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La Navidad, un día como cualquiera para niños de la calle de Chilpancingo

 * “Cenamos unas chalupitas o un pozolito”

* Tienen en común el haber abandonado los estudios por necesidad económica

 

Teresa de la Cruz, corresponsal, Chilpancingo * “Para nosotros no hay Navidad, y lo que cenamos son sólo unas chalupitas o un pozolito”, dijo Víctor Nava Méndez, uno de los tantos jóvenes que desde temprana edad se dedican a limpiar parabrisas, vender chicles o periódicos en las avenidas más transitadas de esta capital.

 

Víctor Nava dejó de estudiar hace seis años cuando cursaba el segundo año de secundaria, y desde entonces se dedica a limpiar los parabrisas de automóviles que transitan a diario por la avenida Insurgentes de esta capital, aunque no de todos recibe pago.

 

Este 24 de diciembre, día en que se celebra la Navidad y en el que las familias se reúnen para preparar la cena de Noche Buena así como abrir regalos, Nava Hernández llegó como todos los días, igual que el resto de sus compañeros de jornada al retorno de la avenida Insurgente a limpiar parabrisas, porque “para nosotros es un día cualquiera, tenemos que trabajar”.

 

Sobre todo, indicó Nava Hernández mientras transitaba una gran número de automovilistas  que deseaba llegar a su hogar con las compras de última hora, “trabajamos porque es buena temporada, y nos llegan a dar hasta cinco pesos”.

 

Nava Hernández, quien es también vecino de la colonia CNOP ubicada en la periferia de esta capital y que además ocupa el cuarto lugar de los ocho hijos que tuvo su madre, aseguró que en diciembre generalmente “logramos obtener de 150 a 180 pesos diarios, mientras que en el resto del años la cuota no es mayor a 80 pesos, por eso estamos aquí”.

 

Más adelante precisó que “mi padre murió cuando tenía cinco años, desde entonces mi  madre junto con el más grande de mis hermanos que trabaja como militar nos mantuvieron”, sin embargo aseguró que su madre volvió a casarse y desde entonces todos mis hermanos, a excepción de las que ya se casaron, “tenemos que trabajar”.

 

Víctor Nava, quien hoy sólo cuenta con 16 años, insistió en que para “nosotros no hay Navidad, ni épocas festivas, nosotros trabajamos siempre si no, no tenemos para comer, mi mamá no nos obliga a chambear, pero como no me gustó seguir estudiando me vine a limpiar parabrisas”.

 

Luego dijo Nava Hernández que “en mi casa no hacen grandes comidas, si bien nos va cenamos sólo chalupitas, pero ello depende de lo que se reúna de la cooperación de todos mis hermanos”.

 

 En otro momento dijo que hace cinco meses ante la queja de los choferes del transporte colectivo de que “nos aventábamos sobre sus carros”, fueron “hostigados” por los policías municipales, quienes “intentaron quitarnos de esta calle, pero gracias a la intervención de quien sólo conocemos como Don Mario –un trabajador del DIF– es porque nos quedamos aquí y nos dejaron de molestar”.

 

Mencionó que son alrededor de 15 jóvenes que se encuentran en ese punto de la ciudad limpiando parabrisas, vendiendo chicles o periódico, sin embargo aseguró que “también hay más chavos en otras calles trabajando y todos nos caracterizamos porque ninguno estudió”.

 

Precisó Nava Hernández, quien en todo momento agitaba el bote de jabón, una de sus herramientas de trabajo, que el DIF estatal “nos ha ofrecido becas para estudiar, pero ninguno quiere, porque ya nos acostumbramos a trabajar”.

 

Ismaél Barrera Julián, quien cuenta con 14 años de edad, también trabaja sobre la misma avenida; él se dedica a vender periódicos y dijo que “ojalá y esta Navidad cenemos aunque sea un pozolito –aunque indicó que esta época es igual que todas las demás–, nosotros no descansamos, tenemos que trabajar”.

 

La historia de Ismael Barrera es la misma que vive una gran cantidad de jóvenes que víctimas de las difíciles condiciones económicas dentro su hogar tienen que compartir los gastos.

 

Barrera Julián quien sólo estudio el primer grado de primaria, dijo que actualmente los 100 pesos que obtiene tras permanecer todo el día sobre la avenida Insurgentes tras ir “toreando” automóviles cuyos conductores algunas veces “nos llegan a insultar” se los entrega íntegros a su mamá, ya que ella “se dedica a lavar ropa ajena y mi papá es albañil”.

 

Son diez los años que, según Barrera Julián, el mayor de tres hermanos, se ha dedicado a hacer todo tipo de trabajo sobre la avenida que conduce a la central de abastos, entre ellos limpiar parabrisas o a vender periódicos

 

“No trabajo aquí porque me obliguen, lo que pasa es que me gustó chambear desde chico, ya no quise estudiar, me gusta andar aquí con los demás”, indicó Barrera Julián, quien aún contaba con un gran número de ejemplares.

Destacó Barrera Julián que uno de los anhelos que tuvo durante su infancia “era tener una carrito, siempre se lo pedí a Santa Claus pero nunca me lo dio, yo sólo quería un carrito, siempre quise uno para jugar pero no lo tuve”.

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