Arturo Solís Heredia
CANAL PRIVADO
*De calenturas electorales
Obviamente, la entrega de la semana pasada (Percepciones y Ríos Piter), provocó más comentarios y reacciones que el promedio provocado por otros contenidos en este espacio, aunque la mayoría tan polarizados e irreconciliables que dejaron poco espacio y ánimo para construir debates razonablemente respetables.
Comparto con ustedes una síntesis apretada de lo comentado por 32 participativos lectores, vía correo electrónico y Facebook.
Los favorables a Ríos Piter: “Como dices, no todos los mentados simpatizan, pero ¡qué buen tono de los comentarios! Ríos Piter ha construido una carrera política, paso a paso, como para analizarla y copiarla, también criticarla, por qué no, pero siendo objetivos, analíticos y dejando las tripas y el corazón a un lado, es un político joven, destacado en los espacios en los que ha estado”.
Los más o menos favorables a él: “Si vemos estos apellidos Aguirre, Torreblanca, Juárez Cisneros, Figueroa, Ruiz Massieu, Figueroa padre, nos damos cuenta que los últimos gobernadores han sido caciques o aprendices de ellos o peleles engañabobos. Ríos Piter es un tipo preparado para la política (recuerdo cómo hacía pedazos en las polémicas radiofónicas a todos y cada uno de los defensores de Añorve y del PRI y apoyando a Aguirre en la liza por la gubernatura). Su labor como legislador federal le ha dado las tablas necesarias para hacer bien lo que los políticos hacen: negociar.
“Desgraciadamente, la percepción que se tiene de El Jaguar es que negocia con una idea fija: sacar la mejor ventaja para él, no para la sociedad a la que representa. Un tipo joven y preparado da la idea de que puede ser un buen gobernante, pero en los últimos 30 años a este país lo han destrozado políticos con ese perfil. Guerrero necesita una refundación política e ideológica, para documentar nuestro pesimismo, no veo que en los próximos años irrumpa una generación que tenga la capacidad para hacerla, el dinero es la única luz que los guía. El ilustrado y cosmopolita Jaguar no creo que sea la solución óptima para nuestros rezagos, pero mucho menos los políticos de rancho que conforman la clase política guerrerense”.
Los desfavorables al senador perredista: “Ríos Piter y la carabina de Ambrosio. Todos son igualitos, hasta parece que hay fábrica, ¡qué weba!”.
Los más o menos desfavorables al mencionado: “Lo preocupante es que (Ríos Piter) tiene que hacer pactos y compromisos políticos, y en consecuencia, por bien intencionado que sea, esa basura que va a arrastrar es la que bloquea las buenas intenciones. ¡Opino!”.
Los escépticos desesperanzados: “¿Quién pues pa’ candidato, si de los tres partidos preponderantes a ni uno se les ve pata pa’ gallo? ¿Pos qué no habrá uno bueno que salga de entre la sociedad civil?, digo, yo nomas digo…”.
Y hasta los optimistas propositivos: “¿Qué pasaría si se creara un Bono Guerrero y con eso se pagara a nuestros gobernantes al final de cada periodo? Si pagamos 10 mil bonos por año, como ejemplo, los gobernantes buscarían que el bono valiera más cada año. Si el bono cotizara en los mercados, su precio estaría ligado a la capacidad del Estado para producir bienes y servicios que tengan valor para otros. ¿Suena interesante?”.
La coincidencia más notable entre los 32 es que, a diferencia de la mustiedad eufemística y simuladora de prácticamente todos los suspirantes de candidaturas a salarios públicos bien reenumerados, todos los comentarios de esos ciudadanos guerrerenses fueron netos y sinceros en su calentura preelectoral.
Claro, la calentura no parece tan febril como para convertir la inconformidad cómoda y pasiva de una comunidad virtual, en la inconformidad incómoda y activa… ya no digamos proactiva y comprometida, de la protesta callejera o la acción afirmativa.
Por eso decía don Memo Shakespeare: “To be or not to be, that is the question”. Ser o nomás parecer, ergo… no ser. Por eso, con estilos menos literarios, las preguntas de muchos no son hacia adentro, sino hacia afuera: “¿Quién comienza? ¿A quién se sigue? ¿Qué y cómo chingaos se hace?”.
Si de por sí a los mexicanos se nos atoran, sean o no engorrosos, burocráticos, lentos y complicados, los trámites, requisitos, plazos y procesos relacionados con autoridades y gobiernos, en su mayoría cotidianos, normales y/o conocidos, se entiende un atoramiento mayor en los relacionados con la participación ciudadana, derechos de petición, audiencia, información, iniciativa y debate político.
Qué flojera. Luego. Pa’ qué. Si ni hacen caso. Luego hay represalias. El horno no está para virotes, y un bonche más de buenas y malas razones, motivos y argumentos pa’ responder que not, a la question de to be or not to be.
La bronca del not to be para los ciudadanos de a de veras en una sociedad verdaderamente democrática, es que en lugar de de que el no ser nos ahorre, proteja, beneficie, ayude, convenga o aliviane las vidas económica, laboral, comunitaria, familiar, personal y nacional, todo lo contrario.
Entonces, not being y criticar y elogiar, rechazar y aceptar, abuchear y ovacionar, partidos, grupos y candidatos en la lucha electoral, para lo único que sirve es para bajarnos esporádicas calenturas electorales.




