Ascencio Villegas Arrizón*
Los accidentes de tránsito en Acapulco
Don Aurelio Ramírez, como todos los días, salió temprano de su casa para trabajar en la obra, sin imaginar la tragedia que le esperaba en el trayecto al trabajo. No supo cómo ni qué vehículo lo atropelló, sólo recuerda que caminaba a la altura del panteón de Las Cruces, y que despertó horas después en el Hospital General de Acapulco, muy golpeado y con dos fracturas expuestas de su pierna izquierda. Tuvo la fortuna de sobrevivir a la larga infección ósea, pero se vieron obligados a vender la casa para poder curarse y su esposa a vender dulces para que sobreviviera la familia. Después de tres años, y con mucha dificultad para caminar y hacer lo que sabe, don Aurelio empieza a conseguir chambitas.
Como él, en Acapulco cada año alrededor de 500 personas son atropelladas por algún vehículo de motor y cerca de 50 de ellas fallecen por ese hecho. Por lo regular, son los más pobres quienes sufren y mueren por atropellamientos y, lamentablemente, en dos de cada tres casos se desconoce el tipo de vehículo involucrado, ya que en los registros del Servicio Médico Forense (Semefo), la Cruz Roja y el Cuerpo de Bomberos no está la información, posiblemente, porque quienes atropellan huyen antes de que lleguen a realizar su labor altruista estas dos últimas instituciones.
Según el análisis minucioso de los registros de las tres instituciones arriba mencionadas, hecho por el Centro de Investigación de Enfermedades Tropicales (CIET) de la Universidad Autónoma de Guerrero, durante el año 2006 se registraron 1840 personas lesionadas por accidentes de tránsito. La Cruz Roja y Bomberos registraron 54 defunciones, y en el Semefo se detectaron 119 probables muertes provocadas por ese motivo. Los tipos de accidentes más frecuentes fueron los choques 58 por ciento (866/1192) y los atropellamientos 27 por ciento (409/1492). En 46 por ciento (690/1494) de los accidentes no se identificó el vehículo involucrado, sobre todo en los atropellamientos (67 por ciento).
Los accidentes de tránsito son un grave problema de salud pública que tiende a incrementarse. En México ocupan la posición número 11 dentro de las causas de mortalidad general, y la primera y segunda posición entre las principales causas de muerte en los hombres y mujeres entre 15 y 39 años de edad.
Además de las muertes que producen, los accidentes de tránsito traen como consecuencia mayor demanda de servicios de salud para la atención del accidentado y la discapacidad transitoria o permanente, descapitalización de las familias, pérdida del salario, daños a la propiedad, daños a las vías de comunicación, tiempo invertido para la reparación del daño y dificultad para la reinserción social y laboral, cuando existen secuelas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), muchos de los accidentes de tránsito y sus secuelas pueden evitarse con medidas sencillas como la obligatoriedad del uso de cinturón; el uso de casco entre los motociclistas; la prohibición de que los niños viajen en los asientos delanteros de los vehículos; la reducción del límite de velocidad y el control del uso de alcohol entre los conductores. Hay evidencia de que el uso de celulares disminuye la habilidad y capacidad de reacción al conductor de un vehículo.
Sin embargo, para abatir los problemas de tránsito, según los expertos, se requieren, además de lo anterior, otros tres grupos de medidas integrales: 1) educación vial para peatones y conductores; 2) planificación del desarrollo urbano orientado a la prevención de accidentes, y 3) ordenamiento del transporte y ajuste de la flota vehicular de acuerdo con las capacidades de las vialidades existentes.
1) Respecto a educación vial, conductores y peatones somos diferentes y tenemos perspectivas distintas cuando andamos en la calle. En la ciudad de México 90 por ciento de las personas que son atropelladas no saben conducir y un porcentaje muy bajo afirman conocer bien las señales de vialidad. En cuanto a los conductores, está demostrado que muchas personas sufren una transformación al estar frente a un volante y tienden a “manejar a la ofensiva”. Entre 469 conductores de taxis colectivos, el CIET encontró que sólo el 39 por ciuento sabe qué es “manejo a la defensiva”, y tiene menor riesgo de sufrir accidentes de tránsito. Sostenemos la hipótesis de que la forma de manejo a la ofensiva, a gran velocidad, que utiliza la mayoría de los conductores de transporte público por la necesidad de pagar la cuenta y mejorar el ingreso, se asocia más a los accidentes y resulta más costosa por las multas, pago de daños, reparaciones, días sin trabajar, sin considerar el mayor desgaste físico y mental que sufre el conductor.
