Eduardo Pérez Haro
La ignorancia gubernamental envuelve la reforma para el campo
Para Carlos Contreras Portillo
La reforma para el campo nació muerta. La discusión inicia con una agenda improvisada y sin imaginación. La Sagarpa se “refritea” en su precario proyecto institucional ideas sueltas y desordenadas que le fueron “vendiendo” al presidente durante este año y medio de gobierno; “clústers” y “desburocratización” “proyectos regionales estratégicos”, cambio de nombre en el Procampo ahora Proagro para comprar fertilizantes, rehabilitación y construcción de equipamiento e infraestructura para ampliar la cobertura de riego, incluso esbozaron la idea de fortalecer la asociatividad para integrar al sector social.
Todas parecieran en sí mismas buenas ideas pero no son piezas de un entramado debidamente estructurado a la manera de una estrategia de cambio, son, como siempre, “chispazos” que van saliendo de un lado y de otro y que se van colocando como “prioritarios” porque ya dijo el secretario “que eso estaba bien”, ya porque son “compromisos del presidente”.
Juegan a la política de gobierno, y asumen que gobernar es tener las cosas controladas máxime cuando más que negocios existe el riesgo de que haya problemas como sucede en el sector rural que de pronto les atemoriza que se les “michocanice” así lo expresaron en la instalación que se hiciera de la Comisión para la Reforma del Campo hace unas semanas en la sede de la Secretaría de Gobernación.
Puesto en estos términos no hay mucho margen de incidencia, más bien ni siquiera poco, nadie que goza los privilegios del poder se dispara a los pies. Retractarse de una política o programa no es práctica común, nadie se expone a reconocer lo propio como error, por el contrario, siempre se opta por elevar la falla hasta magnificarla como un acierto aunque sólo sea un juego de formas y propaganda, y a pesar de que la realidad y el ánimo de las personas que configuran las sociedades de base así lo delaten. Al fin y al cabo siempre habrá un recurso de última instancia para rescatar las conciencias “descarriadas”.
Lo importante es ganar la jugada presente en todo momento, y si se dijo que iba a haber reforma para el campo, la habrá aunque no haya transformación promisoria. Existe una cultura política, particularmente creada por el PRI-gobierno de los primeros 70 años y ello produce inercia ideológica, estilos de gobernar, y poderes fácticos (económicos y políticos) que no pueden sacudirse fácilmente ni en poco tiempo, pero también hay intereses creados que en la época actual se han entronizado dentro de los poderes de gobierno en todos los niveles y eso aumenta la dificultad de cambio, la inclusión y la participación de los demás, empero, si con esto no bastara para obstaculizar una verdadera reforma para el desarrollo del campo también hay ignorancia que hace de los problemas algo no sólo difícil y complejo para superarlos sino que lo impide. Nadie puede resolver un problema que no ve, ni nadie puede aprovechar una oportunidad que desconoce. El gobierno no está a la altura de las circunstancias.
En la era de la terciarización de las economías se pasó por una experiencia en la que se creó una condición que para gran parte de los pequeños y medianos productores se entendió y se vivió como una etapa que dio en llamarse “de abandono del campo”. La tasa de inversión pública y privada se disminuyó y se concentró en las ramas y productos con ligas al modelo “secundario exportador”, en otras palabras, no se abandonó del todo pero la inversión, y junto con ésta, los apoyos y subsidios, directo e indirectos, se focalizaron no en las áreas de menor desarrollo relativo como lo hubiera supuesto el modelo del estado de bienestar, sino en las actividades que se engranaban con la era de libre comercio en que se procesa la globalización.
