Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jeremías Marquines

APUNTES DE UN VIEJO LEPERO

* Etica de criados

 La gente pública de Guerrero se mueve entre dos categorías: la hipocresía y el cinismo, y sorprende la normalidad y el desenfado con que se acepta este mal que sólo existe en las sociedades muy, pero muy envilecidas.

La semana pasada y parte de esta –los que leemos periódicos– pudimos darnos cuenta de este hecho que, por “normal”, pasa sin que nadie lo vea, igual que otras muchas cosas que ocurren aquí, como la violencia, la corrupción, la impunidad y el atraco al presupuesto público; en esa situación de “normalidad” se ubica la hipocresía y el cinismo de la gente pública del estado.

A qué me refiero con la gente pública, pues al gobernador, a los alcaldes, al rector, a los universitarios, a los “periodistas”, a los de la cultura, etc., es decir, aquellos que su opinión sirve para justificar o demeritar una acción pública o a una persona. Digámoslo en otras palabras, es la turba zoológica que opina y que se erige, sin pena por sus actos, como “juez moral” de la sociedad y la política, como “paladines de la virtud cívica”. Su razón es esta: mientras seas “de los nuestros” tus errores no cuentan, si eres deshonesto, abusivo, siempre habrá una razón “ética” de grupo, Estado o de partido para negar o desdibujar la falta, pero si ya no eres “de los nuestros”, tus faltas serán una vergüenza social. En El crimen del padre Amaro vimos cómo a través del cinismo y la hipocresía se efectúa esta transferencia de culpa: el deshonesto pasa a ser respetable y el honesto o el crítico incómodo del grupo es perseguido y descalificado; se aplica esa categoría social que Savater llama moral para criados.

Es esta una moral que argumentan los inmorales para legitimar sus acciones y, sobre todo, censurar la inmoralidad de la legitimidad de las opciones políticas de sus adversarios, que en un Estado democrático es de lo más normal. Esta moral de criados se afirma en la máxima cínica y antidemocrática que dice: fuera de “nosotros” no hay legitimidad.

Esta moral desecha la capacidad universal del individuo de ser eficazmente escuchado (es decir, de participar en la gestión), y por tanto el derecho a la diferencia y a la discrepancia; el derecho a ser íntegramente persona (no sencillamente súbdito) y la abolición del secretismo y el ocultamiento en las decisiones políticas que es un requisito exigible en toda democracia.

La moral de criados es la moral de esclavos que permutan su vida por las migajas que los mantienen vivos (Niestche). Y en esta situación se encuentran hoy muchos militantes del PRD y muchos universitarios de la UAG, que como no se les puede reconocer por sus ideas, hay que reconocerlos por su sumisión a tal o cual lidercillo corrupto.

En esta lógica, el PRD y sus facciones universitarias, se convierten en organismos autorreferenciales que no tienen ya interés en representar a nadie ni a nada, fuera de sí mismos y de sus intereses en perpetuarse. Y en primer lugar, de perpetuarse en común. Viven –usando palabras de Paolo Flores d’Arcais– en una situación de oligopolio y no pueden llevar la mutua competencia hasta tal punto que haga peligrar el oligopolio.

Antes que la libertad de pensar, de ser individuo libre, está la lealtad jerárquica, con razón o sin ella, “ser de los nuestros” y respetar a los mandos naturales, es el mandamiento casi único de estas agrupaciones: las grandes proclamas doctrinales y los elogios rechinantes al espíritu crítico (pero disciplinado) son concesiones a lo ideológico, en el peor sentido de esta palabra” (Savater).

Todo esto ocurrió durante la huelga de hambre que el ex candidato a rector de la UAG y militantes del FAUG llevaron a cabo la semana pasada frente a las oficinas del rector Nelson Valle. Un grupo de individuos que protestaron así, empleando una de las formas más pacíficas de la lucha social, para exigir la restitución de sus derechos y garantías restringidos por un grupo de sinvergüenzas que usan como patrimonio particular y como botín de grupo los bienes públicos de la universidad. Sin embargo, para nadie, para ninguno de los criados que militan en las facciones universitarias del PRD les pareció legítima esta lucha porque se contraponía a la lealtad jerárquica que los alimenta con sobras. Por lo contrario, se sumaron a la descalificación de las opciones individuales que permite la “normalidad democrática” y cobijados en la moral de criados y en la máxima de que si no es “de los nuestros” su lucha no es legítima, juzgaron a partir del chismorreo corruptor que confunden con la ética política, el derecho a la diferencia y a la discrepancia.

