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En su última gira, Zeferino pide no volver a prácticas clientelares ni asistencialistas

 * Aspiro a ser estadista, no político; a ver por la próxima generación y no por la próxima elección, dice * El último recorrido será cuando deje de hacer política, asegura *Pobladores le refrendan su apoyo para contender por la gubernatura

Nelly Bello * En la última gira de su gestión como presidente municipal, el alcalde Zeferino Torreblanca planteó a gobierno y sociedad “no volver a las viejas prácticas clientelares” ni asistencialistas.

Aunque dijo que se irá “a la banca”, Torreblanca Galindo aprovechó el recorrido por algunas colonias del puerto para expresar buenos deseos y pedir al alcalde electo Alberto López Rosas dar continuidad a los programas de su gobierno.

Se describió: “aspiro a ser estadística, no político, es decir a ver por la próxima generación y no por la próxima elección.

No parecía la despedida y no faltaron los augurios de que el presidente municipal saliente podría llegar a Casa Guerrero y poner orden ahí.

Incluso siguieron los reproches de funcionarios zeferinistas al gobierno del estado por incumplir en la entrega de los recursos que recupera del fertilizante, para equipar la Escuela Campesina construida en El Salto, que entregó ayer el presidente municipal.

En su último recorrido –aunque insistió en que el último será cuando deje de hacer política– el alcalde machacó su interés porque algunos programas continúen y porque la sociedad no regrese a las prácticas clientelares.

“Ojalá no regresemos a las viejas prácticas de esperar a ver qué nos da el gobierno, esperanzado a las dádivas y migajas de nuestro propio pan, sino que los gobiernos futuros sigan para construir el Acapulco que queremos… Ojalá en el futuro se trabaje al mismo ritmo, ojalá que no se vuelva a las mismas prácticas, que más allá de intereses partidistas y de grupo se vean los intereses de los acapulqueños”.

En la Escuela Campesina

Ayer por la tarde, Torreblanca Galindo estuvo en dos colonias, en la zona urbana y suburbana, y remató en la zona rural, donde entregó la Escuela Campesina; esta última obra tuvo una inversión de casi 2 millones y medio y la mayor parte fue de participación externa al erario.

La Escuela Campesina, junto con la inversión en escuelas primarias, calles y proyectos productivos, es parte de la obra social que deja en la zona rural. El predio donde el ayuntamiento construyó el plantel estaba en poder de líder priísta, pero se lograron acuerdos y fue recuperado.

El anfitrión, el comisario ejidal de Tres Palos, Manuel Baltazar Avila Sierra, agradeció la obra que servirá para la capacitación de los campesinos y aseguró que “Zeferino nos cumplió”.

El perredista recordó que antes “de esta nueva forma de política” la zona rural trató de vivir del asistencialismo “con proyectos productivos federales que alivianan pero no solucionan el problema”.

Reprochó la próxima apertura del campo mexicano al Tratado de Libre Comercio (TLC) porque implicará “echarnos al ruedo a morir”. Luego mencionó las limitaciones históricas de los campesinos mexicanos y destacó la importancia de la escuela donde les enseñarán a cultivar. “No es el clásico proyecto donde entregan dinero y se acaba al mes”, dijo.

Terminó su mensaje con un augurio: “Iniciamos el camino por el Acapulco que queremos, vamos duro por encontrar ahora al Guerrero que queremos y anhelamos”.

El coordinador de Fomento Económico, Manuel Antonio Zavala Jiménez, siguió en discursos al comisario ejidal y leyó su informe de actividades en los tres años de la administración. Dijo que el monto de los recursos que destinó a la zona rural fue de más de 55 millones de pesos en mil 400 acciones que beneficiaron a 152 comunidades y 48 mil campesinos.

El maestro de ceremonias del extenso programa aprovechó uno de los espacios para evidenciar la falta de mobiliario en la escuela, pero culpó al gobierno del estado porque no entregó a tiempo el recurso que pagan los campesinos en el programa de fertilizante. Informó que existe el compromiso de algunos regidores del Cabildo entrante para equipar la escuela campesina.

Explicó que la inversión para la escuela es de más de 400 mil pesos del erario federal y 2 millones del 50 por ciento que pagan los campesinos por el fertilizante. Pero el recurso corresponde a los años 2000 y 2001, pues el recurso de 2002 “aún no lo entregan”.

El alcalde aprovechó la tribuna para el mensaje político. Insistió en que aspira a ser estadista y no político, es decir ver por la próxima generación y no por la próxima elección.

Aseguró que la inversión de su administración a la zona rural no fue en función de la rentabilidad política o viendo a los campesinos como clientela electoral. “Creo que donde más se llevó obra se obtuvieron resultados adversos al PRD. Pero es que pensamos que cambiando las viejas prácticas de hacer política podíamos encontrar solución al problema de los campesinos”, explicó.

