Héctor Manuel Popoca Boone
Engaños neoliberales
Una de las características del modelo de crecimiento económico neoliberal es la privatización de las empresas. El fundamento esgrimido es que el gobierno es mal administrador y además es corrupto, por lo que garantiza su funcionamiento con eficiencia y en forma rentable.
De esta forma varios países del mundo traspasaron a la llamada iniciativa privada, empresas de todo tipo otrora de propiedad estatal: de telecomunicaciones, ferrocarriles, instituciones financieras, de energía eléctrica, gas natural, etc. Estas empresas ya en manos de empresarios particulares, se suponía que entrarían en un proceso de saneamiento financiero, modernización tecnológica, de mayor productividad y por consecuencia, los bienes y servicios que produjeran tendría menor costo y menor precio para mayor beneficio de la sociedad.
La evidencia empírica a lo largo de estos años, en el nivel mundial, nos demuestra que no fue así; buena parte de estas empresas privatizadas no solamente quebraron por mala planeación financiera y empresarial, sino que también su debacle estuvo acompañada de fraudes y corrupción a manos de los ejecutivos empresariales, en un marco de registros contables falsos. Previo a sus descalabros financieros y administrativos y como producto de su mala operación, encarecieron y subieron de precio en forma desmedida el servicio o producto que proveían al público.
El fracaso de las empresas privatizadas no únicamente se dio en países insuficientes desarrollados como Argentina o México (en el caso de los ingenios azucareros o en empresas de fertilizantes, por ejemplo), sino que en el mismo corazón del neoliberalismo, esto es, en Inglaterra y Estados Unidos de Norteamérica (EUA).
Además, hay que hacer notar que la paradoja en el manejo de estas empresas privatizadas es que las llevaron a la bancarrota enriqueciéndose sus principales dueños y administradores más de lo que ya estaban. A nombre de esas empresas obtenían cuantiosos préstamos que los destinaban a otras cosas más rentables para beneficio personal o bien, vendían en buenas y altas cotizaciones títulos accionarios en tiempos de bonanza ficticia a partir de las alteraciones en los estados financieros anuales. Simulación y fraude distinguieron a tan preclaros empresarios neoliberales.
De esta manera podemos afirmar, con evidencias reales, que la privatización de empresas públicas no necesariamente garantiza que funcionarán con mayor eficiencia, productividad y honestidad. También en honor a la objetividad debemos señalar que se dan casos contrarios a dicha afirmación como lo es, por ejemplo, la empresa de Teléfonos de México, si es que sus registros contables no están alterados.
Otro engaño de la doctrina económica neoliberal es que el se refiere a que el libre mercado es el mecanismo ideal para determinar qué producir, cuánto, cómo y para quién. Es la famosa mano invisible que asigna y distribuye los bienes y la riqueza dándoles a cada quien lo que merece y corresponde. Lo que no es cierto y aclaro que lejos estoy de ser un marxista ortodoxo o furibundo.
Para muestra, el botón que nos brinda el saldo de ocho años de operación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica en materia agroalimentaria: el incremento en las importaciones que por este concepto México de Estados Unidos durante ese período fue de 44 por ciento; mientras que las exportaciones mexicanas a ese país se incrementaron tan solo en ocho por ciento. En otras palabras, nos hemos hecho más dependientes de EUA y de otros países para alimentar a nuestro pueblo, teniendo los recursos naturales y los hombres para que no ocurriera así, al menos, en tamaña magnitud.
Hasta ahora nadie ha demostrado convincentemente de que el libre mercado por sí solo resuelve los problemas de desempleo, pobreza y de dependencia alimentaría en el sector primario de nuestra economía. Tampoco el estatismo con su gran carga de improductividad y burocratismo. Por eso, soy de los que pugno por que exista una economía de mercado socialmente regulada, ya que a partir de los hechos y resultados obtenidos en cerca de dos décadas de adopción del modelo neoliberal podemos concluir que es una falacia seguir sosteniendo que dicha doctrina sea la panacea para la economía de nuestro país.
PD. No hay vuelta de hoja. A los ejidatarios de El Podrido y del Plan de los Amates en el municipio de Acapulco, les asiste la razón, el derecho y la justicia en su reclamo de tierras que les fueron quitadas en el contexto de una expropiación poco escrupulosa y mucho expectativa.




