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La Feria del atole, tradición cívica-cultural que se celebra desde hace 40 años en Acapetlahuaya

 Xavier Rosado * El 20 de noviembre es una fecha cívica que en el poblado de Acapetlahuaya del municipio General Canuto Neri cobra matices gastronómicos y culturales.Ese día, mientras en todo el país se recuerda la gesta revolucionaria, en esa población serrana ubicada en la zona Norte del estado, se realiza la Feria del atole desde hace más de 40 años.Hasta ese lugar llegan cada año vecinos de la región Norte y de la Tierra Caliente del estado para participar en este festejo y degustar una variedad de 40 atoles así como una amplia gama de platillos y antojitos de la localidad.El presidente municipal de Acapetlahuaya, Juan Martínez Félix, en entrevista señaló que ya se están preparando para recibir a representantes de poblaciones cercanas como Olinalá, Temalacacingo y Cualac para que expongan sus ollas con el delicioso atole de la región, tan apetecido en estos lugares de la sierra.En esta muestra gastronómica que lleva más de 40 años realizándose, según señaló Martínez Félix, los pobladores y visitantes consumen atoles que se clasifican en dulces, los que llevan alguna fruta, azúcar, miel o piloncillo en su preparación y los simples, elaborados con nixtamal.“El año pasado estuvo muy bonito porque hubo atoles de semilla de parota, frijol, calabaza, alegría (semilla de amaranto), piña, maíz, coco, nanche, arroz, chilate, piñón y otros sabores que son tradicionales aquí en la sierra”, explicó el presidente municipal. “Aquí tratamos de que todo sea una feria que reúna a todas las gentes de por aquí para que se haga como una fiesta que sirva también para aprovechar las fechas de la revolución, para festejar que tenemos libertad y patria y sobre todo, lo del atole es para recordarnos de la abundancia y la belleza de nuestro pueblo”, expresó Martínez Félix. Describió que el 20 de noviembre, todas las escuelas del municipio participan en el desfile, caminan por la calle principal y pasan por el edificio municipal haciendo distintas tablas gimnásticas y presentaciones deportivas.

“Todo ese día tenemos otros eventos socioculturales, los muchachos de las escuelas presentan obras de teatro y también hay presentaciones de los grupos regionales, que tocan sones y corridos de la sierra, también hay bailables tradicionales”, comentó.

Sin embargo, especificó que el “broche de oro” de ese día es la muestra de los atoles, “esto se ha hecho desde siempre con el objetivo de presentar las creaciones de atole de las señoras de los pueblos cercanos a Acapetlahuaya, para que vengan con sus familias y se estrechen los lazos de amistad entre las comunidades vecinas”.

Agregó que en esta fiesta se venden tamales, totopos y antojitos mexicanos, para acompañar los sabores de los atoles.

“Aquí puede ser una variedad de comida guerrerense porque venden tamales de salsa verde, roja, de mole y los tamales dulces de ciruela, de piña, de coco, también hay los típicos antojitos mexicanos como tostadas de pata, picadillo, tinga, quesadillas, sopes”, enlistó Martínez Félix.

Dijo que en esos días las mujeres se visten con el traje tradicional de la región norte de Guerrero, que pertenece a los antepasados nahuas que habitaron esta zona, también los hombres visten de gala, con sus camisas de algodón bordado en el peto y en los puños y sus sombreros de paja.

 “La bebida de la gente pobre”

 Los atoles se preparan, con maíz cocido, molido y rebajado con agua. “Es una bebida tradicional mexicana, pero siempre ha sido de la gente pobre”, observó el alcalde de Acapetlahuaya.

“Digo esto porque el atole puede resultar insípido al paladar de los extranjeros, pero para la gente de México, el atole, en todas las épocas ha servido de almuerzo y da bastante fuerza para sobrellevar los trabajos del campo y las demás fatigas en que se emplean”, narró.

Las recetas de atoles son innumerables y van desde lo más sencillo (los productos básicos, maíz, arroz y frijol) simplemente diluidos y hervidos en agua caliente, hasta combinaciones con especias, frutas, semillas, leche, agua de azahar, agua de coco y semilla de melón.

Esta bebida de maíz así las hechas con cacao, eran las principales bebidas prehispánicas, en dosis y combinaciones variables y con el agregado de miel y aderezos diversos.

 La comunidad serrana

 El presidente municipal informó que Acapetlahuaya se encuentra enclavada en el corazón de la sierra guerrerense, cerca de las poblaciones de Olinalá y Temalacacingo, y a mayor altitud Cualac; entidad que es famosa por sus machetes “burilados”, o grabados que muestran paisajes en miniatura, refranes o el nombre del que lo compra.  “Aquí en Acapetlahuaya y en Temalacacingo producimos desde siempre jícaras, juguetes, adornos pequeños como los bules con la técnica de la laca que ya es tradicional por acá, sin dejar a un lado el pueblo de Olinalá, aquí cerca, que desde la época de la colonia está considerada como el centro productor de laca más importante de México”, dijo el presidente municipal.

Especificó que el nombre del municipio, Acapetlahuaya viene del náhuatl que quiere decir “Carrizo tendido como petate”. Limita al norte con el estado de México; al noreste con Izcapuzalco (Pedro Ascencio Alquisiras); al oeste con Arcelia y al sureste con Teloloapan.

“Aquí la tierra es muy accidentada (corresponde a la región volcánica de la Sierra Madre del Sur que) posee una extensión de 8640 kilómetros”, dijo Martínez Félix.Agregó que este poblado posee una zona arqueológica denominada Oztumba, la cual cuenta con elementos bélicos como murallas, fosos, accesos restringuidos, áreas de escape, montículos y aprovechamiento del terreno para su control.“Este fuerte lo han venido a estudiar antropólogos de todo el mundo y según lo que nos han explicado, esta construcción fue utilizada para defender esta región que era muy valiosa para ellos por las extensiones de planicie que aquí se encuentran”, explicó. “Los investigadores nos han indicado que nuestro pueblo primero lo poblaron soldados mexicas y que construyeron el fuerte de Oztumba para defenderse de los españoles”.Después leyó un documento que marca históricamente a Acapetlahuaya y a Oztumba como cabeceras de tributo y comunidades indígenas importantes, “pero fue hasta el 23 de diciembre de 1953 por decreto del gobierno del Estado de Guerrero que se erigió como municipio a Acapetlahuaya, con el nombre de Gral. Canuto A. Neri”.

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