Aludió, sin mencionarlo, a la declaración del senador perredista Armando Chavarría Barrera –otro aspirante a la gubernatura–, de que no basta la buena administración si no se compensa con política social. “Algunos pensaban que por extracción y formación Zeferino sería sólo un político administrador de los recursos. Lo dije en el informe que yo no quiero ser recordado como un presidente municipal que sólo saneó las finanzas, si no por la obra pública que llevamos a los lugares más apartados”, dijo.

Aseguró que pugnó por cambiar la vieja práctica del asistencialismo en los proyectos productivos y por convencer a los acapulqueños que la política “se puede hacer diferente; ojalá no regresemos a las viejas prácticas de esperar a ver qué nos da el gobierno, esperanzado a las dádivas y migajas de nuestro propio pan, sino que los gobiernos futuros contribuyan para construir el Acapulco que queremos”.

Explicó que la norma del Ramo 33 sugiere a los ayuntamientos aplicar a proyectos productivos 10 por ciento de lo que recibe del fondo 3, pero “los primeros años de mi gobierno se destinó el 15 por ciento, y sólo el último año el 10 por ciento, por cuestiones presupuestales”, pero “muestra que tuve intención de atender los programas que me propusieron”.

Deseó que la próxima administración “trabaje al mismo ritmo” y que no vuelva a las prácticas del PRI, porque “más allá de intereses partidistas y de grupo, están los intereses de los acapulqueños”. Convocó a la sociedad para que esté pendiente, pues “este esfuerzo se consolidará en la medida de que ustedes lo tomen”.

Reconoció que quedan pendientes, limitantes y faltantes, pero “ya empezamos; ojalá que continúen; Alberto López Rosas entenderá la mística de trabajo que apliquen al trabajo del campo, ojalá que continuemos y cosechemos mejores oportunidades”.

Nostalgia por el ritmo de trabajo, no por el poder

Antes de El Salto, el alcalde visitó la unidad habitacional, y en entrevista posterior a la inauguración de la barda perimetral con un costo de 190 mil pesos, dijo que sentía nostalgia por el ritmo de trabajo, pero “no por el poder, que ahora significa servir y no servirse”. Comparó su ritmo de trabajo con un vehículo que circula a 150 kilometros por hora y “llega un momento que se detiene”.

El vecino Rafael Soriano luego de agradecer la obra que tardó 18 años en concretarse, luego de enfrentamientos con los precaristas que invadieron las áreas verdes, sentenció a Torreblanca que “el cambio para nosotros es Zeferino, y lo esperamos para ir juntos a Casa Guerrero”.

Luego el alcalde se trasladó a la colonia La Postal, donde fue recibido por más de 100 vecinos que agradecieron la pavimentación de la calle y la electrificación con 51 postes.

Hilario García Vazquez, gestor de la obra, dijo que el presidente municipal significó para la colonia los sueños cumplidos, pues “nos abrió las puertas que luego de una lucha de años estaba cerrada para nosotros en el ayuntamiento”. Aseguró el respaldo para la próxima intención de Torreblanca: “ahora vamos a ver a dónde lo vamos a apoyar”.

Torreblanca Galindo explicó que el programa de ollas de concreto con que se pavimentó la Calle 10 fue un sistema para convencer a los vecinos que aunque ningún recurso alcanza para las 500 colonias y 198 comunidades, con su participación la sociedad hace posible las acciones de gobierno.

Aseguró que su gobierno priorizó las calles donde había organización vecinal, porque “se acabó aquel gobierno que regalaba despensas y lámina de cartón a cambio de votos”.

Recordó que en su administración terminó con el programa de cemento, que muchas veces quedaba en las casas de los líderes tradicionales de todos los partidos y que dejaba obras mal terminadas. “Esas calles se tuvieron que volver a levantar”, recordó.

Advirtió que “aquel que quiera seguir viviendo en la chandería y abandono, y espera que le hagan todo, está equivocado; no cabe el estoy muy pobre porque pueden aportar mano de obra, si nos organizamos podemos construir el Acapulco que queremos”.

Dijo que los gobiernos paternalistas quedarán en el discurso y la demagogia de los políticos que reiteren en esas prácticas; “ojalá sea la envidia y acicate de quienes esperan que el gobierno les haga todo”.

Pidió a los vecinos que guíen a la administración entrante en los programas que deben tener continuidad, porque “me voy a la banca, yo no voy a aconsejar a Alberto López Rosas ni lo molestaré; guardaré mi distancia, no dejo recomendaciones ni sugerencias; el pueblo le debe llevar la directriz para que no se repita la práctica de entrega de cemento a ningún líder de ningún partido, para avanzar con calles de primer mundo”.

En los distintos puntos del recorrido el alcalde fue acompañado por los regidores Abelina López, Ofelia Abúndez y Javier Secundino, del PRD, y Orlando Diego y Magda Adame, del PRI, así como por los ediles electos Francisco Ramírez y Rubén Padilla, del PRD.

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