Mercaderes del nacionalismo o la mexicanidad tricolor a la venta
Xavier Rosado * El 16 de septiembre es la fecha que remite a los mexicanos al patriotismo nacionalista,ese enconado sentimiento que brota al ver la bandera o algún otro símbolo patrio; es el día en que nos llena de orgullo ser mexicanos.En esa fecha, los colores verde, blanco y rojo, dejan de pertenecer al frío espacio cromático para enraizarse en el multicolor ánimo festivo que encuentra su punto más álgido en el “¡Viva México!” que todos los mexicanos gritamos en la noche del 15 de septiembre. Pero los colores se hacen presentes desde días antes de ese frenesí nacionalista. En todas las calles de las ciudades y pueblos de México, con banderolas, focos, papel o plástico picado, además de los múltiples puestos ambulantes de banderas de todos tamaños, cornetas, sombreros y demás adornos, se venden en pequeños islotes móviles que ponen a la mexicanidad en venta.
Los vendedores de banderas
Nadie sabe de dónde vienen, ni cómo le hacen para salir apenas apuntan los primeros días de septiembre, pero siempre están ahí, con sus carritos ambulantes para vender sus banderas y toda la parafernalia patriótica que acompaña el 15 de septiembre. Una vez que pasa esta fecha pasa, así como llegaron desaparecen de las calles, se llevan el patriotismo a guardar hasta el año que entra.Martín Salvador Atilano radica en la ciudad de Puebla, sin embargo, es originario del poblado de San Pedro, estado de México, lugar en donde se fabrican las banderas que se comercializan en toda la república.Llegó a Acapulco desde el 28 de agosto y está hospedado en un cuarto económico en una casa de huéspedes de la colonia Zapata, su objetivo, aprovechar las fiestas de septiembre y vender banderas y artículos patrióticos en el Zócalo del puerto.Martín forma parte de una red bien organizada que se encarga de mandar vendedores a lo largo y ancho del país desde el estado de México, Puebla y la ciudad de México.
Aquí en Acapulco vienen dos grupos de vendedores que conforman unos 15 puestos ambulantes en los principales puntos comerciales del puerto. Vienen cinco de San Pedro, estado de México, ocho de Almoloya de Juárez (el poblado) y el resto de la ciudad de Puebla.Todos son empleados o comisionarios de ventas, ninguno de ellos es dueño de la mercancía que comercializa; Martín, por ejemplo, es un empleado que recibe 45 pesos diarios por encargarse del puesto que tiene ubicado en el Zócalo, sus otros cuatro compañeros están en la misma situación y venden en Walmart, La Gran Plaza, el parque Papagayo y la glorieta de Costa Azul.El resto del año se dedican a lo mismo, pero ofreciendo otros productos, es decir, andan en los tianguis en diversas poblaciones de Puebla y el estado de México pero venden bolsas de plástico, cerámica, ropa, artículos deportivos y todo lo que “salga rápido” a precios bajos.En esta ocasión visitan el puerto para colocar entre la gente local las banderas que existen desde las más pequeñas (del uno como les llaman ellos) hasta las más grandes, de tres metros de largo por uno y medio de ancho (del 12).Los precios de estos artículos van –según el tamaño– de cinco a 250 pesos, dependiendo también del material con que esté confeccionada la bandera. “Hay banderas más finas, las de raso que cuestan más caras, las de poliéster salen a la mitad del precio, pero del mismo tamaño, pero duran mucho menos”, dijo el vendedor. Estas banderas son confeccionadas en una planta de textiles en San Pedro, estado de México, y pintadas con pintura vinílica indeleble.La venta de las banderas data de los tiempos de Porfirio Díaz, quien siendo presidente de México en 1900, institucionalizó las fiestas patrias para conmemorar el grito de independencia, entonces la consigna popular era ataviar las casas con los colores patrios, utilizando banderas en todos los portales y balcones de la gran ciudad.Desde entonces estos efímeros vendedores aparecen año con año, aunque, según comenta Martín “la tradición ya no es tan fuerte como antes”.
“Yo tengo más de 15 años de vender banderas en la calle y la verdad es que cada año se venden menos, ya se está perdiendo esto. Además, para acabarla de amolar, la gente que compró banderas en el mundial las guardaron y ahora las andan utilizando para septiembre; está muy lento este asunto”, expresó con un gesto de resignación el vendedor.Además de las banderas, Salvador Atilano trae en su puesto trompetas de a 15 y de a 20, rehiletes a 10, tiras de plástico picado a 20 y 25, prendedores a cinco y a ocho, banderitas con “chupón” para pegar en los vidrios de los carros a 10 pesos, donas, moños, llaveros, collares, pulseras, muñecos colgantes, sombreros, pelotas inflables de plástico, diademas, cintas para la cabeza, paliacates, cinturones y discos compactos con la figura impresa de José María Morelos y Pavón. Todos estos productos llevan los colores de México en su decoración.Martín comentó que solamente se quedan hasta el 17 de septiembre, porque después del 16, “ya nadie nos compra nada”.Después de estos días patrios, las banderas desaparecerán de las casas y de las calles, pero los mexicanos pueden estar seguros de que desde el primero de septiembre del año próximo encontrarán una bandera en algún puesto ambulante para ponerla en su auto o en el balcón de la casa y ostentar el sentir mexicano que como las banderas, se guarda en una gaveta hasta el próximo 15 de septiembre.