¿Quién de esos hipócritas que cuestionó la decisión ética –porque si no lo saben, la ética sólo tiene que ver con la conducta de uno mismo, pero nunca sirve para juzgar a otro–que tomaron Ortega y algunos de sus seguidores de apoyar a un partido diferente, no actúa movido por su interés particular o por lealtades a jefes de grupo a cambio de migajas? ¿Quién puede aquí, en este estado, acusar de seudodemócrata a otro individuo que abandona un partido, una facción, un grupo para pasarse a otro? ¿Quién de los universitarios y dirigentes perredistas tiene la suficiente “calidad moral”, la necesaria convicción ética para juzgar a otro, sin que le restreguen en las narices sus acciones innobles, si casi todos son criados de lidercillos y caciques corruptores? ¿Qué pueden decir los que se sienten orgullosos de permutar su libertad de opinión, su derecho a la diferencia y a la discrepancia, por la sumisión ofensiva a “líderes morales” que no aguantan un cuestionamiento moral, en el sentido exacto de valor humano? ¿Qué pueden decir esos que sin rubor, porque son estúpidos, se dicen “hijos políticos” de tal o cual fulano? ¿Qué pueden decir Nelson Valle y Saúl López Sollano, que actúan como dueños de la UAG y vetan y maltratan y se burlan de la necesidad de los trabajadores que no simpatizan a fuerza con sus abusivas políticas? ¿Son honestos, sus acciones son morales, son éticas, no tienen nada qué ocultar?

Eso, y no la discrepancia pública hacia un grupo de individuos que abusan del patrimonio de una institución pública y el poder que da un partido, son las cosas por las que hay que sentir vergüenza. Sin embargo, la moral de criados: la hipocresía y el cinismo, se ha impuesto como norma habitual en el quehacer público guerrerense.

Hoy los perredistas cuestionan que alguien que no milita en el PRD apoye a un candidato priísta y hacen escarnio de su derecho a elegir, pero cuando priístas deleznables, con historiales perversos y de abusos se pasan al PRD, y cuando ya son “de los nuestros”, siempre hay un argumento que por arte de magia los vuelve palomas y paladines democráticos, ¿no es eso hipocresía y moral de criados?

Hoy los universitarios se deslindan de Ortega, pero ni uno de los que ahora enviaron cartas para juzgar la actitud del dirigente del FAUG, ni uno solo, mandó siquiera una línea para protestar contra el fraude electoral que tiene a Nelson Valle como rector. Todos –como dicen en Tabasco– se hicieron pendejitos y prefirieron la sumisión a sus jefes políticos que al más grande derecho que concede la democracia: la responsable libertad de disentir.

Hoy ¿Qué juicio moral puede hacer un parásito de la UAG como Marcelo Gatica Lorenzo a quien fuera de la universidad nadie le da trabajo? Marcelo Gatica firma una nota que alguien ignorante le escribió y que se pagó con dinero de Rectoría para atacar a Ortega aun después de que éste firmó un pacto político con la UAG. Pero lo más vergonzoso de esta nota es lo que dice al final: “Deseo que esta actitud –la de Ortega– sea sólo de algunas personas y del PRI; que esto no sea avalado por el gobernador del estado; lo deseo por el bien de la universidad y por el bien del estado de Guerrero”. Qué es esto, ¿una amenaza del rector al gobernador? O un acto de sumisión. Ahí está el detalle de la moral de criados. Qué dice la nota, señor gobernador, usted no tiene la culpa, somos sus fieles servidores.

La contra: Ya lo dijo Andrés Manuel: en Acapulco va a ganar el PRD, pero el alcalde próximo tiene la obligación de gobernar con trabajo, honradez y justicia, sobre todo con justicia. Por eso se espera que desaparezca la línea facciosa que excluye a personas valiosas sólo porque no son “de los nuestros”, como ocurrió durante el mitin de cierre de campaña el pasado domingo. Nada bueno se augura al nuevo alcalde si gobierna siguiendo los consejos excluyentes de Chavarría o de liderzuelos universitarios. Por el bien de todos, hay que aprender a aceptar y a convivir con la diferencia y discrepancia, porque eso enriquece, equilibra cualquier gobierno, está probado que la política “de los nuestros”, “es una política hecha de escrúpulos y escándalo, de morbo y minucias, de vetos estúpidos por venganzas, y pudibundos escalofríos y ordenancismos a ultranza, cuya exhibición pública es la regañina o la prohibición penal y cuyo deleite secreto es el vicio de atisbar”. Ahí queda eso pues.

468 ad