Anituy Rebolledo Ayerdi
Acapulqueños XIII
Lástima que no haya habido en 1938 un michoacano que le advirtiera al presidente Cárdenas que su decisión, “lamentable y muy poco racional,” no serviría de nada a los mexicanos.
Los lectores primero
De: [email protected] Para: [email protected]
“Por este medio le envío mi respetuoso saludo y me tomo el atrevimiento de comentarle que su columna la he seguido desde el año de 2006”.
“Me gusta empaparme de historias y anécdotas del viejo Acapulco, de sus habitantes, de sus lugares que ya no existen, y de todo lo referente al viejo Acapulco.
“Sólo que últimamente su aportación “Acapulqueños”, no trae información rica en recuerdos, es más siento a mi más respetuosa observación, que está haciéndola como una columna social.
“Esperando ver pronto nuevamente esas columnas con información que me hizo esperar semana con semana
“Le envío felicitaciones y gracias por todo lo que nos ha aportado a los jóvenes que no pasamos de los 90. Saludos”. Atentamente, Cristhian Anubis Zárate.
¿Qué decir ante una apreciación personal tan contundente? Lo único que se nos ocurre es ofrecer al amable lector que pronto volveremos al redil, no sin agradecer vivamente comentarios tan generosos. Una duda, Cristian: ¿jóvenes que no pasan de los 90 años o jóvenes nacidos en los años 90? Saludos.
Sirenas de Acapulco
Así se llamó el club nacido en 1941 y que ha sido sin duda el grupo femenino por antonomasia del puerto y cuya vida se prolongó por lo menos durante tres décadas. Mujercitas respondiendo todas ellas con gran fidelidad a la reiterada definición de nuestro José Agustín Ramírez: “acapulqueña linda, linda acapulqueña”. Autoras por lo demás de las fiestas más rumbosas de la “sociedad al nivel del mar” (como definía en Trópico el colega Efrén García Guillén), particularmente las tradicionales posadas de fin de año. La anhelante elección del soiré se iniciaba con mucha anticipación dado el cúmulo de trabajo de las modistas locales. No faltaban, sin embargo, las damas que hacían viaje especial a la ciudad de México para hacerse de vestidos, zapatillas y todo lo demás de última moda.
A propósito, todas ellas estaban atrapadas en el “nuevo aire” de la moda soplado desde Francia por el afamado Cristian Dior. Se trataba básicamente de recuperar las formas femeninas, escondidas por escasez de telas durante la Segunda Guerra. El gurú galo de la aguja y el dedal verá cumplida su orden de marcar la cintura, el pecho y particularmente las caderas. Entonces, las faldas alzarán el vuelo y lucirán más largas. No por puritanismos trasnochados sino porque, para monsieur Dior, la rodilla de mujer era poco o nada estética. Y peligrosa, anota el escribidor, particularmente cuando se dirige violentamente hacia salva sea la parte.
Las fiestas de las Sirenas eran sin duda el acontecimiento social del año, esperado por todas y todos. Independientemente de que la diversión estaba asegurada, significaba para ellas y ellos la oportunidad dorada de ligar pareja. Si guapa y rica, mejor; si guapo y trabajador, requetebién. Un joven en edad de merecer que no recibía invitación para tales festejos, tenía la opción única de ingresar a un convento o a la milicia, convencido de su condición de fantasma acapulqueño. No existía, pues.
La posada del 46
Gracias a memorias blindadas contra el Alzheimer –las de Gloria de la Peña y Arturo Escobar–, hoy aquí podernos reseñar algunas posadas de las Sirenas de Acapulco, la primera distante más de medio siglo. La celebración se dio el 16 de diciembre de 1946 en los salones del hotel Bahía, cuyas puertas se abrieron por primera vez en esa fecha.
La orquesta fue “traída” de la ciudad de México y tal conjunto respondía a una rancia tradición política y musical. Se trataba de grupo orquestal del maestro Miguel Lerdo de Tejada, hijo del fundador de la célebre Típica de la Ciudad de México, bisnieto de don Sebastián de los mismos apellidos, presidente de la República primero cubriendo el interinato por el deceso de don Benito Juárez y luego electo (1872-1876).
