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En el sepelio del patriarca, pocos políticos ruizmassieuístas

* Destacan la ausencia del gobernador y del secretario de la Reforma Agraria

 

  Aurelio Peláez * Armando Ruiz Quintanilla, el patriarca de la familia Ruiz Massieu lo fue también indirectamente de una nueva clase política, la que se formó y creció con su hijo, el ex gobernador José Francisco Ruiz Massieu. A su sepelio llegaron parte de los políticos que a partir de 1986, cuando José Francisco fue designado candidato del PRI, comenzaron a despuntar en Guerrero, y quienes hoy ocupan la mayor parte de los puestos estratégicos en la política y la administración pública del estado.

En los funerales y el sepelio, destacó la ausencia del gobernador René Juárez Cisneros, quien el lunes se encontraba en Acapulco, y del titular de la Secretaría de la Reforma Agraria, Florencio Salazar Adame, ambos formados bajo la tutela del ex gobernador asesinado el 28 de octubre de 1993.

 

De la familia, no asistieron sus nietas Daniela y Claudia Ruiz Massieu Salinas, esta última actual diputada federal por el PRI, e hijas  del matrimonio de José Francisco con Adriana Salinas, hermana del ex presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari.

 

En la funeraria estuvieron Israel Soberanis Nogueda, quien fue alcalde de Acapulco, presidente del PRI estatal y senador suplente de Rubén Figueroa Alcocer, en el periodo Ruiz Massieu. Actualmente es rector de la Universidad Americana. David Sotelo Rosas, director del CREA y diputado local en la misma época ruizmassieuísta. Hace cuatro años se afilió al PRD y apenas dejó de ser diputado federal por ese partido. También estuvo Héctor Astudillo Flores, quien fue secretario particular de Floencio salazar Adame y diputado local, desde donde peleó y consiguió la alcaldía de Chilpancingo. Ahora es senador de la República.

 

De políticos locales asistieron a dar el pésame a la familia el presidente municipal Alberto López Rosas, quien estuvo al mediodía. Fue presidente de la Junta Electoral del distrito 07 (hoy 09), y vocal fundador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (Codehum), a invitación de Ruiz Massieu. Luego, secretario general en el ayuntamiento de Acapulco, con René Juárez Cisneros.

 

Llegó también Guadalupe Gómez Maganda, quien aunque fue diputada federal y senadora durante ese gobierno, sus alianzas las tenía con los políticos del centro. Se recuerda al respecto que en 1988, se echó abajo un acuerdo de Ruiz Massieu con el entonces secretario general del PRI estatal, Luis Walton Aburto, a quien se había comprometido a dejar como candidato a diputado federal por el distrito 04 de Acapulco (hoy el 10). De última hora, al cierre del registro se avisó a Walton que por órdenes de la dirigencia nacional la candidata sería Gómez Maganda. Walton, hoy presidente del partido Convergencia, estuvo la noche del lunes y el mediodía del martes en la funeraria. Le acompañó el dirigente de ese partido en Acapulco, Juan Larequi Radilla.

 

Estuvieron con la familia Ruiz Massieu, Maricela y Armando, pues no llegó Arturo, la magistrada electoral, Virginia López Valencia; el magistrado de la judicatura estatal, Armando Terrazas Sánchez, los ex alcaldes de Acapulco, Rogelio de la O y Manuel Añorve, la noche del lunes, y Alfonso Argudín Alcaraz, el martes, y enviaron coronas florales el senador perredista Armando Chavarría Barrera y el convaleciente diputado local, Carlos Sánchez Barrios. La noche del lunes también estuvo la diputada local perredista, Gloria Sierra López.

 

La nueva clase política

 

En 1987 al llegar a la gubernatura del estado, luego de haber sido subsecretario de Salud, en la Secretaría de que era titular el también guerrerense Guillermo Soberón Acevedo, Ruiz Massieu, quien había hecho su carrera política y académica en el Distrito Federal, sobre todo, se dispuso a armar un equipo político diferente al de los tradicionales de esta entidad.

 

Con fama de intelectual y reformista, y conocida su reticencia a identificarse con la clase política local –los “fordcitos T”, les llamaba en referencia a su anacronismo– Ruiz Massieu integró en principio en su gabinete a personajes radicados en el Distrito Federal, entre ellos Edgar Elías Azar, a quien nombró nada menos que secretario de Finanzas, y Mario Melgar Adalid, a quien designó como titular de una poderosa Secretaría de Desarrollo Social. También al hoy aspirante del PRD a candidato a gobernador Angel Pérez Palacios, a quien nombró secretario de Planeación, y en la secretaría de la Mujer, María de los Angeles Nava, quien fue funcionaria en el Ayuntamiento encabezado por Zeferino Torreblanca –quien también despuntó en el periodo de Ruiz Masieu como dirigente empresarial– y que fue candidata a diputada federal por el partido Convergencia de Luis Walton.

