Humberto Musacchio
Antes de comenzar la llamada veda electoral, Felipe Calderón rindió una especie de informe presidencial en el que, ante un público a modo, hizo una larga relación de presuntos logros, cifras positivas y otros datos que conforman un país que ya no tiene pretexto para la infelicidad.
Sin embargo, los hechos suelen ser tercos y diversas fuentes muestran un panorama menos optimista que debería estar presente en las campañas electorales, en las que los candidatos parecen deslizarse sobre una pista paralela pero no siempre cercana a la realidad y, antes que ocuparse del hambre, optan por paliarla mediante el reparto de tortas a sus acarreados. Veamos.
De acuerdo con el Informe Mundial sobre Desarrollo Humano 2011, presentado el 13 de marzo en la sede de la Organización de las Naciones Unidas en México, entre 2006 y 2010 todas las entidades federativas, con excepción de Puebla, presentan un retroceso en materia de ingresos económicos. Los estados con mayor atraso resultaron Chiapas, Oaxaca y Guerrero, en tanto que el Distrito Federal, Nuevo León y Baja California Sur (pese a que esta entidad sufrió pérdidas en cuanto a ingreso) ocupan consistentemente primeros lugares en cuanto a educación, salud e ingreso “con niveles similares a países como República Checa, Polonia y Croacia”. Dicho de otra manera, sólo tres estados se hallan en no tan mala situación, aunque con grandes y ofensivas desigualdades.
Otro dato poco estimulante es que, también en marzo, el Banco Mundial otorgó al gobierno mexicano un préstamo de 300 millones de dólares, para abatir la tasa de deserción escolar de 41.7 a 33 por ciento. Si la deserción escolar es superior a 40 por ciento, debería ser motivo de un amplio debate en el Congreso y de medidas urgentísimas del Ejecutivo. Si la meta es bajar esa fuga a uno de cada tres inscritos en las escuelas, hay que decir que se trata de un objetivo inadmisible de tan poco ambicioso.
Al terminar el primer trimestre de este año, la deuda pública interna (pasivos del gobierno federal y paraestatales) andaba ya por los cuatro billones de pesos, más de la cuarta parte del producto interno bruto y más del doble (2.27) de la deuda que existía al empezar el actual sexenio. Del total, 28 por ciento está en manos de extranjeros y el resto de mexicanos (particulares, empresas privadas, banca comercial y de desarrollo, fondos de pensiones y Banco de México).
Recientemente, Pedro Joaquín Coldwell se lanzó contra lo que llamó “derecha mediocre”, término que aludía al actual gobierno federal, pues señaló que en este sexenio, 12 millones de personas han caído en la pobreza, 62 por ciento de los mexicanos considera que vive en la inseguridad y dos de cada cinco ya no salen en las noches por temor, pues durante el calderonato se han incrementado cinco veces y media los asesinatos ligados al narco. Cifras contundentes que desmienten cualquier idea de bienestar.
De 2008 a la fecha el salario ha perdido 2 por ciento de su poder adquisitivo, según Banamex, aunque otras fuentes consideran que la pérdida en el sexenio es superior a cuarenta por ciento, lo que podría corroborar cualquier ama de casa.
Según la Comisión Económica para América Latina, la Cepal, en México carece de seguridad social, pensión o asistencia 44 por ciento de los más pobres. Habría que establecer cuántos son “los más pobres de México”, pero con 52 por ciento de la fuerza de trabajo en la economía informal, la cifra en todo caso debe ser alta.
En fin, que todo indica que el país necesita un cambio de rumbo. ¿Ocurrirá?




