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Jeremías Marquines

APUNTES DE UN VIEJO LEPERO

  Un libro que indigesta

 Hace mucho tiempo que no me indigestaba tanto la lectura de un libro, hasta que leí Corrupción y fracaso político de Acción Revolucionaria: periodo de José Hugo Vázquez Mendoza, escrito por el ex dirigente del STTAISUAG, Gustavo Avila Serrano.

Este es un libro dual en toda la extensión de la palabra: se mueve entre la confesión y la denuncia; al concluir la lectura, uno se queda entre las ganas de vomitar y la impotencia. Queda una sensación como si se hubiera comido coco rancio.

Gustavo Avila nació en Corral Falso, municipio de Atoyac de Alvarez, es licenciado en historia y en derecho por la UAG; y ha desempeñado muchos cargos sindicales; en la actualidad es asesor de la Secretaría General de la universidad.

En este libro, Gustavo narra su experiencia al frente del sindicato de los administrativos en el nefasto periodo del ex rector José Hugo Vázquez Mendoza (1996-1999). Con la soltura que permite el género testimonial, el autor nos involucra desde las primeras páginas del libro en las catacumbas de la corrupción universitaria, vista desde la privilegiada perspectiva de alguien que se asomó al infierno, olió el hedor de la boca del diablo, besó sus labios carbonizados, y regresó para contarnos a qué saben esos besos y cuánto cuestan.

El texto de Avila Serrano aporta datos concretos: fechas, lugares, encuentros, pero sobre todo nombres; nombres que se repiten en cada nuevo rectorado como el de Fausto Solís Leyva, presente desde hace más de 16 años en las áreas financieras; como los de Josafat Alcaraz Santos, Isauro Cerón; Edilberto Gallardo, Juan Julián Sáenz, entre muchos más, incluidos los ex rectores, entre ellos, Gabino Olea Campos quien durante su gestión se autograduó al firmar su propio título; Marcial Rodríguez que metió en la UAG a todos sus familiares. Rectores, trabajadores, profesores y estudiantes que han sido pervertidos, todos ellos responsables de la corrupción, la mediocridad y el fracaso de la UAG.

En este libro, las relaciones abyectas, las negociaciones turbias que afectaron y afectan a miles de trabajadores y estudiantes; los traidores y los abusivos tienen nombres propios y son rostros conocidos. Son personas de carne y hueso, la mayoría procede de las regiones más miserables y ultrajadas del estado de las que “salen con el único fin de ‘triunfar en la vida’ valiéndoles nada el cristiano que se les atraviese en su camino con tal de lograr su propósito”: satisfacer sus ambiciones personales, tener algo de poder, no para hacer justicia, sino para emular a sus explotadores: quieren robar como robaron ellos; vivir como viven ellos; vestir como visten los caciques universitarios ante quienes se arrastran y llaman ‘líderes morales’, ‘águilas’ o ‘jefes de jefes’, para luego chingar a sus semejantes. Ese es el tipo de personas que viven enquistadas en la universidad y que por cumplir sus objetivos traicionan y corrompen.

Pero este libro no muestra todo, sólo reseña una parte mínima del abuso del poder universitario, es sólo una parte de la historia de vilezas cometidas por uno de los tantos grupos de desalmados que medran de la universidad y que son los responsables de formar y lanzar a la calle a miles de guerrerenses infectados por la corrupción universitaria.

Avila dice que la UAG es la institución que ha generado el 90 por ciento de la burocracia estatal, incluyendo al gobernador del estado René Juárez Cisneros, y al 68 por ciento de los que han sido diputados; es la que ha formado el total de los profesionistas que laboran en las distintas áreas de la impartición de justicia en la entidad –donde hay miles de denuncias por abuso de poder y extorsión–, y también forma a los que ofrecen sus servicios educativos en el nivel medio. Luego de esto, cualquiera entiende por qué el estado de Guerrero es el más atrasado en materia educativa y también el lugar donde mayores abusos y falta de respeto a las leyes existe.

Pero Gustavo nos dice, y es cierto, que todo lo que ocurre en la universidad “no es ajeno a los sindicatos que hacen vida en su interior”, cuya complicidad permite que el rector y su grupo de poder, al que todos quieren servir y con el que todos quieren quedar bien, instale su corte celestial aquí en la tierra a cambio del respeto a sus canonjías.

