Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Rafael Aréstegui

Primero el programa, después el candidato

 Para Elvia, por su acertado diagnóstico

 Cuando estas líneas se publiquen, tal vez el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación habrá dado su fallo respecto al caso de San Luis Acatlán y revertido la desatinada consigna renejuarista de arrebatarle un triunfo legítimo al pueblo de San Luis Acatlán, al PRD y a Genaro Vázquez, amigo al que felicito y con él comparto las esperanzas de que en el territorio mixteco, la dignidad triunfante se convierta en un desarrollo sustentable que revierta años de cacicazgo e injusticia en la región.

Con el ajuste que hizo en la composición del Congreso el mismo Tribunal, se confirma la tendencia de los primeros resultados, la ingeniería electoral local no pudo consumar ya no el empate menos la mayoría, el PRI queda en minoría en el Congreso y gobernará sobre la minoría en el estado, es ya, la segunda fuerza.

Miguel Mayrén en una entrevista que le hizo El Sur, explicando las causas de la derrota identificaba a las malas gestiones municipales, malas candidaturas y divisiones internas del PRI. Le faltó agregar que la sociedad guerrerense rechaza la corrupción y la impunidad, está mejor informada, es más conciente y que su partido pertenece a un régimen que ha finalizado, el régimen del partido único y del presidencialismo que por normas no escritas supeditaba a los otros dos poderes. Esto por sí sólo, debe entenderse bien, no permite cantar victorias futuras, los cambios en la sociedad se presentan en tiempos muy largos. La cultura política se arraiga en la sociedad, aun en las fuerzas emergentes que tienen como tarea transformar la cultura antidemocrática que se hereda del pasado, en una nueva cultura, tarea pocas veces entendida y menos veces atendida.

La próxima contienda electoral arranca ya con un posicionamiento muy favorable al PRD, debido a las fortalezas de haber crecido en la población sobre la que se va a gobernar, a ser la primera fuerza electoral, y a que se ha territorializado en los municipios: primero, tercero, quinto, sexto y séptimo en población, lo que arroja un 37 por ciento de la población sólo en cinco municipios. Pero existen también amenazas que pudieran frustrar las esperanzas, y para superarlas los presidentes municipales deben gobernar no bien, sino muy bien, lo que significa limpiar la casa, hacer obra pública pero con sentido social. En Guerrero los pobres deben ser primero, y hacer política, pero amplia e incluyente. La búsqueda de la candidatura por la gubernatura se ha dado de manera abierta y con excesiva anticipación; el destape de Zeferino, a mi juicio  tempranero, propiciará una campaña por hombres y no por programas. Carlos Rivero Chanona, entrañable amigo, me dijo una vez, a propósito de la inminente campaña a rector en la UAG, que los hombres maduros no debemos apoyar candidatos sino que debemos apoyar programas.

Es indudable que el despegue que tuvo el PRD en Acapulco –más de 50 mil votos de diferencia ante el candidato del PRI– en buena medida representa una aprobación a la gestión de Zeferino, que de esta manera se coloca en la punta de las preferencias electorales. Pero ello no desmerece la campaña del partido y del candidato. Zeferino tiene en su favor una buena imagen, las simpatías de varias corrientes y la opinión favorable de una parte importante de la dirección nacional, entre la cual destaca la opinión de Rosario Robles y al parecer el PAN sería proclive a una alianza con el PRD si el candidato fuera Zeferino. Con el destape de Chilpancingo el Frente Cívico lanza un mensaje: si el PRD no lanza a Zeferino a la gubernatura, nos vamos con el registro del PAN

Armando Chavarría por su parte, tiene a su favor la mayoría de la dirección estatal y al parecer la mayoría de los presidentes electos, lo cual no significa que automáticamente se cuente con todos los perredistas de esos municipios, pero sí al menos una fuerza importante en cada uno de ellos. Tiene a su favor una larga trayectoria en las luchas democráticas en el estado y haber sido el presidente de la FEUG, cuando ésta no se había convertido en un organismo subordinado a la Rectoría, luchaba por la defensa de la universidad y se solidarizaba de manera totalmente comprometida con las luchas populares.

En su contra tiene la desintegración del Grupo Universidad y el rechazo de otras corrientes que se sienten excluidas por lo que definen ha sido una actitud sectaria del MDS.

Ambos tienen sus méritos, y sería un grave error descalificar a uno para proyectar al otro. Sería lamentable que la proximidad del triunfo se frustrara por las brillantes estrategias sectarias de los dirigentes de las corrientes. El candidato del PRD deberá ser antes que nada el abanderado de un programa que debe comenzar a definirse ¡ya!, pues una sociedad que ha madurado en distintas luchas desde los años sesenta, pero con una tradición que se remonta a la Independencia y la Reforma y la Revolución, no debe ser tratada como menor de edad.

La primera tarea entonces es construir colectivamente el programa, un programa que dé certeza a los guerrerenses de que vamos a dejar de ser el estado que está en el último lugar en la mayoría de los indicadores socioeconómicos, que son una forma muy directa de medir la calidad de vida, un programa en el que la seguridad pública le permita al ciudadano, desde el campesino hasta el empresario, tranquilidad para su familia y su patrimonio; un programa que responda al hecho de que la mitad de la población carece de cobertura en salud; un programa que revierta el abandono del campo y que tiene a los copreros, a los cafeticultores y a los campesinos todos, sumidos en la miseria; un programa que permita darle a los pueblos indios dignidad, autonomía territorial y respeto a su cultura; un programa que permita abandonar el nada honroso penúltimo lugar en el país en educación. Un programa en fin, que rescate la memoria de los mejores hijos del pueblo de Guerrero que cayeron en la lucha por darle a su patria chica y a México todo, un mejor mundo y un mejor futuro. Primero el programa, después el candidato.

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