Semivacía la playa Condesa; extrañan los lugareños el barullo de los años ochenta
Salvador Serna
Solitaria lució ayer la playa Condesa de la zona Dorada, que en los años ochenta y noventa logró posicionarse como un balneario de corte internacional.
Cuando en Acapulco, hace 55 años, el segmento turístico de ciudadanos estadunidenses provenientes de la costa dorada del estado de California era mucho mayor que el del turismo nacional, playa Condesa se convirtió en el sitio predilecto para la convivencia del turismo internacional, que atraído por los múltiples peñascos e islotes que la bordean, de inmediato la adoptaron como suya.
Por su entonces lejanía, tan famosa se convirtió la playa Condesa, que el segmento del turismo gay internacional acudía con la finalidad de divertirse en sus aguas y conocer gente nueva de otros países como Holanda, Italia, Francia y España, al grado de realizar bodas simbólicas por las noches.
A decir de algunos historiadores locales, en aquella época, la vida en Acapulco sólo llegaba hasta playa Papagayo. Pero, playa Condesa era un rinconcito muy apartado, donde la comunidad gay hacia gala de riesgo y espíritu aventurero.
El primer establecimiento comercial del que se tiene memoria fue el negocio de sopes y ceviches de la familia Rodríguez, quienes unos años después, junto con los Espinoza y su gran amigo Pipo Diego y bajo el concepto Dear Friendly –siempre amables-, crearían el restaurante bar Beto Safari. De esta manera, en playa Condesa se creo una gran comunidad de protección de la cultura gay, ya que en esos años, esta comunidad no tenia derechos, todo era clandestinidad, pero la Condesa, un oasis.
Así fue como nació el concepto de Acapulco Golden, donde turistas extranjeros, en su mayoría personas con claras tendencias bisexuales convivían sin tapujos ni prejuicios con los meseros, cantineros, así como también con los lancheros de la playa Condesa, cobijados bajo el manto protector de la entonces naciente vida nocturna de Acapulco.
Hoy día, de eso ya no queda nada. Tal como lució ayer sólamente hay una que otra familia conviviendo, pero temerosa de zambullirse en sus aguas con su oleaje, siempre salvaje.
Desde hace 15 años, playa Condesa perdió el aire snob fashion que le caracterizaba, eso es parte del pasado. Con el surgimiento de los centros nocturnos de baile, fueron atraídas las masas del turismo nacional. Hoy, sólo quedan devaluados pesos y centavos de águila y sol.




