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Pide Aguirre Franco que el Papa “visite el puerto en su próximo viaje” a México

* A la misa del nuncio Guiseppe Bertello asistieron el candidato del PCD, Luis Walton; la titular de Sefotur, Guadalupe Gómez Maganda, y el subsecretario de Gobierno para Asuntos Religiosos, Javier Bataz

Ossiel Pacheco * Con una misa efectuada ayer en el salón Teotihuacan del Centro de Convenciones, el nuncio apostólico Guiseppe Bertello cerró el año jubilar que la arquidiócesis de Acapulco declaró para impulsar la canonización del beato acapulqueño Fray Bartolomé Días-Laurel.

En la ceremonia litúrgica, presidida además por los arzobispos Felipe Aguirre Franco y Rafael Bello Ruiz, estuvo presente la efigie de la Virgen de los Mares –recién bendecida por el papa Juan Pablo II–, la cual dos horas más tarde fue sumergida cerca del islote de La Yerbabuena, en la bahía de Caleta.

Allí, Aguirre Franco pidió al nuncio apostólico, embajador de El Vaticano en México, llevar al papa Juan Pablo II la invitación para que visite la arquidiócesis de Acapulco en su próximo viaje a la ciudad de México, previsto para el 2005.

Consideró pertinente que el Papa visite Acapulco “porque desde aquí comenzó a propagarse la fe católica hacia el Oriente”, cuatro siglos atrás, cuando partieron barcos de este puerto con misioneros para llevar el Evangelio a países del continente asiático.

A la misa asistieron unos 2 mil fieles, entre los que se encontraban el candidato del Partido Convergencia por la Democracia para alcalde, Luis Walton Aburto; la titular de la Secretaría de Fomento Turístico, Guadalupe Gómez Maganda, y el subsecretario de Gobierno para Asuntos Religiosos, Javier Bataz Benítez.

En su homilía, Guiseppe Bertello narró la semblanza del beato Bartolomé Días-Laurel, quien murió quemado en la ciudad japonesa de Nagasaki el 17 de agosto de 1627, después de ser martirizado junto a otros religiosos dominicos y franciscanos en la colina de Nishizaka, en Nagasaki, Japón.

Confirmó que estudios de El Vaticano señalan que el misionero, beatificado por el Papa Pio IX, el 7 de julio de 1867, tras reconocer que murió a raíz de la persecución del emperador japonés Shogunsana, es originario de Acapulco.

Fray Bartolomé Días-Laurel nació en 1599 e ingresó al Noviciado del Convento de San Buenaventura, en Valladolid, (hoy, Morelia, Michoacán), donde recibió el hábito por primera vez el 13 de mayo de 1615, y por segunda ocasión el 17 de octubre de 1616, pero profesó como hermano lego el 18 de octubre de 1617.

Fue misionero, catequista y enfermero.

En la misa acompañaron a los prelados católicos en el altar –montado ex profeso– los párrocos Juan Carlos Flores Rivas, coordinador del Patronato Pro-restauración de la Virgen de los Mares, así como de promover la canonización del beato porteño; además de Ramón Celis, Blandino Bárcenas Agatón, Guillermo Olmedo, Pedro Torres y Silvino Moreno.

El arzobispo emérito Bello Ruiz lució débil durante la ceremonia, pues aún se recupera de su reciente operación quirúrgica.

Asistieron el buzo Beto Fares, Carlos Huerta, Mario Treviño y el motociclista Lennin Gutiérrez Ortiz, de la Confederación Internacional de Motociclistas Oficiales y Policías de Caminos, todos integrantes del Comité Pro-restauración de la Virgen marina, católicos que militan en diversos grupos y asociaciones de la Iglesia, así como seminaristas y religiosas.

Al finalizar la misa, poco después del mediodía, la jerarquía eclesiástica y feligreses partieron al embarcadero de la bahía Caleta, siguiendo en caravana a la Virgen de los Mares para su sumersión.

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