Documentan la relación de México y Francia como países identificados con el exilio
Silvia Isabel Gámez / Agencia Reforma
Ciudad de México
Después de 15 años al frente de la Casa Refugio Citlaltépetl, Philippe Ollé-Laprune se permite afirmar: “Estoy muy orgulloso”.
El motivo es un “monstruo” de 3.7 kilos de peso: los dos volúmenes de París-México, Capital del exilio, una obra de mil páginas que le exigió más de cuatro años de trabajo y en la que participan 48 autores franceses y mexicanos.
“La idea era mostrar cómo las dos capitales durante el Siglo 20 tuvieron una identidad que se afirmó con la llegada de exiliados”, explica Ollé-Laprune.
Como director editorial del proyecto, se propuso contar historias. “Nada teórico ni abstracto, sino hacer el retrato de personajes y de lugares”.
Fabienne Bradu narra que fue el editor catalán Bartomeu Costa-Amic quien logró el asilo de Trotsky en México, Gonzalo Celorio recuerda el aporte de los profesores republicanos a la UNAM, Ricardo Cayuela escribe sobre el poeta Luis Cernuda, y Carlos Martínez Assad, Rolo Diez y Miriam Morales sobre los exilios de libaneses, argentinos y chilenos.
Del otro lado del Atlántico, Pedro Ángel Palou recupera la historia de José Vasconcelos en París, Laure Hinckel habla de los rumanos Ionesco, Eliade y Cioran, Arno Bertina retrata al escritor egipcio Albert Cossery, habitante perpetuo del Hotel de la Louisiane, y Pierre Assouline traza un mapa del exilio literario en la capital francesa.
Los artículos se complementan con un cuaderno literario donde cinco autores mexicanos y cinco franceses abordan los viajes que realizaron a la otra capital para narrar cómo experimentaron la otredad.
Allí escribe Margo Glantz sobre el poeta Paul Celan, Enrique Serna recupera en un cuento a su abuelo republicano, Patrick Raynal propone una narración de género negro y Patrick Deville ofrece un adelanto de su “novela mexicana” sobre Tina Modotti, que este año se publica en Francia.
La cancelación del Año de México en el país galo significó la suspensión del libro, planeado para finales de 2011, y la búsqueda de nuevo financiamiento, cuenta Ollé-Laprune, que culminó cuando el FCE se sumó al proyecto, apoyado por el GDF y la Comisión Bi100.
Destaca además la iconografía, con imágenes procedentes de decenas de archivos públicos y privados. “Pero es un libro para leer”, aclara, “no un objeto para admirar”.
Ollé-Laprune, nacido en París en 1962 y residente en México desde hace dos décadas, considera que el libro muestra lo que será el futuro del mundo, cada vez más híbrido y globalizado.