El asunto es que para el pragmatismo gubernamental no hay teorías ni análisis, sino inercias de la cultura política y acatamiento de las normas y lineamientos internacionales de política económica, y así, sin más se han entregado a los criterios del modelo neoliberal con un apego que ni sus creadores asumen, favoreciendo la financiarización especulativa de las economías, la globalización de los circuitos más dinámicos del comercio que son los que provienen del nuevo ciclo tecnológico en los que más del 90 por ciento de la economía nacional no participa más que colateralmente como proveedor de bienes primarios e intermedios. Todo lo cual ha sustentado la dinámica de la globalización, pero teniendo como contraparte una aguda diferenciación social y por países y regiones donde se puede explicar que México tenga empresas de clase mundial y hombres multimillonarios en las listas de Forbes en coexistencia con una mediana y pequeña industria desarticulada, 60 por ciento de la fuerza de trabajo ocupada en la informalidad y una pobreza extendida entre el 50 por ciento de la población.
No obstante, lo delicado del punto sobre la reforma para el campo no está en estos altos contrastes de la diferenciación social, sino particularmente en no entender el ciclo económico, la crisis de los países desarrollados y la presencia de los países emergentes, pues a pesar de tratarse de un complejo proceso de reestructuración internacional cuyo desenlace es impreciso, lo que no puede ignorarse es el alcance de los factores estructurales y las tendencias de los cuales destacamos tres que resultan fundamentales.
Primero, que cuando hace crisis el capital se da bajo la forma dual y contradictoria de sobreproducción y subconsumo, produciendo hipertrofia en el funcionamiento del sistema y en donde todos pierden, el capital, el trabajo y el empleo a manera de empleo informal, subempleo y desempleo abierto. Pero ello significa que la base de bienes manufacturados y servicios concomitantes se deprimen y se disminuyen como preferentes de la inversión creándose áreas de resguardo en el ámbito de las materias primas y alimentos con lo cual se crea una línea de presión en la formación de los precios de éstos.
Segundo, que esta circunstancia se da en paralelo a la competencia energética en la que las nuevas tecnologías han llevado a las potencias económicas a tomar decisiones sobre el desvío de granos a la producción de bioenergías, particularmente Estados Unidos que se ha embarcado desde 2007 en un proyecto de inclusión-sustitución de hidrocarburos en hasta el 10 por ciento de su consumo de gasolinas específicamente, y ello representa sacar del circuito agroalimentario hasta el 40 por ciento de su oferta en el mercado mundial, con lo que se crea una presión adicional sobre los precios de los granos especialmente el maíz, pero que se traduce en un incremento de los precios de los alimentos en general.
La demanda del mundo oriental (principalmente China pero no sólo) incorpora alrededor de un mil millones de consumidores al mercado alimentario con el agregado de una tendencia de occidentalización de la dieta y con ello introduce un tercer componente en la presión a la alza de los precios de los alimentos. Mas lo importante es que ninguno de estos factores intervinientes en el alza de los precios de los alimentos resulta pasajero y por tanto estamos hablando de una etapa distinta en la rentabilidad potencial del agro, que ni siquiera agota sus posibilidades en el perfil de lo que aquí comentamos someramente, pero que nos resulta suficiente para señalar que el agro en México no puede ser tratado de igual manera que en la etapa de “abandono” que se dio en un entorno radicalmente distinto, pues fue en el auge de la globalización, Japón presente, encabezada por Estados Unidos y con la conformación de la Unión Europea; reacomodo postcrisis (73-74) del petróleo; productividad agroexportadora; bajos precios de los alimentos y marginalidad de China.
El mundo cambió y los alimentos hoy se inscriben en un contexto que le ofrece una oportunidad a la producción agropecuaria, que no está exenta de las vicisitudes propias del mercado y particularmente de la especulación financiera que se funda en los alimentos, le significa una rentabilidad potencial que de no tomarse, otros lo harán, o mejor dicho, lo vienen haciendo, entre los que no deja de estar Estados Unidos pero que ahora suma a China, Rusia, la India, Brasil de manera muy destacada, y otros, y lo aprovechan de mejor manera porque se atreven a pensar y actúan en consecuencia.
México se torna monotemático con la privatización de Pemex y no advierte el resto de los elementos en juego, mientras nuestros socios, Estados Unidos, dejan que nos equivoquemos de esa manera porque le conviene por todos lados, le apuntalamos su capacidad energética y le allanamos el camino de los agronegocios en la etapa de altos precios.




