Una fiel devota secretaria de Fomento Turístico
* Actos religiosos que se esperaban multitudinarios y no lo fueron
Aurelio Peláez * De vestido blanco, austero, la secretaria de Fomento Turístico, Guadalupe Gómez Maganda, presidió la entrega de ofrendas de la misa de este domingo, oficiada a favor de la Virgen de los Mares y del beato guerrerense Bartolomé Días-Laurel, actos efectuados en el salón Teotihuacan del Centro de Convenciones.
La secretaria, figura de lo republicano en sus cuatro cargos legislativos –dos veces diputada federal y dos veces senadora– no fue a ver la película El Crimen del padre Amaro, “ni la verá”, dijo.
Gómez Maganda cargó una ofrenda de flores. Esto, casi al final de la misa, en la cual, salvo el candidato de Convergencia por la Democracia a alcalde, Luis Walton, y el subsecretario de Asuntos Religiosos del gobierno estatal, Javier Bataz, fueron los únicos políticos asistentes a un acto que se esperaba multitudinario y que no lo fue.
Bataz sí fue a ver la película, aunque político al fin, se rehusa a juzgarla ante los reporteros.
Tampoco el nuncio Guiseppe Bertello, el representante del Papa en México, ha visto la película. El italiano, del país de Federico Fellini, dice que no le gusta el cine.
Así, esquivo, desiste de entrar en el debate que abrió el arzobispo de Acapulco, Felipe Aguirre Franco, de quien a la entrada de la misa se repartió un artículo en donde afirma que la película de Carlos Carrera, con guión de Vicente Leñero y basada en un libro que escribió hace más de cien años el escritor portugués Eca de Queiroz: “desde el punto de vista jurídico y legal es una clara violación a las leyes que protegen los derechos básicos de los ciudadanos”, hace una apología al “odio nacional, racial o religioso” y fomenta a su vez el “odio hacia nuestra santa Iglesia”.
Los jerarcas religiosos, de paso, dan a entender que tampoco tienen que ver nada con la literatura, a decir de que se les olvidó mandar a la hoguera un libro que anduvo por allí cien años y que no era además de un don nadie, sino del escritor de Portugal, Eca de Queiroz, la referencia obligada de su literatura en el siglo pasado, autor de otro agudo libro sobre catolicismo: La Reliquia.
Por su parte, Guadalupe Gómez Maganda dice que su presencia en estos oficios religiosos de debe a una comisión que le dio el gobernador René Juárez Cisneros.
Días antes, había dicho a reporteros que había donado 10 mil pesos, “de mi propio peculio”. Sin embargo, la republicana priísta es reconocida allí como una fiel devota que no teme además ser parte activa de estos oficios.
La misa se prolonga por más de una hora. Medio salón, la parte alta, está vacío.
Al frente preside el oficio el nuncio Bertello y el arzobispo Aguirre Franco, cuyo activismo en la vida política y en los medios, desplegado al llegar al puerto hace casi dos años, contrasta con la mesura que tuvo su predecesor Rafael Bello Ruiz, ya en jubileo y quien se veía cansado y algo enfermizo.
Los trajes religiosos imponen. La liturgia igual.
En extremo del presídium se encuentra la réplica de la efigie de la Virgen, en camino a reemplazar a la original, que estuvo 43 años a un costado del islote de La Yerbabuena. Al fondo, tras la docena de sacerdotes, un cuadro de quien se supone sería el beato Bartolomé, quemado en Japón hace tres siglos, enjuiciado por profesar una fe distinta a la de aquella cultura.
La caravana en el mar
Entre cohetones, lanchas con fondo de cristal que chocan unas contra otras y cánticos interminables de La Guadalupana, la réplica de la Virgen de los Mares fue sumergida ayer a un costado del Islote de La Yerbabuena.
En La Doña, un yate de lujo que por su altura contrasta más con el de las modestas lanchas con fondo de cristal, observan las maniobras para su inmersión el arzobispo Aguirre Franco y el Nuncio Bertello.
Los yates de uso turístico chirrían y se bambolean entre unas olas que hicieron temer porque no se realizara la maniobra, según había advertido antes el buzo Beto Fares.
Desde La Doña, Aguirre Franco y Bertello eran testigos privilegiados desde el ring side, la primera fila, los palcos de la ópera. Desde el yate pecaminoso, se dice que propiedad del notario Jorge Ochoa Jiménez, y desde donde Raúl Salinas, el hermano del ex presidente Carlos, se tomó una foto con su secretaria Paulina Castañón, se alcanzan a ver los beatíficos rostros.
La salida hacia el islote fue desde la playa Caleta, a las 13 horas. Van como 15 lanchas con fondo de cristal y otras tantas pequeñas, de esas que se ocupan para esquiar.
Algunos nadadores, entre los que se encuentra la plusmarquista en Master, Virginia Walls, acompaña a nado al grupo.
La estatua va en una lancha y es sostenida por poleas. A las 13:50 la réplica por fin es bajada. Truenan más cohetones lanzados al aire y suben de volumen los cantos.
Los de la Capitanía de Puerto comienzan a regañar a los conductores de las lanchas. Ajenos a los temores mundanos, los peregrinos cantan Amor Eterno, de Juan Gabriel y popularizada por Rocío Durcal.
La imagen original
La otra estatua, la original, se dice, no será sacada del fondo. En el islote le espera una plataforma para ser colocada y expuesta al público. No se sabe si quedará en el fondo del mar hasta la tarde de ayer o si será sacada hoy. Al fondo, trabajadores del gobierno del estado se quedan esperando que salga la efigie original.
Capitanía de puerto ordena a los de las lanchas volver al muelle. La Doña, atendiendo la llamada, en dos maniobras desaparece del lugar. La lancha de Capitanía de puerto, en donde estamos varios reporteros, nos regresa en unos minutos al muelle. Atrás se quedan las lanchas, en su ruinosa y dolorido viaje. La bandera de México que ondean en su cubierta se va haciendo chiquita.




