Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

El crecimiento económico de los estados del sur

 (segunda parte)

 Al inicio de la década de los ochenta, México se caracterizaba por poseer un sector agropecuario estancado, una planta industrial envejecida, un comercio y servicios bancarios especulativos y un desmedido endeudamiento externo. El modelo de crecimiento económico que había tomado como base el proteccionismo y la rectoría estatal, la economía cerrada, la blandura fiscal y el déficit crónico en las finanzas públicas compensado por crecientes empréstitos externos había llegado a su límite.

Tal modelo fue cambiado por el neoliberal, que se coloca en el otro extremo, es decir, retiro de todo intervensionismo estatal en la economía, el libre mercado y sus señales como único eje para la orientación que no planeación económica y la privatización de todas las empresas paraestatales y de bienes y servicios.

De esa década a la fecha, los estados del sur acentuaron su condición de rezago y desigualdad respecto al resto del país, y a su vez, el crecimiento del norte y el centro del país no actuó como pivote o polea que jalara o levantara al sur y disminuyera la amplitud de la brecha existente.

Guerrero, Oaxaca y Chiapas tienen todavía una población rural que es doble de la existente en el resto del país: 45%, 55.2% y 54.4% respectivamente, mientras que el  promedio nacional es de 25.4%. La tasa media de crecimiento anual de la población en los estados sureños ha disminuido, pero no tanto debido al abatimiento del índice de natalidad, sino por la fuerte migración de las y los jóvenes del campo a la ciudad, al norte del país y hacia el país del norte.

La migración pasó a ser parte estructural de la economía del sur. Muchos pueblos rurales sobreviven y se desenvuelven gracias a las remesas económicas que envían o traen sus coterráneos radicados en los Estados Unidos o de los ingresos económicos estacionales, obtenidos por las familias de jornaleros agrícolas indígenas que, año con año, se trasladan a los campos agrícolas de exportación del norte del país, principalmente Baja California y a Sinaloa.

Si bien es cierto que en el corto plazo la migración tiene efectos positivos en el empleo e ingresos económicos de la población rural económicamente activa que la realiza,  para la entidad federativa no lo es y a la larga es una sangría de los mejores brazos laborales que tiene un país. Es una salida frágil que se puede interrumpir por disposiciones del país o estado receptor y porque desestructura a los pueblos locales. Estos ya se caracterizan por ser pueblos de viejos, niños y mujeres solas, con una carencia de fuerza de trabajo masculina joven que los ayude a prosperar.

Por lo que se refiere a los pueblos indígenas del medio rural sureño, han podido sobrellevar la marginación, la pobreza y el atraso, gracias al alto grado de cohesión social interno que preservan y mantienen, no obstante el alcoholismo imperante. El respeto, la solidaridad y la autoridad de asamblea comunitaria han jugado un papel decisivo. Aún cuando en los último tiempos, esa unidad de los pueblos indígenas ha sido socavada por la presencia de dos fenómenos relativamente nuevos en su vida cotidiana: los partidos políticos y la siembra de estupefacientes. Ambos, han provocado en los pueblos indígenas divisionismo y violencia.

Retomando el tema, también podemos afirmar que, históricamente, la mayor parte de la inversión y el gasto público federal  ha sido canalizado al sector industrial, comercial y de servicios que se localizan en las zonas urbanas principalmente las ubicadas en el centro y norte del país.

Por lo que se refiere al recurso presupuestal público orientado al sector agropecuario, la mayor cuantía se encausó a la agricultura comercial que tiene asiento también en esas regiones del país. El desinterés institucional histórico y la relativa poca inversión pública federal se agregan a los factores físicos, materiales y sociales que dan como resultante la marginación, el rezago y la miseria contenidas en  la desigualdad sectorial, regional y socioeconómica que distingue al sur del resto de México.PD1.–Algunas de las moralejas de lo acontecido son: un buen gobierno reditúa políticamente. Los que se pelean en lo interno, pierden en lo externo. No por proporcionar muchas dádivas, amaneces con más votos. Un mal candidato, aunque lo vistan de seda, es sinónimo de escasos votos. Crea fama, échate a dormir y perderás las elecciones. No hay caciques que duren cien años, ni entidad federativa que los aguante. A partir de ahora, la única certidumbre es que prevalecerá la incertidumbre en las futuras elecciones.

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