2) La obra pública debe planearse para disminuir los accidentes de tránsito y facilitar la movilidad de las personas de una forma segura, equitativa, saludable y sustentable. Para este propósito se requiere un sistema de vigilancia epidemiológica de los accidentes de tránsito, que recoja la información de todas las instituciones involucradas en la atención de los accidentados, y que permita identificar los lugares en donde más ocurren accidentes (focos rojos). Así, en el bulevar Vicente Guerrero se reporta uno de cada cuatro atropellamientos, y existen varios focos rojos. El estudio geoespacial del foco rojo y la consulta con la población puede orientar sobre las medidas correctivas para que disminuyan accidentes en ese lugar. Por ejemplo, en el cruce de la Vía Rápida y avenida Cuauhtémoc, de los siete semáforos que había ninguno era peatonal; dejó de ser el lugar con mayor número de accidentes en Acapulco desde que se concluyó el puente. Pero no siempre se necesita llevar a cabo gran inversión, a veces lo que se requiere es un camellón, un semáforo, un puente peatonal, un reductor de velocidad, o simplemente el auxilio vial.
3) El análisis minucioso de los registros de los accidentes de tránsito de la Cruz Roja y de Bomberos, hecho por el CIET en el 2002 y en el 2006, revela que hubo un incremento del 25 por ciento de personas lesionadas, en ese último año. Este incremento puede deberse al mayor número de vehículos de motor circulando en la ciudad, en virtud de que Acapulco se ha convertido en un destino turístico nacional de fines de semana, hay mayor facilidad para la importación de vehículos y se ha incrementado el transporte público. Según los registros oficiales, de 2002 al 2006 continuaban circulando el mismo número de vehículos de transporte público, sin embargo, a través de los medios de comunicación se ha insistido en la existencia cada vez mayor de placas clonadas, transporte público sin permiso y la presión de transportistas de comunidades cercanas para circular en la ciudad.
Además de la obligación que tenemos de prevenir los daños a la salud producidos por los accidentes de tránsito, hay otros motivos para ordenar el transporte y el tránsito vehicular. A diario ocurren accidentes de tránsito sin lesiones, que igualmente afectan la economía de las familias; el ruido producido por los camiones urbanos, que son una queja constante de la sociedad, también tiene efectos negativos para la salud; la pérdida de miles de horas persona por el exceso de tráfico; mayor gasto de energéticos e incremento de la contaminación ambiental por el lento desplazamiento de los vehículos; el elevado costo del transporte, y la sensación de inseguridad que sentimos los ciudadanos por la falta de orden en la forma de conducirse los autobuses y taxis colectivos.
La OMS ha venido promoviendo un modelo de intervención llamado Comunidad Segura, para la prevención de las lesiones y la violencia, mediante la creación de infraestructura, promoción de la seguridad con la participación de todos los sectores. Por ser Acapulco el más bello puerto del mundo y por ser nuestra ciudad, vale la pena que todos –gobierno estatal y municipal, transportistas, instituciones y ONG–, aportemos lo necesario para que Acapulco sea reconocido por ser una ciudad segura.
A manera de propuesta, y resumiendo, para prevenir los accidentes de tránsito podemos iniciar por: 1) otorgar licencia de manejo sólo a quien esté capacitada o capacitado en el manejo a la defensiva y en las medidas básicas de prevención de accidentes y sus secuelas; 2) ser más estrictos en la aplicación del reglamento de tránsito; 3) reordenar el transporte, y 4) mantener identificados los focos rojos para orientar la obra pública y mejorar las vialidades. Para este último propósito, los investigadores de la Universidad Autónoma de Guerrero pueden contribuir a crear y mantener el sistema de vigilancia epidemiológica de los accidentes de tránsito, coordinadamente con la Benemérita Cruz Roja, Bomberos y la Secretaría de Protección y Vialidad.
* Rector de la Universidad Autónoma de Guerrero, miembro del Comité Estatal para la Prevención de Accidentes.




