Jaime Castrejón Diez
La interlocución
Mucho se comenta que lo que ha faltado al actual gobierno es tener interlocutores que logren mediar con los distintos factores de la gobernalidad. Es necesario darnos cuenta que sin ciertos consensos o aproximaciones será difícil que se den las grandes transformaciones que se prometieron durante la campaña política que se llevó a la alternancia y abrió el camino a la transición. Después de la euforia de la alternancia comienza a haber un cierto desencanto por que no se sienten los resultados del cambio y se ha entrado en un letargo peligroso.
Esta interlocución ha sido estudiada por muchos intelectuales y fue motivo de estudio por una de las comisiones del Club de Roma y publicado en forma de un libro con el sugerente título Los límites de la Cohesión Social. De los distintos casos de países estudiados, Peter Berger hace una interesante relatoría.
Berger considera que la mediación ha sido, a través de la historia, el mecanismo por el que se han logrado equilibrio sociales y políticos. El ve tres tipos de mediación posibles: la mediación imperativa, la pragmática y la dialógica. La primera es la autoritaria, cuando se tienen los mecanismos de coerción y se llegan a equilibrios que aún cuando son forzados logran sus objetivos. Esta es la mediación que vivimos por 70 años durante un régimen autoritario sin división de poderes. Era expedito, lograba mantener la gobernabilidad, pero era un sistema que se tenía que renovar para mantenerse viable como país, en un mundo que cada vez más se aleja del autoritarismo y que es más competitivo y quiere de ciudadanías activas.
La mediación pragmática es la clásica, es el dar algo a cambio de algo. Este tipo de interlocución se ve frecuentemente en los regímenes parlamentarios, cuando para obtener una mayoría con capacidad de gobernar se buscan a otros actores y se adecuan las plataformas políticas para que sean aceptables a todos los participantes, al mismo tiempo que se ceden importantes posiciones de gobierno para lograr consolidar un gobierno; esta es la forma en que dos fuerzas políticas pueden cogobernar. Esto funciona mientras no exista una situación que los divida y que haga imposible mantener la coalición, cuando esta se rompe es necesario rehacer alianzas y formar un nuevo gobierno.
La tercera forma de mediación es la dialógica, que es en realidad el ideal de esta relación. Se trata de una forma directa de abordar los problemas y buscar soluciones a base de ser creativos y buscar nuevas soluciones a viejos y nuevos problemas. Es un estilo de relación que tiene que dejar atrás viejos prejuicios y actitudes. A diferencia de la pragmática que dura un corto tiempo, tiene mayores alcances, se buscan soluciones de fondo a largo plazo.
¿Cuál mediación se ha dado a partir de la alternancia? Obviamente ya no cabe la mediación imperativa, que era lo que en el lenguaje político se conocía como “la línea”, y que por su misma naturaleza no aceptaba la división de poderes. La dialógica se hizo imposible por las circunstancias de los partidos, el ejecutivo no tenía los números para “tirar línea” y los partidos viendo la falta de mayoría se fueron por la libre y se dio la parálisis política que fue la consecuencia de la falta de meditación. Las circunstancias dejaron sin interlocutores al sistema y estamos viendo sus consecuencias.
¿Es posible todavía una mediación pragmática? Creo que los partidos y los líderes políticos debieran contemplar esta opción. La crisis en Sudamérica pueden ser contagiosas, ya vimos el problema político social de Argentina y parece que Uruguay y Brasil se están contaminando.
La idea de una tregua política y un pragmatismo real debiera ser considerada como una alternativa de supervivencia de todos los partidos. Un colapso económico o político o un estallamiento social destruye a todos los partidos. ¿Qué pasaría si hubiera elecciones y nadie fuera? ¿Qué pasaría si la gente se desespera por la falta de cambio y abandona su participación política? La gente está hasta de sus políticos y no h ay mercadotecnia o doctrina política que frene esta tendencia. El país puede sufrir, pero también la clase política.




