Estricta vigilancia para evitar protestas ante Peña Nieto, limita la asistencia a la inauguración del puente
*El que comunica Altamirano con Coyuca de Catalán es “uno de 25 puentes, presidente”, dijo la diputada perredista Teresa Mojica, y le pidió apretar a su equipo para entregar las obras
Gregorio Urieta
Ciudad Altamirano
Los asistentes a la ceremonia en que el presidente Enrique Peña Nieto inauguró el nuevo puente Miguel Alemán, unos 300, tuvieron que sortear cuatro aduanas en las que eran revisadas sus pertenencias y decomisadas algunas de ellas. Compuesto principalmente de funcionarios públicos de los ayuntamientos de Pungarabato, Coyuca de Catalán y Arcelia, el público correspondió a la estricta vigilancia con escasos aplausos al discurso del mandatario del país.
Y es que fue tan estricta la vigilancia y tan controlado el acceso, que únicamente podían pasar aquellos que llevaran pegado al cuerpo un pegote con los colores nacionales, entregados por personal de los ayuntamientos que debían proporcionar el público que aplaudiría al presidente de la República.
No se permitía pasar con cámaras fotográficas a menos que se acreditara como periodista y fotógrafo. Desde temprana hora no se podía atravesar el puente caminando y menos tomar fotografías; personal militar se encargaba de que así fuera. No se permitía pasar con camisetas con propaganda política, y se pudo observar que fueron decomisadas dos cartulinas con reclamos al presidente por el incumplimiento de construcción de viviendas incluidas en el programa de reconstrucción del estado después de la catástrofe ocasionada por la tormenta tropical Manuel.
La diputada federal perredista Teresa Mojica Morga fue obligada a deshacerse de un ejemplar de El Sur que apenas había comprado, y sus colaboradores no pudieron pasar porque llevaban camisetas con el nombre de la diputada.
A las 2 de la tarde, el sol calentano estaba en su apogeo. La llegada del presidente Peña Nieto estaba anunciada para las 4. La circulación hacia el puente era orientada en uno solo de los dos sentidos con que cuenta, lo que hizo que hubiera largas filas de autos que esperaban bajo el ardiente sol de las 2 de la tarde.
Los periodistas locales fueron hechos esperar para darles un distintivo de acceso color amarillo. Al pasar una de las aduanas recibieron una botella de agua al tiempo, “porque –dijo un bromista empleado– se descompuso el refrigerador.” Una vez adentro del local, no podían movilizarse fuera del “corral de la ignominia” destinado para ellos y aún allí, eran instruidos por los guardias que no debían estar parados, de no hablar durante el discurso del presidente, o estorbar la visión de sus compañeros a pesar de que había cuatro pantallas gigantes que daban fe de lo que acontecía. “Y todavía se quejan del trato de los guaruras del gobernador” (Ángel Aguirre), bromeaban los periodistas en medio del calor. Los directores de los diarios locales recibieron, curiosamente, un trato preferencial. Fueron colocados en primera fila, a unos metros del presídium de honor. Algo inusual en estas ceremonias.
En el lado superior izquierdo del local, los diputados federales perredistas Teresa Mojica Morga, Catalino Duarte Ortuño, y los locales Jorge Camacho, del PAN, y del PRD Elí Camacho Goicochea, mataban el tiempo saludando conocidos. Lo mismo hacían al centro del espacio los alcaldes de Pungarabato, Coyuca de Catalán, Arcelia, Tlalchapa, Cutzamala, Ajuchitlán, Tlapehuala, y San Miguel Totolapan, Reynel Rodríguez, Rey Hilario Serrano, Taurino Vázquez, Guadalupe Eguiluz, Isidro Duarte, J. Carmen Higuera, Everaldo Wences, y Saúl Beltrán Orozco, respectivamente.
A las 3 de la tarde con 58 minutos los presidentes municipales de Coyuca de Catalán, Rey Hilario Serrano, y de Pungarabato, Reynel Rodríguez, fueron movilizados a un costado del helipuerto improvisado. Allí esperaron casi media hora el arribo de Peña Nieto, que llegó a las 4 con 25 minutos. Los tres helicópteros de su comitiva aterrizaron en un costado de la playa del río Balsas, a unos 60 metros del techado.