 

En la entidad, se acercó a políticos jóvenes, algunos alumnos de él en la UNAM, como David Sotelo, para armar un equipo de La nueva clase política, como se llamó uno de sus libros en donde llamaba a reformar el PRI, entonces con una imagen ya desgastada y monolítica. Pronto comenzó a integrar a políticos locales con un perfil nuevo: René Juárez Cisneros, Florencio Salazar Adame (venía de trabajar con el político tamaulipeco, Manuel El Meme Garza), Israel Soberanis Nogueda, Mónica Leñero –ahora delegada de la Secretaría de Economía en el DF–, y a reclutar a otros del gobierno de su antecesor, Alejandro Cervantes, como Angel Aguirre Rivero y Efrén Leyva Acevedo. En el PRI, promovió el cambio incluyendo a nuevos dirigentes, como Porfirio Camarena, a quien instaló en la dirigencia de la CTM, tras provocar la salida de Filiberto Vigueras Lázaro, y Nabor Ojeda Delgado, a quien colocó en el liderazgo de la CNC. A Efrén Leyva le colocó en el sector popular.

 

En ese periodo, René Juárez fue secretario de Programación y alcalde de Acapulco, desde donde partió a ser diputado federal ya en el gobierno de Rubén Figueroa Alcocer; Florencio Salazar, alcalde de Chilpancingo y diputado federal –y terminaría yéndose al PAN-, e Israel Soberanis, alcalde de Acapulco y secretario general del PRI, así como senador suplente de Rubén Figueroa en 1991, curul a la que accedió un año y medio después, cuando Figueroa pidió licencia para ser el candidato priísta a la gubernatura de Guerrero. Mónica Leñero fue delegada de la Secretaría de la Mujer, delegada luego de la SECOFI, con presencia constante en el PRI, en donde se le pretendía impulsar a una cartera estratégica, cuando asumiera la diputación federal de José Francisco Ruiz Massieu, de quien en 1994 era su suplente.

 

Al final de su mandato en Guerrero, pues, había un equipo político compacto ruizmassieísta, el cual se mantuvo cohesionado pese al difícil periodo político que enfrentó, que fue el nacimiento del PRD, cuyo crecimiento intentó contener de diversos modos, y que al final fue una de las manchas en su periodo por las medidas de represión contra el movimiento cardenista, sobre todo entre 1988 y 1990.

 

Tan cohesionado se sentía al equipo que no importó dejar el control del PRI en Rubén Figueroa Alcocer, a quien en 1991 se dejó la presidencia del partido, como antesala para ocupar la candidatura a gobernador. La víspera del 28 de septiembre de 1994, cuando fue asesinado José Francisco, diputado federal electo y entonces secretario general del PRI, e inminente coordinador de la fracción parlamentaria de su partido en la Cámara de Diputados, desde donde se le auguraba la posibilidad de pasar a la Secretaría de Gobernación, muchos de los ruizmassieístas ya tenían nombramientos de funcionarios de la Cámara bajo el brazo. El futuro para la clase política era promisorio, y el asesinato lo cortó de tajo. Desde entonces, ningún otro político priísta guerrerense figuró en las ligas mayores de la política nacional.

 

En Acapulco, Armando Ruiz Quintanilla, observaba satisfecho. La familia era la puerta de entrada a José Francisco. Don Armando, el patriarca de la familia (su hijo Mario era subprocurador general de la República), veía el esfuerzo familiar recompensado. Los Ruiz Massieu eran referencia política de la entidad, e inevitablemente, del país. Luego, vino el asesinato de José Francisco, el aparente suicidio de Mario, y la poderosa familia quedó prácticamente en el colapso.

 

Por ocho años llevó el luto. La clase política se mantuvo cercana a la familia, a los padres. Hace 70 días falleció la madre, dona Refugio Massieu; este lunes 22 el padre, Armando Ruiz. Fueron una familia que no alcanzó a ser dinastía; que vivió el éxito y el drama, el poder y su lejanía, al estar emparentados con los Salinas de Gortari, uno de los cuales –Raúl– se encuentra en la cárcel acusado del asesinato de su hijo predilecto. Se levantaron a la muerte temprana de sus dos hijos mayores, Roberto y Wilfrido, a principios de los sesenta. Sobrellevaron las de José Francisco y Mario, y vieron cómo los políticos que se formaron con su hijo ocuparon los primeros planos de la política. Muchos de ellos aún con el sello Ruiz Massieu.

 

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