Héctor Manuel Popoca Boone
La orientación del voto
Toda institución política y sus dirigentes tienen como preocupación y finalidad permanente, pero sobre todo en periodos de elecciones, escudriñar cuales son los razonamientos y motivaciones que impulsan al elector ciudadano a cruzar la boleta electoral por tal o cual partido y por éste o aquél candidato político.
En las actuales condiciones de la democracia imperante que privan en Guerrero, son varios los factores que el elector toma en cuenta para decidir la preferencia de su voto. Aún cuando cada uno de ellos un peso específico variable, según sea la condición económica, social, cultural y el grado de involucramiento que tiene en la vida y en el quehacer político estatal el propio votante.
En la actualidad, los criterios que se toman en cuenta, sin que estos sean limitativos, son: el proyecto o programa de gobierno que se propone, el perfil y la trayectoria personal de vida, es decir, del desempeño civil, profesional y político del candidato, la ideología que profesa tanto él como el partido político que lo postula y el antecedente de buen o mal gobierno que haya tenido su predecesor partidario en el poder o en la representación popular.
Refiriéndonos al programa de gobierno que oferte el candidato y el partido postulante, si bien en principio debiera ser uno de los factores más importantes, hoy en día no lo es tanto; en virtud de que en términos generales las propuestas de todos son similares, los propósitos son comunes; variando exclusivamente de matiz, en el estilo o en la manera de alcanzarlos.
Lo mismo podríamos decir de los principios políticos e ideología sustentada, ya que prácticamente todos los partidos y candidatos enuncian publicitariamente su voluntad de gobernar para todos, tomando en cuenta a todos y resolviéndoles sus demandas y problemas a todos; teniendo diferencias más de forma que de fondo.
El discernimiento en estos aspectos, programa de gobierno e ideología, radica en el grado de congruencia y credibilidad que le otorgue el elector a cada uno de los candidatos sobre la capacidad y disposición que tengan cada uno de ellos de llevarlos a cabo realmente o dejarlos en el ámbito de las promesas vacuas y los compromisos incumplidos.
Complemento de la pérdida de importancia del factor ideológico en la orientación del voto, es el fenómeno del libre transito y sin empacho alguno de políticos y de precandidatos de un partido político a otro, cuando no ven atendidos sus intereses personales. Asimismo, acontece, cuando los partidos políticos actúan como meras franquicias políticas con propósitos únicamente de preservación del registro y de las prerrogativas económicas concomitantes.
Hoy al elector le importa más tomar su decisión tomando como base el conocimiento y valoración que haga de la personalidad del candidato, del comportamiento que ha tenido con anterioridad en la vida y en cargos públicos, sobre el grado de honestidad demostrada en los manejos de los fondos públicos y sobre la eficacia y capacidad tenida en la administración y en el servicio público. En pocas palabras, por su reputación personal; si es bienquisto o malhadado ante la ciudadanía. Por eso se dice que en la actualidad existe la tendencia a votar más por la persona y no tanto por el partido que lo postula.
Eso explica también, el voto diferenciado que se presenta cuando electores votan a favor de un candidato de un partido político para una posición gubernamental, por otro de diferente partido para una posición legislativa y viceversa.
Lo anterior no significa que ignoremos la existencia y la relevancia del voto duro de cada partido, independientemente del candidato y de la circunstancia política por la que atraviesa su organización. El elector del voto duro será siempre fiel y leal a sus colores ideológicos a pesar de todo. En algunos partidos políticos estos votos no son ninguna parvedad.
Un importante capital político que puede tener un candidato es el que le otorga el buen o mal gobierno que su antecesor partidario haya realizado. Buena parte de los electores anímicamente se sienten dispuestos a refrendar su voto por el partido político cuyo gobernante inmediato anterior haya tenido un buen papel y, por el contrario, no le dará su voto, a manera de castigo, si su actuación resultó réproba o se la pasaron querellándose internamente en la rebatiña por el usufructo del poder.
El “voto útil” es otro tipo de orientación que puede tomar el elector cuando opta por sumarse a las tendencias mayoritarias prevalecientes, en detrimento de candidatos o partidos cuyas probabilidades de triunfo son bajas. Cuando son competidos los comicios, el voto marginal es a veces el que inclina la balanza de uno u otro lado.
La orientación puede estar también encaminada a no votar. La abstención como producto del hartazgo y repudio ciudadano a la politiquería y a la mercantilización de la misma. También pude ser producto de la falta de conciencia cívica, de educación y cultura política. Por cualquier razón, la abstención es la abdicación al ejercicio de la democracia. De suyo grave.
Lamentablemente la orientación del voto puede ser sesgada en una circunstancia de pobreza y escasa educación mediante la dádiva o su compra pecuniaria. Ello no tan solo atenta contra la dignidad del elector, sino que predispone al candidato o al partido prostituidor a cobrarse el gasto con la práctica de la corrupción y la simulación ya estando en el poder, de salir triunfante en los comicios.
Sea de ello lo que fuere, lo que no podemos dejar de hacer el próximo 6 de octubre en Guerrero, es ejercer nuestro derecho y obligación cívica de votar, para que un asunto que nos concierne y nos afecta a todos no sea decidido por los menos.