(Huyendo de la furia oaxaqueña encarnada en Porfirio Díaz, abanderado por entonces de la ¡No Reelección!, el presidente Lerdo de Tejada, reelecto en un proceso poco transparente, se embarca en Puerto Marqués (Acapulco), con rumbo al exilio estadunidense. Al trepar al barco hace el juramento solemne de “no volver nunca más a la patria bendita mientras esté avasallada por el pérfido oaxaco”. Pero apenas el juramentado muera en Nueva York, el viejo lépero le jugará una mala pasada. Dispondrá la repatriación de sus despojos, a los que dedicará solemnes honras fúnebres y un mausoleo en la Rotonda de los Hombres Ilustres.
–“¿No que no volvías, cabroncito?”–, musita Díaz al colocar una corona de azucenas en la tumba de un enemigo menos).
Glenn Miller
Aunque el músico estadunidense Glen Miller había muerto dos años atrás en los frentes de la guerra europea, sus temas seguían haciendo bailar a los jóvenes de medio mundo. Los acapulqueños no eran la excepción. Dominaban el swing como las mejores del otro lado. Y ahí tiene usted revoloteando las faldas amponas y las valencianas marineras con Patrulla americana, Jarrito pardo, Chatanooga choo-choo y Tijuana taxi. Llegada la hora de raspar (el piso, se entiende), no faltaban Serenata a la luz de la luna, Collar de perlas y Rapsodia en Azul.
Una curiosidad: Miller tituló una pieza con el número telefónico del hotel de Manhattan donde se hospedaba –Pensilvania 6-5000–, que se conserva vivo hoy mismo por si el músico quisiera comunicarse desde el más allá.
La posada
Aquella noche decembrina de 1946, las Sirenas de Acapulco lucieron más hermosas que nunca: Eloísa Soberanis, Nila Gómez, Elo Batani, Rufina Sierra, Albertina Fares, las hermanas Aragón: Altagracia, Amalia y Andrea; Julia Polin, Amparo Valverde, Beatriz y Dola Schekaiban, Noelia Romero, Estela Aguirre, Malicha Carmona, María de los Angeles Trani, Concepción Berdeja, Cristina Cadena, Elena Muñúzuri, Guadalupe Batani, Herminia López, María Luisa Medina, Matilde Sabah, Noelia Romero, Nora Sabah, y Rafa Alarcón
Sería indiscreto, incluso para un cronista de sociales como Arturo Escobar, especular sobre las acapulqueñas que aquella noche “lazaron novillo”.
Un año más tarde, la fisonomía serrana del puerto tendrá un nuevo elemento que todavía la acompaña: el hotel Casablanca. Su compañero Del Monte ya era viejo entonces. En las playas el servicio de salvavidas se había iniciado en 1932, pero será en este 1946 cuando reciban capacitación profesional. Para ese efecto, los nadadores asistirán a un curso de cuatro meses en la ciudad de México: Teodoro Aguirre, Andrés Tobías, José Díaz, Ramón López Rodríguez, Jesús Serrano, Manuel Muñiz, Adolfo y Luis Palma y Adolfo Soberanis.
La Posada del Tostón
Elo Batani, Elenita Avellaneda y Magos Arrieta, serán las dirigentes del Club Sirenas de Acapulco cuando se cumpla el medio siglo acapulqueño. A ellas corresponderá, por supuesto, organizar la posada de 1950 y lo harán en el hotel de las Américas, casi en la punta de la península de Las Playas y estrenando acceso. El carnet musical, como se decía, estuvo a cargo de Los solistas de Fernando Vilchis y la marimba orquesta de los Hermanos Barrientos. Costragrandinos, ellos.
Esa noche no faltaron los éxitos del momento: Amorcito corazón (faltaría más), Sin ti, Corazón, Por qué negar, Quinto patio, Sin un amor, Contigo y desde luego la música guapachosa llegada de Cuba.
Las atenciones para los invitados estuvieron a cargo de Amparo Batani, Adelita Trani, Alicia del Río, Angélica Salgado, Toñita Romero, Carmen Canto, Celia Garay, Gloria de la Peña, Hilda Solís, Nila Gómez, Leticia Salgado, María Elena López, Elba Orbe, María Luisa Carmona, Tere Peña, Carmen Sánchez, Margarita Muñúzuri, Matilde Muñúzuri, Oliva Romero, Matilde Sabah, Otilia García, Reina Aguirre y Rufina Sierra.
