Juan Cotino, cuatro décadas de comentar y congelar imágenes en la lucha libre
Adalberto Valle * Si alguien ha retratado y guardado las imágenes de la historia de la lucha libre en Acapulco es Juan Cotino Román, quien a lo largo de cuatro décadas dedicó su vida a congelar las emociones y escribir sobre los actores que dieron vida al pancracio mexicano.“La lucha libre es mi vida y la disfruté desde 1951. Desafortunadamente la lucha de hoy es muy diferente a la de antes. Lo de hoy es pasajero, no hay pasión”, comentó Cotino, al recordar la “época de oro” de esta mezcla de deporte y espectáculo que ha cautivado por muchos años a la afición.“Antes se subían a dar todo. Había pocos golpes. La lucha era en la lona, había muchas llaves y el que ganaba era porque tenía más talento y recursos y era a rendir. Llegué a ver luchas de una hora y cuarto. Una en México entre Tarzán López y Sugi Sito. Ahora todo el programa dura eso. Yo vi la mejor lucha que se dio en la historia, que fue en la época de los cincuentas”, platicó, sentado en una de las butacas de la zona de preferente en la Arena Coliseo, antes del homenaje que se le rindió el miércoles por parte de sus compañeros periodistas de la fuente deportiva y en general, de la familia de la lucha libre en el puerto.
El Santo fue el más grande
Para Juan Cotino no hay luchador que se compare con la figura de El Santo.“Llenaba las arenas, sobre todo cuando se volvió técnico. Tenía un gran imán, carisma y simpatía. Lo anunciaban y la gente se lanzaba a comprar boletos, después de la lucha le daban regalos, era la locura”.Cotino dio parte del crédito del gran auge que alcanzó el pancracio en México al promotor Salvador Luteroth, quien “realmente se dedicó a promover la lucha libre”.“El fue el creador de la lucha libre, pero después se quedaron con el negocio sus hijos, luego los primos y no le pusieron la atención. Ahora se descuidan las arenas y los promotores buscan dinero nada más, no tienen la pasión para ayudar a la lucha libre”, recalcó.Entre otros de los mejores gladiadores que vio mencionó al Médico Asesino, El Enfermero, Rito Romero, El Gladiador y Tarzán López, Blue Demon, Matemático, Perro Aguayo, Cavernario Galindo y al mejor acapulqueño según su opinión, el Apolo Sureño que está “por encima de Lizmark”.
Su pasión por la lucha libre
Ahora, con 70 años a cuesta, Juan Cotino sufre de una enfermedad que le ha afectado la vista y que lo orilló a colgar la cámara. Sin embargo en su memoria aún guarda los recuerdos de los días ya idos.Los miércoles de lucha en la Arena Coliseo sólo acude para escuchar los sonidos que a lo largo de su carrera lo acompañaron.Juan Cotino Román nació el 9 de julio de 1932 en Tixtla Guerrero. Sus padres, Domitilo Cotino Bello (ya fallecido) y Cándida Román Pérez procrearon otros seis hijos a parte de él: Diego, José, Miguel, Reina, Alicia y Minerva.
Está casado con Teófila García Pastrana, con quien tiene un hijo, Juan Carlos Cotino García.
A los 16 años Juan Cotino llegó a Acapulco, a la par de la empresa Promotores Unidos que se dedicó a presentar funciones todos los jueves en la antigua plaza de toros que se encontraba en la ahora calle José Valdés Arévalo, detrás de la escuela Manuel Avila Camacho. Ahí hizo sus primeros amigos luchadores: Jorge El Arabe y Jungla Verde.Cuando tenía 18 años, Centella Ramírez lo convenció de aventurarse a practicar este deporte.“Nada más fui una vez porque me hicieron una quebradora”. Ahí probó la dureza de la lucha libre y decidió no volver a hacerlo.El 11 de diciembre de 1953 se inauguró la Arena Coliseo, con lo que se abrió el espacio para que Juan Cotino pudiera laborar. Enseguida llegó la Empresa Mexicana de Lucha Libre.En ese entonces, David Villagrán le enseñó a trabajar con la cámara y ahí Cotino complementó su actividad de reportero.Para la década de los años sesenta arribó a Acapulco el promotor José Valdez, quien todavía maneja la Arena Coliseo auxiliado por sus hijos. Todos ellos fueron parte trascendental de la trayectoria de Cotino en el ambiente luchístico.“Los Valdez son mis compadres, son como mi familia. Ellos me han ayudado (económicamente) con mi enfermedad. Dios les va a pagar eso. Yo no puedo pagárselos”, dijo con lágrimas en los ojos.
La Arena Coliseo es como mi casa
Juan Cotino recordó que los miércoles eran diferentes.“Era el día que había luchas en la Arena Coliseo. La Coliseo es como mi casa. Antes esto se llenaba. La gente estaba colgada viendo las luchas. Había colas para comprar los boletos”.La forma de ser de Cotino logró algo poco visto: que se le permitiera entrar y salir de los vestidores como si fuera un luchador más.“Nadie más se mete ahí. A mí me costó trabajo pero me fui ganando la confianza de ellos. Yo llego y me meto y todos me saludan. Me enteré de muchas cosas que nadie sabe y que no puedo contar porque son íntimas de un vestidor”.Entre sus mejores amigos recuerda al Doctor Wagner, los Villanos y el padre de estos, Ray Mendoza.