Aplausos aislados recibieron al mandatario, que ha sido severamente cuestionado por los perredistas que han señalado que se está usando el programa de reconstrucción con fines electorales para beneficiar al PRI al retardar los trabajos de reconstrucción del estado. Sólo aplaudió un sector de invitados ubicados al centro, precisamente por donde pasó el presidente.
Peña Nieto se dejó querer por ese sector, integrado por personal de los ayuntamientos priístas de Pungarabato y de San Miguel Totolapan. Alma Rosa Cortés, funcionaria del Ayuntamiento de Pungarabato, quiso tomarse un selfie con el mandatario. Este, ayudó a la dama a tomarse la foto con él. Rodolfo El Nini Orrostieta, hizo realidad su sueño de fotografiarse con el presidente de la República. Peña Nieto saludó de mano, abrazó mujeres y repartió abrazos. Llegó hasta los diputados federales perredistas Catalino Duarte y Teresa Mojica.
—Apriete a su equipo presidente, nos está entregando un puente, de 25 siniestrados –le aventó a bocajarro la diputada perredista.
—Así que apriete a mi equipo –contestó el mandatario.
Conocedor de la determinación de la diputada calentana y paisana suya costachiquense, el gobernador Aguirre se apresuró a terciar.
—Sí, sí, ya lo estamos viendo, señor presidente.
—Si el gobernador está apretando a su equipo, usted apriete al suyo, las obras urgen presidente –alcanzó a decir Teresa Mojica, bajo cuya gestión en la Cámara de Diputados se ampliaron más de 70 millones para el Fonden.
Durante la mañana, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, se reunió con el diputado federal Catalino Duarte para inhibir las protestas preparadas por los perredistas por el incumplimiento de reconstrucción de la mayoría de los puentes. En un encuentro que inició ríspido y finalizó con abrazos, los perredistas decidieron no manifestarse, aunque no avisaron a algunos que se habían congregado del lado de Coyuca de Catalán, provenientes de Amuco, que se quedaron esperando.
Un puente más largo, más ancho, más alto…Y más caro
Ruiz Esparza presumió un puente “más largo, más ancho, y más alto”. Le faltó decir al secretario “y más caro”, pues la presupuestación original que anunciaron fue de 400 millones de pesos y de acuerdo con la tarjeta técnica leída ahora por Ruiz Esparza, el puente tuvo un costo de 541 millones de pesos, 141 millones más que la presupuestación original.
El gobernador Ángel Aguirre retomó su discurso anecdótico y recordó que para la construcción del primer puente “Miguel Alemán”, entonces niño Ángel Pérez Palacios le solicitó al entonces director de la Comisión del Río Balsas, general Lázaro Cárdenas del Río, la construcción del puente. “Para garantizar el cumplimiento de la obra el General dejó en prenda un reloj. Usted sólo dejó empeñada su palabra, y nos está cumpliendo, señor presidente”, dijo un complacido gobernador del estado, quien presumió que siendo presidente de la Comisión de Presupuesto destinó más dinero para Guerrero y para el Estado de México y saludó así con mucho afecto al secretario de Educación, Emilio Chuayffet, presente en el presídium, quien entonces era el coordinador parlamentario, cuando Ángel Aguirre era senador por el PRI.
Peña Nieto se veía más delgado. Su rostro bañado de sudor, le hizo agradecer “el calor humano” de una multitud “representativa” de los miles de beneficiarios de la obra, dijo. Se veía contento Peña Nieto. Y cómo no, si no hubo un solo manifestante a pesar de que de las casas siniestradas sólo están colocadas las bases, y a pesar de que fueron dejados fuera de los censos decenas de afectados. Tal vez por eso la secretaria de Desarrollo Social Rosario Robles se mantuvo en un bajísimo perfil y apenas fue nombrada por el gobernador Aguirre Rivero.
El presidente se comprometió a terminar este mismo año la construcción de los puentes siniestrados en la región y logró algunos aplausos y un espontáneo “¡Viva Peña Nieto!” cuando anunció que iba a autorizar la ampliación de la carretera de Arcelia a Iguala y la ampliación de la carretera a Ixtapa Zihuatanejo.




