Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Silvestre Pacheco León

RE-CUENTOS

* ¡El socialismo es una cosa bonita!

*Por el Día del Maestro. En memoria del profesor Luis Carbajal López,  fundador del PSUM en Zihuatanejo.

Entre los fundadores del PSUM los maestros fueron uno de los sectores decisivos para crear la alternativa política de izquierda.
Aunque a veces la labor proselitista era como  predicar en el desierto, no cejábamos en el empeño de construir la vía democrática para el cambio social. Aunque sólo fueran tres o cuatro las personas que se acercaban a conocer y escuchar a los militantes de izquierda en las plazas públicas de la costa, para nosotros era ganancia que nos identificaran como gente común y corriente que tenía la virtud de pensar diferente en una sociedad monolítica.
Pocas veces sucedía que hubiera interlocución con los lugareños en un mitin donde a lo sumo lo que aspirábamos era que nos escucharan, pero cuando eso se lograba, el entusiasmo crecía entre los militantes.
En aquella campaña electoral del PSUM a principios de los 1980 la brigada llegó a la desolada plaza de Barrio Nuevo en el municipio de Zihuatanejo. Era temporada de vacaciones.
A la convocatoria para reunirse en la cancha acudieron unas cuantas familias entre las que había un señor interesado en participar.
–Contra el gobierno nada se puede porque él es quien tiene las armas, dijo esperando la respuesta que rebatiera su argumento.
Entonces rápidamente se acercó el profesor Luis al micrófono para contestar entusiasmado.
–¡Claro que se puede! –dijo con vehemencia, y agregó:
–Nomás tenemos que aprender de los antepasados, aunque no tengamos armas como el ejército, nosotros tenemos piedras y garrotes. Acuérdense que los indios así le ganaron a los españoles.
–¿Cuándo fue eso que le ganaron a los españoles? –preguntó el mismo señor muy interesado.
–En el año… en el año… ¿en qué año? –preguntó el profesor Luis a su mujer quien por lo distraída que estaba vigilando a sus hijos no acertó a contestarle.
Viendo el aprieto en que había metido a los maestros, el señor buscó la manera de hacer amable la salida.
–Bueno, vamos a dejar pendiente la fecha en que los indios derrotaron a los españoles, ahora explíquenos qué es eso de socialismo porque lo que sabemos es que los socialistas o comunistas quieren que se reparta todo como si fuéramos iguales. ¿Qué es eso de que me van a quitar mi casa para dársela al que no tiene?
–Ya parece que me van a quitar a mi mujer y van a repartir mis vacas.
El profesor Luis entró al desquite y todos sus compañeros se dispusieron a escucharlo.
–¡El socialismo, el socialismo, el socialismo…. El socialismo es una cosa bonita compañero!
En eso resumió el maestro toda la doctrina por la que propugnaba el PSUM.

El Sepudo

Cuando el doctor Rosalío Wences dirigió al PRD en el estado contagiaba su vehemencia discursiva y se esmeraba en acomodar sus arengas según la clase de gente a la que se dirigía.
Los campesinos que lo escuchaban con la historia del Sepudo terminaban convencidos de sus argumentos y festivamente reafirmaban su militancia.
Nunca supe de dónde sacó esa historia ni tampoco si es verídica, pero era convincente porque en ella tenía que ver el justiciero general Lázaro Cárdenas frente a la demanda de la clase más desposeída que eran los campesinos.
Decía que El Sepudo es un ejido de la Costa Chica y que sus fundadores eran peones de los ganaderos que desde la década de los 20 del siglo pasado iniciaron las gestiones para afectar una pequeña propiedad para tener acceso a la tierra.
Comisiones iban y venían hasta la ciudad de México y nomás no había resolución, pero ninguno de los campesinos cejaba en su empeño convencidos de su derecho a la tierra porque así lo decía le ley.
Cooperaban lo que tenían que cooperar y todos confiaban en sus dirigentes que gestionaban la dotación ejidal ante la Secretaría de la Reforma Agraria.
Los ganaderos se reían cada vez que las comisiones regresaban al pueblo sabiendo de antemano que nada habían conseguido. Y como la soberbia podía más que su confianza en sus aliados del gobierno, todavía se burlaban de los campesinos a quienes saludaban de esta manera cuando volvían de la capital:
–Qué, ¿no se pudo?
Hasta que a finales de los 30 llegó al poder el general Cárdenas y por fin les hizo justicia afectando la pequeña propiedad que era ilegal,  reconociendo a los campesinos  su derecho a la tierra.
Contaba el doctor Wences que cuando los ingenieros de la Reforma Agraria terminaron de medir los terrenos con los que se dotaría al ejido se llevó a cabo la reunión del núcleo agrario donde se determinaría el nombre del ejido.
–En el acta debo poner el nombre del ejido –dijo el ingeniero.
–Propongan nombre compañeros –dijo el presidente del comisariado ante la asamblea que eufórica celebraba su triunfo definitivo.
El más viejo de los solicitantes de tierra fue el primero en pedir la palabra para dar su propuesta.
–Como los ganaderos siempre decían que no se podía, burlándose de nuestra lucha, yo propongo que para que les arda le pongamos a nuestro ejido el nombre de Sepudo.
Todos los campesinos festejaron el ingenio de su compañero pensando en la idea de que cada vez que se refirieran al núcleo ejidal recordarían esa historia.
Y así le quedó el nombre al ejido, decía el doctor Wences exaltando la importancia de la organización y el espíritu de lucha que nunca debe decaer.
En adelante cuando un campesino del aquel núcleo ejidal se llegaba a encontrar con un ganadero, el saludo era: “Sí se pudo”.

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