Jorge Camacho Peñaloza
La ciudadanía, el verdadero soberano
*El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes. Marco Tulio Cicerón.
España tiene como régimen de gobierno a una monarquía democrática parlamentaria, concepto que en teoría podría entrañar algunas contradicciones entre lo antidemocrático del procedimiento que define a quien será el rey, que depende de la decisión del rey mismo por razones consanguíneas, y la participación ciudadana que supone la conformación de una democracia parlamentaria.
El pasado lunes el rey Juan Carlos I abdicó al trono de España, renunció pues, generando de inmediato la irrupción de un amplio sector de ciudadanos y ciudadanas españolas para demandar una consulta real que defina si continúa o desaparece la figura de la monarquía en su sistema de gobierno, demostración ciudadana que contrastó con el dedazo del rey para designar a su vástago Felipe como sucesor aunque para ello el Parlamento español deba promulgar una ley de abdicación y sucesión del reinado.
Los ciudadanos españoles que demandan la desaparición de la figura del monarca en su régimen de gobierno obedece a que el rey de España es el jefe de Estado y funge como árbitro entre las instituciones y poderes de este país, y no fue elegido por la voluntad ciudadana, sino que llega a ese cargo por razones consanguíneas y de tradición histórica, contando con un presupuesto que sale del bolsillo de los ciudadanos españoles.
En Siria, país que vive en una guerra permanente desde hace algunos años entre el gobierno y grupos inconformes, se llevaron a cabo las elecciones en las que volvió a resultar electo Bashar al Asad, cuadro también contradictorio entre el aniquilamiento entre contrarios y la supuesta actitud cívica y civilizada del proceso electoral en el que participan los ciudadanos afines al régimen.
Ese mismo día en México, en la ciudad de Puebla, empezaba la segunda Cumbre Ciudadana por los Derechos y Libertades en el que de acuerdo con sus organizadores tuvo una agenda común entre más de 300 organizaciones ciudadanas respecto a 11 temas como democracia y participación ciudadana, derecho a la alimentación, economía y emprendimiento social, educación de calidad, fortalecimiento de las ONG, inclusión social y cohesión comunitaria, migración, salud, seguridad ciudadana, justicia y derechos humanos, transparencia y rendición de cuentas y trata de personas, con los cuales pretenden incidir en las políticas públicas.
En Guerrero tenemos una ciudadanía que cada vez más reclama su lugar en el régimen político o de gobierno, y no podría ser menos dado que se trata de una figura de primerísimo orden para la conformación del sistema político, las instituciones y de la política misma, pues la ciudadanía es la fuente originaria del poder político, de la soberanía y voluntad que solo es conducida por los políticos a quienes elige para tal fin.
Guerrero requiere de una ciudadanía fuerte, actuante y participante a la que se le abran canales y puertas a su participación y supervisión de las acciones de gobierno, de los tres poderes, so pena de continuar en la contradicción de tener gobernantes que se dicen cercanos a la gente y movimientos que se lanzan a la calle hasta armados argumentando que el gobierno no resuelve la inseguridad y la justicia.
Tengo la certeza de que las soluciones a los problemas de Guerrero y el país están en la ciudadanía, porque como decía Francisco I. Madero, sólo con una buena ciudadanía habrá un buen gobierno, porque sólo gobernando con y por la ciudadanía se podrán tener gobernantes y servidores públicos más eficientes, honestos, democráticos, transparentes y calificados.
Considero a la ciudadanía como una importante fuente de soluciones a los problemas públicos y de gobierno, más allá de ser beneficiarios de los programas públicos y portadores del sufragio efectivo.
A Guerrero le hace falta un diálogo entre ciudadanos y gobernantes más estrecho, organizado y fructífero que sólo se va a dar en la medida en que haya interés entre ambas partes y se establezca una agenda de trabajo entre ciudadanía y gobierno.
La ciudadanía tiene tanta responsabilidad como los gobernantes, pues se trata de que los gobernantes conduzcan los asuntos públicos y que la ciudadanía conduzca a los gobernantes, incluidos los tres poderes.
No puede haber asuntos públicos sin la conducción de los gobernantes ni gobernantes sin la conducción de la ciudadanía, si esto no se da en nuestro régimen de gobierno vamos a continuar viendo calles invadidas de inconformes, carreteras y autopistas bloqueadas, grupos de ciudadanos armados para su autodefensa, policías coludidos con el crimen organizado, servidores públicos corruptos e ineptos.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A toda la paisanada que vámonos organizando para hacer una cumbre ciudadana, pa’que podamos decir que en Guerrero la ciudadanía es primero.