La Costera
Al recién terminado paseo en torno a la bahía la gente la llama simplemente Costera, eludiendo el nombre dispuesto para ella por el presidente de la República: don Nicolás Bravo. Uno de aquellos días, los periódicos locales uniforman sus cabezas principales demandando “que la Costera lleve el nombre de su constructor”. Así lo demandan los acapulqueñas, sostiene. Y Miguel Alemán se llamará.
Al final del paseo, en Caleta, el bajacaliforniano Óscar Muñoz Caligaris, ex empleado del hotel El Mirador, casado con la acapulqueña Carmen Vidales, estrena el suyo propio. Lo bautiza Boca Chica, por estar cerca de ella (la boca grande es la entrada a la bahía), y hoy mismo la hospedería vive su segundo aire. A un ladito, empiezan los trabajos de recuperación de la casa del islote de Caleta, expropiada por el presidente Alemán a la viuda de Maximino Avila Camacho. La residencia ha tenido destinos variados y actualmente se proyecta ahí el acuario con el que los acapulqueños soñaron y siguen soñando. Forma parte del rescate integral del Acapulco Tradicional, en el que está empeñado el gobernador Aguirre Rivero.
Los 17 años del club
Teté Castillejos, Violeta Avayou Gómez y Tere Gutiérrez Zertuche dirigían a las Sirenas cuando el club cumple su aniversario número 17 y celebran el fasto con un baile el 15 de agosto de 1958, en el hotel Papagayo. Ameniza la famosa orquesta de Ismael Díaz.
El creador de un ritmo tropical llamado El Tepo, que nunca pegó, hará bailar a la concurrencia con piezas como Obsesión, Nocturnal, Que seas feliz, Carioca y Mulatas del cha cha cha. Todas contenidas en su disco Luna de miel en Acapulco. La orquesta alternante fue la del acapulqueño Teddy Vargas, quien atendía durante el día su expendio de periódicos y revistas en la calle Carranza. Chócoro, como también se le conocía, adopta el nombre artístico de Teddy cuando se entera de que su colega suizo Teddy Stauffer, se llama Teodoro como él.
Ya para entonces será famosa la música de la orquesta californiana de Everett Hoagland, exclusiva del cabaret Ciro’s del hotel Casablanca, repertorio bautizado con el sugerente título de “luces tenues, música suave”. Aquella noche sirenaica se desgranaron algunos de sus temas: Te llevo dentro de mí (única pieza con la que el escribidor reta y derrota a su ¡p… ciática!), Por razones sentimentales, Todo o nada, Luna azul, Bailando en Ciro´s, Romance en Ciro´s y Medianoche en Ciro´s.
Hay para entonces nuevas y guapas Sirenas: Chabela Robles, Irma Pano, Lourdes Montano, Tere Barney, Margarita Juárez, Ramona García, María Elena Barney, Rosario Gómez Vela, Xóchilt Alberti, Enriqueta Sánchez, Delia Lozano, Estela Juárez, Gela García Lobato, Candelaria Muñúzuri, Carmen Ardura, Hilda Pineda, Reina Aguirre y Margarita Arrieta. Por cierto, ninguna de ellas manifestará cansancio para empezar a organizar la tradicional posada de ese fin de año.
La posada del 61
Guerrero acaba de vivir una de sus más severas convulsiones política, el gobernador Caballero Aburto ha sido defenestrado y lo mismo le ha pasado al alcalde de Acapulco, periodista Jorge Joseph Piedra. Los han sustituido el ministro de la Corte Arturo Martínez Adame y el litigante Canuto Nogueda Radilla, respectivamente.
Eso a las Sirenas les preocupa muy poco dedicadas como están a preparar su fiesta para culminar 1961. Las dirigen Margarita Arrieta, Delia Adame y Enedina España. Una orquesta local hará bailar a las parejas en las terrazas del hotel Majestic (encendido semejaba una máquina de escribir y así le decían los acapulqueños).
Ahí estuvieron obsequiando sonrisas, piezas de música y recuerdos costeadas por ellas mismas, las siempre guapas Yolanda Batani Cabrera, Ana María Morlet, Rocío del Río, Violeta Avayou, Laura Caso, Bertha Betancourt, Gela García Lobato, Carmen Pintos, Celia Robles, Delia Lozano, Elizabeth Lugo, Estela Juárez, Lupita Mejía, Graciela Sánchez, Hilda Pineda, Irma Berdeja, Leticia Gurrrola, Magdalena López, Ramona García, Rosa Maía España, y Thelma Arrieta.
O tempora o mores.




