explica el abogado.
En la peregrinación de la colonia Progreso se apuntan cada año unas mil personas, según comenta Barreto Grande, “aparte de los vecinos hay gente que vivió aquí hace 20 años, 10 años y regresan cada diciembre para estar en la peregrinación. Saben que el día 10 a las ocho de la noche sale la peregrinación de Zimapán y aquí llegan”.
Explica que la razón de esta celebración es dar un homenaje a María Santísima de Guadalupe, el título que el pueblo de México le dio a la virgen que quiere decir “la señora del cielo” o “la mujer que le aplasta la cabeza a la serpiente” Coatayope, en el idioma mexicano (náhuatl), según explica el coordinador.
“No es una adoración como le dicen, porque los católicos sólo adoramos a Dios, es dar honor a la virgen; no la adoramos, sólo se le respeta y la recordamos con la peregrinación que eso somos, peregrinos, porque en este mundo sólo estamos de paso”, explica el vecino de la calle Zimapán.
Como resultado de estos preparativos, Andrés Barreto comenta que se logra la unión de todos los vecinos por ese día: “la virgen nos une como lo ha hecho en la independencia y en los grandes hechos trascendentales de este país”.
“Se celebra el 12 de diciembre porque fue el día de la cuarta aparición de la virgen, la definitiva cuando se estampa en la tilma de Juan Diego su imagen”, recuerda el organizador.
La parihuela o el burrito en el que se lleva a la virgen la cargan los jóvenes de la comunidad y se van turnando cada 10 o 15 minutos. Todos van vestidos de blanco en señal de pureza y paz, este es una función privilegiada por lo que se rifa entre los candidatos que sean dignos de este honor en su comunidad.
El burrito va adornado con 20 focos en forma de velas, flores de papel y un marco dorado que sostiene la imagen en cerámica de la virgen, pesa unos 20 kilos contando la batería de carro que se lleva para encender los focos.
También se seleccionan a muchachas de la colonia para llevar las banderas colores blanco y amarillo, el estandarte de la virgen y la bandera mexicana.
“En los 33 años que hemos hecho esta procesión hemos juntado una larga lista de difuntos a los que recordamos en la misa del barrio, como Doña Alicia Abarca que durante 20 años hizo las flores de papel crepé para la virgen”, expresó Barreto Grande.
Para los festejos de la virgen es necesario comprar incienso, lámparas de papel para decorar las calles, 900 pliegos para elaborar 80 líneas de papel de China picado y 20 astas de madera de 2.50 metros de largo y cuatro porta-cirios del mismo largo, todos pintados de dorado; también imprimir camisetas, estampitas de la virgen, trajes de monaguillo, sombreros, cirios, y todo lo necesario para una fiesta de barrio como globos, serpentinas, confeti, servilletas, cubiertos, platos y vasos desechables.
Es común que las mujeres lleven un traje regional y elaboren unas 80 flores de papel crepé que llevan diamantina, hilo y alambre.
También se utilizan instrumentos de la liturgia católica como inciensarios, una fuente con mango para arrojar agua bendita y campanas.
Después de la procesión se sirve la cena para los caminantes en su barrio de origen y posteriormente, en este caso, se hace la presentación de un grupo musical católico que da todos los años un concierto guadalupano.
Andrés Barreto Grande concluye que el enorme esfuerzo que representa la organización de una peregrinación, vale la pena porque tiene más valor la unidad y la armonía en la colonia, que los diez mil pesos o más que se puedan gastar en la peregrinación.