En siete capítulos, todos contados con gran agilidad y en primera persona, el autor de este libro-testimonio nos revela las suciedades de la administración del ex rector Hugo Vázquez en su trato con los sindicatos universitarios. Un ex rector que ahora cínicamente se dice perseguido y difamado y asegura no saber de qué se le acusa. Pero que aquí, en este libro, Gustavo Avila se encarga de recordar que mientras Hugo Vázquez y su secretario general Eduardo Pérez Rodríguez atacan a los sindicatos, “sus funcionarios se dedican a autofinanciarse obras fantasmas y actividades personales, como Graciano Villegas Barrientos, quien acumuló un adeudo de 19 millones 300 mil 333 pesos, con 16 centavos; y la cajera general Yanira Gallardo Moreno, sobrina del rector, utilizando facsímil del tesorero elabora cheques a su nombre hasta por 200 mil pesos”.

También dice que Hugo Vázquez, para congraciarse con el entonces gobernador Angel Aguirre Rivero, al que llamaba Hado padrino hace lo que mejor sabía hacer: “Mentir y engañar. Nada perdía con inventar cualquier cosa como divulgar que había sido amenazado por el EPR”, lo que sirvió de excusa para que las autoridades estatales y federales ordenaran el despliegue del ejercito como no se había visto en nuestra entidad desde que se combatiera a Genaro y a Lucio”. A este rector, los guerrerenses tienen que agradecer la militarización del estado y los abusos derivados de la misma en las regiones indígenas.

El ex dirigente del STAISUAG, afirma que “a nadie de los que mueven los hilos de la UAG se les puede etiquetar de verdaderos hombres de ciencia; tampoco han dado muestras de poseer la mínima claridad e imaginación para diseñar e impulsar un proyecto educativo serio. Lo único que les interesa y por lo que están dispuestos a todo, es mantenerse en el poder. “Como alternativa proponen un modelo de universidad enclaustrada en la práctica nefasta y vengativa, donde el favoritismo, la simulación y la corrupción la han convertido en fábrica de profesionistas mediocres”.

El libro de Gustavo Avila revela muchas más cosas del periodo de Hugo Vázquez. Pero este texto, aparte de la valiosa denuncia que contiene, es mucho más rico porque  también nos permite confirmar que en la UAG nada ha cambiado. Que el abuso del poder sólo ha cambiado de nombre, que siguen las mismas prácticas gansteriles contra los trabajadores y profesores, que sigue el derroche de los recursos –de pronto aparecen funcionarios con carísimos carros nuevos, casas y mujeres por doquier–; que el rector se mueve en la impunidad más absoluta: pone y quita, veta y reta según su bilis y su espíritu revanchista.

Que el discurso usado por Hugo Vázquez contra sus opositores, es el mismo que hoy usa Nelson Valle. Hugo decía en 1996: “No me prestaré al chantaje y por esa vía no conseguirán nada de esta administración. Porque simplemente no lo vamos a aceptar, como tampoco haré caso de las huelgas de hambre, porque se trata de un acto publicitario”. Nelson dijo el 25 de octubre de 2002, a propósito de una huelga de hambre de rechazados de Medicina: “Son jóvenes caprichosamente manipulados por algunos seudolíderes y no van a echar a perder el trabajo para acreditar la carrera”. “Les vamos a insistir en la importancia del cambio y si no quieren les vamos aplicar la ley”. “No más escuelas fundadas para estudiantes de baja calidad”, señala.

En suma, el libro Corrupción y fracaso político de AR, de Gustavo Avila Serrano, no es una crónica muerta, es la memoria viva de la UAG que grita desde los subterráneos de la corrupción donde es ultrajada a diario por enanos malignos sedientos de poder. Este es un libro que deben de leer todos los universitarios pero no para decir que Hugo Vázquez fue el más mañoso de todos los rectores, el más corrupto; sino para sentir vergüenza y evitar que esta tradición perversa de abuso continúe y se repita con Nelson Valle quien maniobra para exonerar de toda culpa a un maestro y amigo en desgracia.

La contra: Para los que no pudieron ir a Chilpancingo donde repartimos miles de bicicletas y despensas, este sábado 23 se presenta en Acapulco, en el teatro Domingo Soler, el libro Duros pensamientos zarpan al anochecer en barcos de hierro, de este yo. La cita es a las 8 de la noche y estarán como presentadores Ramón Bolívar, Pedro Escorcia, y Manuel Maciel como moderador. Y aparte, los que lleven un ejemplar de esta columna tendrán un tabledance privado y un apetecible descuento en el precio de libro. ajúa.

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